El talón de Aquiles de las economías emergentes frente al ‘Covid-19’

La diseminación de la pandemia de coronavirus ha golpeado de múltiples maneras a los países emergentes, cada uno de esos golpes de forma más violenta y más profunda que el anterior. Lo que fue en un principio un impacto circunscrito a los países integrados a las cadenas de valor con centro en China (o vinculados a ésta), se ha expandido hasta modificar las relaciones sociales de producción (para usar una vieja frase de Marx) en los países centrales y en los periféricos, y estos sobrellevando un choque aún mayor.

Los primeros grandes impactos han venido del lado financiero. Desde el mes de febrero se aceleró una salida de capitales sin precedentes de los países emergentes. En el lapso de un mes (entre febrero y marzo) salieron USD 78 mil millones. A modo de comparación, en los noventa días posteriores al 8 de septiembre de 2008 (el estallido de la crisis financiera global de ese año) se retiraron USD 26 mil millones, según el Institute of International Finance. Los inversores se desprendieron principalmente de acciones bursátiles, y en segundo lugar de bonos. Como consecuencia, los tipos de cambio en países emergentes se han depreciado en muchos casos a mínimos históricos. Tal es el caso en Brasil (donde el dólar superó el valor de los 5 reales), Chile (el dólar llegó a 880 pesos), México (24 pesos), India (75 rúpias), Indonesia, etcétera.

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Al aislamiento de los flujos de capitales hay que sumarle la caída en el precio de los commodities, principales productos de exportación para muchos de estos países. El precio del petróleo cayó a mínimos de los últimos 20 años. El cobre cayó un 24% desde comienzos del año. La soja tocó mínimos de 10 meses, con una caída acumulada en el año del 10%, y así muchos otros productos primarios. O sea que adicionalmente a la salida de capitales, los países emergentes enfrentarán menores ingresos por exportaciones, tanto por caída de precios como por la caída en la actividad económica mundial, y por la caída del turismo mundial.

El impacto del aislamiento externo se agravó a medida que se expandió la pandemia. Las medidas que fueron implementadas en China, Italia, Francia, España ya están llegando de manera más o menos fuerte a los países en desarrollo. En lo que hace a América Latina, Argentina acaba de imponer el aislamiento social obligatorio. Esta medida limita al mínimo el movimiento social. Chile avanza hacia medidas similares. Muchos gobernadores brasileros también limitaron el movimiento. Casi todos los países cerraron sus fronteras.

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El aislamiento doméstico impactará duramente sobre las economías, tanto en los países más avanzados como en los subdesarrollados. La caída del consumo y de la inversión serán muy fuertes, probablemente alcanzando niveles históricos. Sin embargo, los países subdesarrollados cuentan con un problema adicional: el fuerte peso del sector informal en sus economías. ¿Por qué esto es un agravante? La paralización de la economía afecta tanto a los sectores formales como informales. Pero los segundos tienen niveles de ingreso muy por debajo de los primeros, y además se encuentran en una situación de vulnerabilidad mayor. Trabajadores precarizados, cuentapropistas, freelance, “changarines”, vendedores ambulantes, trabajadoras de servicio doméstico y un largo etcétera. La limitación de movimiento por un lado les baja la demanda. Por otro lado, les impide llegar a sus trabajos o desplazarse. De hecho, ese es el objetivo de las medidas. Y la situación de informalidad dificulta el acceso a eventuales subsidios o paliativos estatales, por manejarse en muchos casos fuera del sector bancario. Tampoco acceden a los subsidios para empresas. En definitiva, de no mediar innovaciones en las políticas públicas, es un significativo sector de la población que queda excluida de las medidas de alivio que pueda implementar el gobierno. Hay que notar además el claro sesgo de género que tiene el impacto de esta crisis, al recaer el cuidado de los menores y los mayores principalmente sobre las mujeres.

En definitiva, inicialmente el impacto del COVID-19 sobre países emergentes operaba mediante la caída en los tipos de cambio y en los volúmenes de exportación. Pero cuando la pandemia se hizo presente en estas economías, las consecuencias de las medidas implementadas se potenciaron con las limitaciones impuestas para combatir la expansión del virus. Las caídas en la actividad económica serán muy significativas. Y dada las estructuras laborales y productivas de estos países, los gobiernos deberán agudizar el ingenio para evitar que los sectores más vulnerables puedan sobrellevar esta situación.

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