España puede liderar el hidrógeno renovable en Europa

En los próximos 30 años, la Unión Europea aspira a eliminar sus emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI). Es un objetivo necesario para alcanzar la neutralidad climática, al que España también aspira, y que no será fácil de conseguir. Este compromiso requiere de los europeos mucho más que rebajar su uso de centrales térmicas de carbón –como ya estamos haciendo. Para lograr cero emisiones netas en 2050, la velocidad a la que reducimos emisiones debe doblarse en la industria y el sector energético, cuadruplicarse en usos residenciales y comerciales (por ejemplo, en calefacción) y revertir la tendencia en el transporte. Es una tarea titánica de transición económica, con una dificultad endiablada. La receta, engañosamente sencilla, de dejar de quemar combustibles fósiles se complica con cada paso hacia a la meta. Tras recortar emisiones más de un 20% desde 1990, Europa busca ahora desarrollar nuevas industrias para afrontar los desafíos de la siguiente fase de la transición energética.

En octubre de 2017, la Comisión Europea lanzó la Alianza Europea por las Baterías: una estrategia industrial que persigue el desarrollo y la fabricación de esta tecnología dentro de la Unión. Las baterías son esenciales para afrontar dos desafíos clave: eliminar las emisiones de la generación eléctrica y profundizar en la electrificación. Sin embargo, las baterías no serán suficientes para alcanzar la neutralidad climática. Existen consumos energéticos en los que la electrificación es muy difícil, muy cara o ambas cosas, y hay usos de combustibles fósiles que la electricidad no puede remplazar. Para descarbonizar estas aplicaciones, existe una vieja promesa, que planea desde hace medio siglo sobre el sistema energético, a la que podría haberle llegado su hora: el hidrógeno.

Así lo cree la Agencia Internacional de la Energía, que en junio de 2019 presentó un informe sobre el futuro del hidrógeno apelando a los gobiernos de la OCDE a fomentar su uso. La llamada no cayó en saco roto. En marzo de 2020, la Comisión Europea anunciaba el lanzamiento de una Alianza Europea por el Hidrógeno Limpio. Si esta iniciativa sigue la senda de la estrategia industrial por las baterías, la alianza por el hidrógeno involucrará a decenas de países en proyectos de desarrollo industrial, con centenares de empresas e inversiones públicas y privadas de miles de millones de euros. Antes del coronavirus, ésta era una gran oportunidad para España, que cuenta con ventajas estratégicas para aprovecharla. En el contexto de la recuperación de la pandemia, el desarrollo de esta energía puede suponer una ocasión única para el progreso económico del país. 

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Para entender mejor cuáles son las ventajas de España en este sector, conviene dar un paso atrás y preguntarse por qué es necesaria la Alianza Europea por el Hidrógeno Limpio. Hay dos razones fundamentales. En primer lugar, porque hay que descarbonizar el hidrógeno. Éste no se encuentra disponible en la naturaleza. Para obtenerlo hay que partir de una materia prima con hidrógeno en su composición. Actualmente, el 98% de la producción mundial proviene del gas natural y el carbón. El resultado es que, produciéndolo, se emite anualmente el equivalente a las emisiones de Indonesia y el Reino Unido juntos. Este hidrógeno no es útil para reducir emisiones. A pesar de que las tecnologías para producirlo con bajas emisiones existen desde hace años, su uso es marginal, sobre todo porque son caras. Esto justifica políticas públicas para fomentar su producción sostenible y acelerar su abaratamiento.

En segundo lugar, la Alianza es necesaria porque, aunque el consumo global de hidrógeno se ha triplicado desde los años 1970s, éste se emplea mayoritariamente como compuesto químico y no como vector energético. Las tecnologías necesarias para usarlo en transporte o en generación eléctrica son conocidas desde hace décadas, pero su difusión es mínima porque no existe una infraestructura de distribución y porque los combustibles fósiles aún son muy baratos. Esta situación avala una estrategia pública encaminada a estimular la demanda de hidrógeno.

Estas dos razones, la necesidad de descarbonizar su producción y de fomentar su uso en sustitución de combustibles fósiles, explican el porqué de una Alianza por el Hidrógeno Limpio. ¿Pero por qué europea? Entre otras razones, para que la Unión deje de ser el mayor importador de combustibles fósiles del planeta, y reduzca su dependencia del exterior, actualmente en niveles del 70% para el gas natural y del 90% para el petróleo que necesita. 

En este contexto, el informe publicado este mes por la Escuela de Gobierno de Harvard sobre las implicaciones geopolíticas y comerciales del hidrógeno renovable señala las condiciones favorables para desarrollar esta energía en España. Atendiendo al potencial para generar electricidad renovable, la disponibilidad de agua dulce y su capacidad para construir la infraestructura necesaria para una industria gasista del hidrógeno, a España se la clasifica como un potencial líder regional. En otras palabras, la producción de hidrógeno limpio es particularmente prometedora en este país.

Pero la ventaja española podría ir más allá. Los autores del estudio, Fridolin Pflugmann y Nicola de Blasio, consideran que Marruecos puede convertirse en un exportador de hidrógeno renovable a nivel mundial. Si Europa estimula su consumo y Marruecos aprovecha sus posibilidades como exportador, España, por su situación geográfica, podría ser la ruta de entrada del gas renovable al mercado común.

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Lograr una Europa sin emisiones netas de GEI en tres décadas presenta desafíos formidables, pero también oportunidades económicas. Para España, la Alianza Europea por el Hidrógeno Limpio es una de ellas. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 reconoce las ventajas del hidrógeno aunque sólo en el largo plazo. Las últimas estimaciones económicas y las agencias internacionales recomiendan lo contrario: el momento de actuar es ahora. España debe desarrollar una estrategia industrial para el hidrógeno, intentar liderar proyectos dentro de la Alianza, como ya aspiran Holanda o Alemania, y aprovechar la oportunidad de subirse al tren de una tecnología clave para la transición energética. 

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