El populismo de Vox y su influencia en el debate parlamentario sobre el coronavirus

Los científicos sociales hemos analizado de forma sistemática las consecuencias políticas de grandes shocks externos, como fueron la Gran Depresión de los años 30 o la Gran Recesión iniciada en 2008, por citar un par de ejemplos económicos; pero también el efecto devastador de desastres naturales o, incluso, por mencionar un caso curioso, las repercusiones que, para las elecciones presidenciales estadounidenses celebradas en 1916, tuvieron una serie de ataques de tiburones en la costa de Nueva Jersey.

La pandemia global del coronavirus no ha quedado fuera de nuestras investigaciones. Por ello, fueron varios los colegas que tempranamente empezaron a dibujar los efectos que las medidas adoptadas (por lo general, de confinamiento) habían tenido sobre la confianza en gobiernos e instituciones, así como con la satisfacción con la democracia. En este sentido, mientras que algunos trabajos han detectado un aumento en esos niveles de satisfacción, derivados de las respuestas políticas a la grave crisis sanitaria, otros han señalado justamente lo contrario: un incremento en la demanda de líderes más fuertes, la disposición de los ciudadanos a renunciar a su libertad individual y, en general, una creciente preferencia por gobiernos técnicos e, incluso, de tintes autoritarios.

Del mismo modo, varios fueron quienes se preguntaron cómo la pandemia podía terminar con el auge populista que se ha experimentado en los últimos años. Así, pese a que algunos analistas apuntasen con premura que la pandemia podía dañar seriamente la credibilidad e intención de voto a muchos partidos y movimientos populistas, lo cierto es que poco o nada ha cambiado con la Covid-19, y el ‘fin’ de la ola populista está lejos de producirse.

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En este sentido, a nuestro juicio, resultaba particularmente interesante analizar cómo una crisis como la del coronavirus, con graves consecuencias sanitarias, económicas y sociales, podía afectar al debate político en España. Lo que interesaba particularmente era comprobar hasta qué punto el discurso de la nueva fuerza política en el Congreso de los Diputados, Vox, había podido cambiar las dinámicas parlamentarias, y hasta qué punto su discurso, presuntamente de derecha radical populista, ha podido evolucionar o calar en otras formaciones políticas.

Nos propusimos, así, medir los niveles de populismo presentes en sus intervenciones en el Congreso, a causa de las sucesivas prórrogas que tuvieron que concederse del estado de alarma (del 25 de marzo al 3 de junio) y compararlos con otros discursos y textos de Vox anteriores a la pandemia, para ver si este shock externo había tenido algún impacto significativo. En nuestro análisis de contenido, diseccionamos el concepto de populismo en cinco dimensiones que sintetizan las definiciones de los principales autores en la materia, como Berlin, Canovan, Laclau y Mudde:

  1. Antagonismo: representación maniquea y antagónica de los actores políticos y sociales (nosotros contra ellos) y llamadas a cambios radicales en el sistema.
  2. Moralidad: establecimiento de una jerarquía moral entre los actores, descalificaciones y ataques ad hominem para deslegitimar al adversario político.
  3. Sociedad: descripción idealizada y anti-pluralista del pueblo, énfasis en la homogeneidad dentro del grupo y en la diferencia con el otro.
  4. Soberanía: ausencia de límites para la voluntad popular y preferencia por herramientas de democracia directa como referendos o movilizaciones masivas.
  5. Liderazgo: el líder da voz al pueblo y encarna sus intereses. Su relación con ese pueblo no tiene por qué estar mediada por partidos, parlamentos u otras instituciones.

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Para tener una referencia a la hora de evaluar la intensidad y naturaleza del discurso populista de Vox, hemos medido usando los mismos criterios el discurso de las principales formaciones en el Congreso: Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Unidas Podemos (UP), Partido Popular (PP), Ciudadanos (Cs) y Esquerra Republicana de Cataluya (ERC). Lo que podíamos esperar encajaría con alguna de estas dos ideas: o un proceso de asimilación del discurso de Vox, sobre todo por parte de los partidos de oposición, o justamente lo contrario: un distanciamiento de la formación de Santiago Abascal.

Resulta particularmente interesante mostrar cómo la intensidad y peso relativo de estas cinco dimensiones populistas evolucionan en Vox a lo largo de tres escenarios diferentes: en precampaña, midiendo el programa electoral del partido; en el discurso mantenido tras los comicios generales, concretamente el pronunciado en la sesión de investidura de Pedro Sánchez; y, finalmente, en los turnos de intervención de Santiago Abascal durante los estados de alarma. La Figura 1 muestra la densidad de referencias populistas por cada 1.000 palabras y sirve para ilustrar dos fenómenos: (i) mientras que en el programa electoral las alusiones a una sociedad idealizada basada en una lógica de exclusión y protección de cultura e identidad son el ítem populista con mayor peso, esta dimensión se encuentra en un tercer plano tanto en el discurso de la sesión de investidura como en las intervenciones de la pandemia; (ii) las alusiones y descalificaciones moralistas son, seguidas de las referencias antagónicas, las más frecuentes en todas las intervenciones tanto en el debate de investidura como en las del estado de alarma.

