Elecciones presidenciales en Polonia: un pulso entre integración y demarcación

Este domingo 12 de julio se celebran en Polonia unas elecciones que serán claves para el futuro de este país, e incluso, para el del continente y su Unión. En esta elección, una segunda vuelta para elegir al Presidente de la República, ya que en la primera vuelta ningún candidato obtuvo una mayoría, se enfrentan dos candidatos que representan dos visiones muy distintas de Polonia. Aunque ambos provienen de partidos de derecha (los candidatos de la izquierda han sido eliminados en la primera vuelta con menos de 3% de voto total), no podrían ser más diferentes uno del otro. 

Por una parte, el actual Presidente Andrzej Duda es un fiel servidor de Jarosław Kaczyński, el líder del partido populista y ultraconservador Ley y Justicia (Prawo i Sprawiedliwość – PiS). Duda, un jurista que había sido miembro del Parlamento Europeo (PE), lleva cinco años en el puesto y en todo momento se ha dedicado a apoyar la contrarrevolución de PiS, cuyo objetivo es, bajo la excusa de querer “arreglar” los errores de la transición democracia, desmontar los controles del sistema democrático polaco para perpetuarse en el poder a puro estilo Orban. Duda, quien entre sus deberes más importantes como Presidente de la República tiene defender la constitución polaca, no ha hecho nada para detener el ataque a las instituciones democráticas, que ha llevado al gobierno polaco a un enfrentamiento con la UE, aún no resuelto.

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Por otra parte, tenemos a Rafal Trzaskowski, el candidato de la liberal Coalicion Cívica (Koalicja Obywatelska – KO). El partido que ya gobernó Polonia durante 8 años hasta el 2015, y que consiguió hacer de Polonia el único país europeo que ha evitado recesión en los tiempos de la Gran Depresion post-2008. El propio candidato Trzaskowski entró tarde en la campaña, sustituyendo a Małgorzata Kidawa-Błońska, cuando ésta decidió boicotear la elección prevista para mayo, en plena pandemia y confinamiento (finalmente, y con dudosa base legal, la elección se había pospuesto para finales de junio). Trzaskowski es alcalde de Varsovia, y había sido europarlamentario y ministro de integración europea, habla cinco idiomas y es Doctor en Estudios Internacionales. A pesar de su envidiable curriculum, tiene un problema importante – su asociación directa con Donald Tusk, el ex-líder del partido liberal, quien para PiS y sus votantes, simboliza los errores de ese gobierno. Mientras Tusk era el Primer Ministro, Polonia experimentó un crecimiento económico ininterrumpido, sin embargo, la falta de redistribución y la corrupción en el partido han oscurecido esos logros y han llevado a una parte importante del electorado a confiar en PiS y sus promesas de protección social que el gobierno liberal de Tusk había descuidado.

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En la campaña, Duda, apoyado por el aparato de su partido nacional populista, se ha centrado en prometer seguir aumentando la protección social, sobre todo para las familias y mayores, mientras que vilificaba a los colectivos LGTBI+, cuya supuesta ideología, según él, pone en peligro a los polacos. Duda apoya la educación religiosa, rechaza la transición ecológica en un país que depende de carbón, e incluso ha declarado que no querría que la vacuna de la Covid fuera obligatoria. Además, unos días antes de la primera vuelta, ha ido a visitar a Donald Trump, dejando claro las prioridades de su política exterior. Por otro lado, Trzaskowski representa a la Polonia más cosmopolita, abierta, claramente pro europeísta (quiere volver a hacer de Polonia un socio de confianza para la UE y ha declarado que, si sale elegido, su primer viaje oficial sería a Bruselas, Berlín y Paris), apoya una separación entre iglesia y Estado, está a favor de los derechos LGTBI+ y remarca la urgencia de la transición ecológica.

El contraste no podría ser mayor, pero también lo es la división en el país. Según las encuestas ambos candidatos están absolutamente igualados y la elección se decidirá por un margen muy pequeño. El electorado de PiS (y por tanto, el de Duda) está más cohesionado y suele estar más movilizado, no tanto por los valores que representa, sino por la satisfacción con la protección social que ha implementado PiS en estos 5 años de gobierno. Por otra parte, Trzaskowski ha logrado lo que no lograba la oposición polaca hace mucho tiempo – superar la fragmentación y movilizar a los que están cansados del conflicto entre KO y PiS, Kaczynski y Tusk, cuyo enfrentamiento vertebra la política polaca en las últimas décadas. La participación electoral de los diferentes grupos sociales será clave para el resultado final, por lo que el Ministerio de Interior prometía regalar camiones de bomberos a los pequeños municipios con los niveles de participación más altos, mientras que el Primer Ministro Morawiecki recientemente animaba a los mayores a ir a votar sin medio por el coronavirus (ambos, son sectores del electorado son donde PiS y Duda consiguen mayores apoyos).

Finalmente, es importante destacar que las elecciones en Polonia aún son libres, pero ya no del todo justas, como manda la Constitución. Esto se debe principalmente a que la televisión pública se ha convertido en un medio de pura propaganda que recuerda a los tiempos comunistas ya que está constantemente hablando de los magníficos logros de Duda mientras que vierte mentiras sobre cualquiera que sea considerado un enemigo de PiS. Sus noticias hacen pensar que los polacos están asediados por las élites liberales de la globalización, los inmigrantes y los refugiados, los judíos y los alemanes, los gais y lesbianas, o las feministas. Mientras tanto, el gobierno de Morawiecki lleva semanas haciendo campaña a favor del Presidente por todo el país, en vez de estar resolviendo los problemas surgidos a raíz de la pandemia. 

Otra cuestión importante, es que más que nunca, en esta elección importan los votos de los polacos en el extranjero, ya que la victoria de uno de los candidatos puede producirse por un margen muy pequeño. En la gran mayoría de países Trzaskowski obtuvo una aplastante victoria en la primera vuelta entre este electorado, mientras que Duda solo ha triunfado entre la inmigración más antigua en EE. UU, políticamente mucho más conservadora. En la segunda vuleta, se han registrado medio millón de solicitudes para poder votar en el extranjero. Los consulados han sido abrumados por esta movilización y han experimentado grandes dificultades para hacer llegar los paquetes electorales en la primera vuelta, unos votos que podrían ser claves para una victoria de Trzaskowski en esta segunda ronda.

En definitiva, la elección de este domingo es un duelo entre el populismo nacional conservador y reaccionario, y el liberalismo económico y social pro europeísta. El dilema clave de los tiempos de globalización, que los politólogos solemos llamar el clivaje entre demarcación e integración, personificado. Los resultados, determinarán el curso político de Polonia, pero también de Europa, ya que determinará qué tipo de socio tendrá la UE en este país, el quinto más poblado y con el que la Comisión Europea mantiene un pulso sobre el asalto del gobierno populista a las instituciones democráticas. 

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