El voto de las mujeres

A pesar de que abunden las especulaciones en los medios sobre las preferencias políticas de las mujeres, lo cierto es que sabemos poco al respecto. En estas líneas resumo las principales contribuciones de la literatura existente y propongo algunas interpretaciones para el debate.

La literatura especializada en el comportamiento electoral ha relegado a un papel secundario el estudio de las diferencias de género en el voto. El sexo, en comparación con otros grupos sociales como la clase de pertenencia, la etnia o la raza, constituye una categoría demasiado genérica, que incluye a tipos de mujeres con distintos intereses socio-económicos y políticos.

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Cuando el género empezó a considerarse por los estudiosos como una categoría analítica relevante, se asumió que las mujeres por término medio eran más conservadoras que los hombres, o incluso que votaban a la misma opción que sus maridos (como, por ejemplo, en el desconocido informe que Duverger escribió para la UNESCO en 1955 titulado “El rol político de las mujeres”). Se trata de la denominada “brecha tradicional de género” en el voto. La misma defiende que las mujeres, una vez consiguieron el derecho al sufragio, se decantaron por opciones electorales más conservadoras que los hombres. Se atribuía, por lo tanto, a las mujeres un mayor conservadurismo en sus valores dado su papel en la sociedad como madres y amas de casa. Estos roles sociales a menudo se presentaban como “moralmente” superiores a los de los hombres, lo que inducía a las mujeres a votar guiadas por su supuesto puritanismo moral y por sus valores religiosos frente a temas tales como el prohibicionismo respecto al alcohol o la prostitución, o el proteccionismo en temas familiares.

Curiosamente, no existen estudios que muestren con evidencia fiable que la brecha de género tradicional efectivamente existió. Estudios recientes sugieren, en cambio, la tesis de la preferencia de las mujeres por las políticas sociales y redistributivas. Dada la situación económica vulnerable de las mujeres (recordemos que en la era post-sufragista las mujeres no tenía derecho a ser propietarias, si trabajaban no podían disponer de sus salarios, ganaban un décimo de lo que ganaban los hombres, etc.), es lógico que las mismas apoyaran a partidos con una agenda redistributiva.  En algunos países (especialmente los de tradición católica) daba la casualidad de que dichos partidos eran demócrata-cristianos mientras que en otros (de tradición protestante) eran socialdemócratas. Este estudio muestra que inmediatamente después de conseguir el sufragio, las mujeres optaron por votar a partidos con agendas redistributivas, matizando la tesis de la brecha tradicional de género.

¿Cómo ha evolucionado el voto de las mujeres en las últimas décadas? El libro “La marea que crece: Igualdad de género y cambio cultural en el mundo” mantiene la tesis de que ha habido un cambio cultural generalizado respecto a los roles que la mujer ocupa en el espacio público y en el privado. Y que dicho cambio se ha producido gracias a la paulatina incorporación de las mujeres al mercado de trabajo y al acceso de las mismas a la educación en las sociedades capitalistas, lo que a su vez ha producido cambios sustanciales en la institución tradicional de la familia.

Dando por cierta la tesis de la brecha tradicional de género, “La marea que crece” argumenta que, a partir de los años ochenta, en las sociedades postindustriales el voto de las mujeres se ha escorado a la izquierda del espectro ideológico, optando por opciones socialdemócratas en las urnas en mayor medida que los hombres, lo que se conoce con el nombre de “la brecha moderna de género” en el voto, que en el caso de los Estados Unidos no ha dejado de crecer.

Un estudio reciente analiza las diferencias ideológicas entre hombres y mujeres de distintas generaciones para trece países Europeos y Canadá con datos de encuesta y para el periodo 1989 a 2014. El estudio muestra que mientras que para las cohortes de ciudadanos más ancianas los hombres parecen situarse algo más a la izquierda que las mujeres (la brecha tradicional), lo contrario es cierto para las cohortes más jóvenes de ciudadanos (la brecha moderna).