En sus discursos sobre el estado de alarma, Abascal combina recurrentemente referencias morales y antagónicas, buscando deslegitimar a los adversarios parlamentarios. No sólo en el número de referencias, sino también en el tono, se puede observar una intensificación de la estrategia de confrontación por parte de Vox en torno a la pandemia.

“Pero, si decide continuar, le repito la exigencia: cese de inmediato al señor Iglesias, al ministro de Sanidad, al responsable de emergencias y destituya a los separatistas en la Generalidad, que son del mismo partido de los que se han reído de nuestros muertos».

Abascal, 25 de marzo

“No vamos a quedarnos sentados en nuestras casas; animaremos a las movilizaciones y enarbolaremos nuestra bandera, ésa que ustedes han arrojado al suelo y ésa que pisotean sus socios, y no vamos a callar ante su colaboración con los narco-dictadores comunistas, con los multimillonarios progres y con ETA”.

Abascal, 3 de junio

Es importante destacar también la trayectoria observada puesto que, como muestran las figuras 2, 3 y 4, no es sólo Abascal quien, en sus discursos, incluye cada vez más referencias populistas, sino que otros partidos aumentan también significativamente la densidad de ese tipo de alusiones entre las sesiones parlamentarias inicial (25 de marzo) y final sobre el estado de alarma (3 de junio). Una investigación reciente llevada a cabo en Alemania demuestra que, con la llegada de políticos pertenecientes a la derecha radical, los representantes de las otras formaciones reaccionan a sus discursos en el Parlamento mediante mensajes positivos en lugar de negativos. Para el caso español, y para el periodo de tiempo seleccionado, los resultados no terminan de respaldar los hallazgos de dicho estudio. En particular, es notable la evolución de los discursos del líder del PP, Pablo Casado, y del portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, donde las alusiones populistas (fundamentalmente moralidad y antagonismo) aumentan en más de un 214% y 229%, respectivamente. Frente a este cambio, se puede observar una trayectoria mucho más estable tanto en Ciudadanos (Cs) como en el PSOE, así como en el grupo parlamentario de Unidas Podemos (UP).

Si los datos de Vox son llamativos, no lo son menos los de UP. De hecho, sus cifras son casi idénticas en la cita del 25 de marzo, aunque se mantienen constantes en las del 3 de junio. Es reseñable la carga moral relativa en los discursos de este grupo parlamentario que actualmente forma parte del Ejecutivo, aunque no completamente sorprendente dado que UP suele ser clasificado como un partido populista en la mayoría de estudios. Del mismo modo, ERC destaca por el mensaje antagonista (7,49) del 3 de junio y por protagonizar, como en el caso del PP, un gran giro populista del 25 de marzo al 3 de junio.

Cabe señalar dos aspectos adicionales. Primero, que aunque la densidad de referencias populistas es mucho menor en los discursos de Cs y PSOE, ninguno de los discursos está completamente exento de estas alusiones. Además, es importante tener en cuenta que, en textos largos, como la intervención del presidente del Gobierno o los programas políticos, en general, la densidad de referencias populistas suele ser menor que en textos cortos.

Los datos aquí mostrados son particularmente interesantes porque señalan tendencias que, hasta el momento, no conocíamos. Por un lado, destacan que, en momentos de crisis mayores como la que estamos viviendo actualmente, los partidos populistas pueden reforzar la carga ‘antagonista’ y ‘moralista’ para enfatizar una estrategia de confrontación directa, dejando en un segundo plano otro tipo de alusiones populistas a la soberanía del pueblo o a un modelo excluyente de sociedad, que pueden tener más protagonismo relativo en sus programas electorales y en otros contextos. Por otro, este tipo de estrategias influye directamente al resto de partidos; en este caso particular, parece haber incidido en la estrategia parlamentaria de la fuerza principal de oposición, el PP, que decidió sumarse a la retórica moralista de Abascal.

En fin, creemos que esta línea de investigación, que mide la intensidad y variedades de los discursos populistas, puede ayudarnos a comprender mejor la evolución de las dinámicas políticas en España. Aunque estas hipótesis deben ser corroboradas en futuros análisis, de los datos presentados se puede extraer que, frente a la unidad y cohesión de las fuerzas políticas para luchar contra el virus, la respuesta de algunos líderes, al menos desde el punto de vista dialéctico en la Cámara de Representantes, ha sido de confrontación y deslegitimación del adversario. En parte este efecto de contagio representa un éxito para Vox, cuyo recurso a las descalificaciones populistas ha podido buscar, precisamente, provocar un clima de tensión en la Cámara. Sin embargo, las intervenciones de Cs y PSOE demuestran que también es posible evitar esta espiral de confrontación retórica populista.

(Esta investigación es parte del proyecto ‘Interdisciplinary Comparative Project on Populism and Secessionism’, financiado por el Programa de Atracción de Talento Investigador de la Comunidad de Madrid)

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