El voto a partidos populistas de izquierda en España

Aunque el término populismo tiene gran recorrido histórico, su uso se ha acentuado con fuerza en los últimos años. Mientras que en el debate público la palabra se utiliza con frecuencia como sinónimo de demagogia, y no con menos frecuencia como insulto, los investigadores en Ciencias Sociales tienen la obligación de dotarla de un contenido más acotado. A pesar de que las controversias se mantienen, en la disciplina de Ciencia Política existe un acuerdo cada vez mayor respecto a los componentes mínimos del populismo. Entendido como discurso político, como estrategia, o como ideología, se define con frecuencia en torno a dos elementos nucleares: una crítica a la élite (anti-elitismo) y una visión positiva del pueblo (la gente común), que es considerado como un grupo homogéneo (pueblo-centrismo). La distinción entre élite y pueblo se reviste de connotaciones morales, lo que la dota de un contenido particular.  

La mayoría de los estudios politológicos publicados hasta el momento busca comprender la naturaleza del populismo como constructo teórico, identificar qué partidos y líderes pueden ser considerados populistas, descubrir qué hace que el discurso populista resuene con más fuerza en determinados individuos y, unido a esto último, explicar el éxito electoral de sus partidos.

En este sentido, es importante considerar que el populismo rara vez articula por sí mismo como una plataforma electoral. Por eso encontramos partidos populistas que despliegan discursos muy diferentes en temas como la redistribución económica, la inmigración, los valores tradicionales o, incluso, la relación con la Unión Europea. La distinción entre partidos populistas de derecha y de izquierda es de utilidad para apreciar algunas de estas diferencias esenciales. Los de derecha tienden a utilizar definiciones excluyentes de quién forma parte del pueblo, basándose en componentes nativistas (fuertemente asociados a discursos anti-inmigrantes). Los de izquierda, a definir al pueblo en términos más inclusivos, utilizando para ello criterios económicos (la gente humilde o que pasa por dificultades económicas). 

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Lo que evidencia esta separación es que los votantes que apoyan a los partidos populistas pueden hacerlo por varios motivos. Un individuo puede hacerlo bien porque se ve reflejado en su manera de entender la relación entre élite y pueblo, o bien porque está de acuerdo con la ubicación del partido en otras dimensiones de competición. De especial importancia, en este sentido, es la ubicación del partido en el tradicional eje izquierda-derecha (basado en la redistribución y la intervención del Estado en la economía) y en su posicionamiento en términos culturales (el también llamado conflicto autoritario-libertario). Por tanto, la pregunta que surge es si un individuo con actitudes populistas es más propenso a votar por cualquier partido de este espectro, o si esto sólo sucede en la medida en que se sienta cerca de la formación en las dimensiones de conflicto económico y cultural. 

Una forma interesante de responder a esta pregunta es recoger datos de un país en el que los ciudadanos tengan fuertes actitudes populistas y en el que únicamente exista un partido con este rasgo. En este contexto, tenemos ciudadanos con actitudes populistas repartidos a lo largo del espectro ideológico, pero sólo para un segmento de la población existe un partido que representa sus intereses tanto en el eje populista como en dimensiones de competición más tradicionales. Básicamente, lo que se pretende estudiando este caso es analizar la importancia electoral de las actitudes populistas en un contexto favorable. Si un individuo con fuertes preferencias de este tipo no vota por el único partido populista disponible, existen motivos para defender que las dimensiones económica y cultural son las que determinan el voto en primer lugar. En un artículo publicado recientemente en Political Studies, he utilizado datos de encuesta recogidos en España en el año 2015 para analizar esta cuestión. 

Investigaciones que analizan el discurso de los partidos políticos apuntan que, en ese año, únicamente Podemos y Unidad Popular (UP), que concurrirían juntos a las elecciones de 2016, puntuaban alto en una escala diseñada para medir el populismo. Dado que existe un amplio acuerdo a la hora de definir a estos dos partidos como de izquierda radical y con una agenda libertaria, ¿en qué medida resultaban atractivos electoralmente para individuos populistas que no compartían este espacio ideológico? 

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Los resultados muestran que, en términos generales, los individuos más populistas eran más propensos a votar a Podemos e IU. Sin embargo, ser más populista no tenía un efecto estadísticamente significativo en la probabilidad de voto para individuos que no se situaban a la izquierda de la escala ideológica (Figura 1). En concreto, este efecto parecía determinado por preferencias sobre redistribución económica más que por preferencias en temas culturales, como la inmigración. Estos resultados vienen a indicar que Podemos e IU eran especialmente atractivos para individuos populistas y con preferencias redistributivas en términos económicos. Sin embargo, la interpretación que estas fuerzas hacían del conflicto entre el pueblo y las élites no era suficiente para atraer electoralmente a individuos populistas con preferencias más liberales en términos económicos. Esto era así, aunque no hubiese competencia populista desde la derecha. 

Los resultados de este análisis permiten poner en cuestión que el éxito de los partidos populistas tenga que ver siempre (o principalmente) con su mensaje sobre la relación entre pueblo y élites. Lejos de indicar que el populismo es irrelevante en términos electorales, apuntan que las dimensiones económica y cultural son más determinantes para el desempeño de los populistas en las urnas, incluso en situaciones que son en principio favorables para ver la primacía de la dimensión populista.

Esto tiene implicaciones importantes a la hora de observar la competencia electoral entre partidos populistas. Aunque algunos analistas han planteado la posibilidad de grandes trasvases de voto entre populistas, esto podría no suceder si las orientaciones de estos partidos son diferentes en las dimensiones económica y cultural. En última instancia, un análisis de este tipo permiten enfatizar que el populismo es una dimensión de competición separada de las demás. Por tanto, únicamente a mediante análisis empíricos podemos determinar si un partido es populista, por más radical que sea su mensaje, y sólo así se puede considerar si es el populismo el discurso político que resuena con más fuerza entre sus votantes.

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