¿Pero por qué las mujeres prefieren apoyar en las urnas a partidos que defienden una agenda redistributiva en mayor medida que los hombres? No existe acuerdo entre los estudiosos pero apunto aquí dos argumentos para el debate. El primero es el interés personal. Como las mujeres aún sufren desventajas económicas y sociales relevantes frente a los hombres, preferirán decantarse por opciones que defiendan sus intereses. Y son precisamente los partidos de izquierdas los que más comprometidos pretenden estar con la defensa de los intereses de las mujeres tales como la violencia de género, los derechos reproductivos, la división igualitaria del trabajo doméstico, la igualdad de salarios, etc. Por ejemplo, una encuesta reciente en España muestra que es así como lo perciben los ciudadanos. El segundo argumento tiene que ver con las preferencias de gasto de las mujeres, que por término medio están más a favor de la redistribución y los servicios públicos tales como la educación y la sanidad.

También los líderes políticos son responsables de conectar en sus campañas con sus posibles apoyos femeninos. Especialmente cuando las ciudadanas no conocen o prestan especial atención a los contenidos de sus propuestas electorales. Un estudio reciente muestra cómo, por ejemplo, las presidentas latinoamericanas (como Bachelet en Chile y Rousseff en Brasil) cuidaron especialmente sus contactos con colectivos de mujeres en todo el país y de todos los tipos para asegurarse su apoyo apelando a cuestiones tales como la empatía como madres y hermanas y, sobre todo, prometiendo la adopción de políticas para resolver problemas que sufren las mujeres en mayor medida en sus respectivos países.

¿Que ocurre en España?, ¿Cómo votan las mujeres en comparación con los hombres? Pues en general, y limitados por la evidencia de encuestas, en la que las mujeres tienden en mayor medida a declararse indecisas (y la explicación de esto daría para otra pieza), las predicciones de voto al uso no consideran que el género sea determinante para distinguir entre las opciones en las urnas.

En un estudio que he realizado junto con Enrique Hernández para el Oxford Handbook of Spanish Politics, analizamos los determinantes del voto en España con las cuatro encuestas panel disponibles en el CIS y encontramos que efectivamente las diferencias de género en el voto declarado son pequeñas, pero si hay alguna tendencia destacable es la de la mayor probabilidad de declarar haber votado a PSOE para las mujeres.

Por ejemplo, la Figura 1 muestra las diferencias en la probabilidad de declarar haber votado por uno de los cuatro partidos que más representación sacaron en las pasadas elecciones de Diciembre 2015 en España según género, educación, edad, ideología y valoración de la situación económica. En ella se observa que las mujeres declararon haber votado al PSOE en mayor medida que los hombres, confirmando la hipótesis de la moderna brecha de género en España. También muestra que las mujeres presentan por término medio menor propensión a declarar haber votado a Podemos. La propensión negativa de las mujeres al voto a Podemos se puede explicar porque más allá de las propuestas redistributivas de su programa, al ser un nuevo partido importó más la imagen que sus líderes transmitieron en la campaña electoral. La misma fue la de un partido nuevo donde prevaleció la típica cultura partidista de carácter masculino (con el predominio de estrategias comunicativas competitivas, el tono beligerante en sus discursos, la jerarquía en temas de autoridad intelectual dentro del partido o el liderazgo masculino de Iglesias).

Resumen del efecto del cambio en dos desviaciones típicas de cada variable en la probabilidad de votar a PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos en las elecciones de Diciembre de 2015 en España

Además en 2015, el debate sobre la igualdad de género no había entrando en la agenda mediática ni tampoco las masivas movilizaciones del 8M. 

La irrupción de VOX en las instituciones y la amplia cobertura mediática de sus discursos antifeministas junto con el giro conservador en el tema del aborto del líder del PP (Casado) y la defensa de un “feminismo liberal” por parte de Ciudadanos, puede contribuir a polarizar el discurso entorno a la igualdad de género en España. A pesar de que estudios recientes ilustren una menor propensión de las mujeres a votar a partidos de extrema derecha, aún está por ver si la igualdad de género entrará en las urnas en las próximas elecciones de Abril y si lo hace de la mano de las mujeres como principales afectadas o en cambio de la de todos los ciudadanos.

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