España y la nueva China

La reciente China International Import Expo, organizada en Shanghái durante el mes de noviembre, tuvo todos los elementos que caracterizan a un evento de la máxima importancia en el país: cielo azul por el cierre de fábricas, restricciones para la entrada de la ciudad y modificación del calendario escolar para facilitar el tráfico, delegaciones gubernamentales de una veintena de países y discurso de Estado de Xi Jinping.

Efectivamente, el evento, de una semana de duración, es parte de una iniciativa estratégica del Gobierno chino para presentar a su país como uno de los principales exponentes de los beneficios de la globalización.

La feria es también representativa del cambio económico que ha experimentado China en la última década. Si como el principal exportador (y acreedor) del mundo, China ha tenido un impacto muy significativo en las agendas económicas y políticas de EE. UU. y Europa, como principal mercado su influencia no se verá reducida. De hecho, en los próximos años será más importante entender a China no como potencia exportadora, sino como consumidor.

La economía china es, desde 2014, la primera del mundo en términos de PIB en paridad de poder de compra, y alrededor de 2024 será la primera en los nominales. Desde 2015, el consumo se ha convertido en el principal contribuyente al crecimiento del país, con un peso del 70% en 2016. Todo ello impulsado por el auge de una clase media que en 2020 será mayor que la europea.

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Éste es el contexto en el que tiene lugar la primera visita en 13 años de un jefe de Estado chino a España. Y éste es el contexto que debería regir las conversaciones entre ambos países, con una agenda que debería contemplar al menos los cinco asuntos que se exponen a continuación.

El auge de la clase media china tiene un impacto directo en el turismo, el principal contribuyente al PIB español. Durante estos años, el crecimiento en el número de turistas de esta procedencia ha transformado el sector -y algunas economías- del sudeste asiático. España, igual que otros países de la UE, son parte de la segunda fase de desarrollo del sector turístico chino. El establecimiento de medidas que faciliten y favorezcan este flujo de turistas, como dar mayores facilidades para la obtención de visados y una apuesta decidida por la promoción de España como destino turístico, deberían ser tareas prioritarias del gobierno.

La educación es otro área donde existe una oportunidad para España. Nuestro liderazgo en educación de post-grado debe aprovecharse para acelerar la captación de estudiantes dispuestos a formarse y trabajar en el extranjero. Este flujo debería ser favorecido por el Gobierno, puesto que revierte en el acercamiento entre ambos países. El Brexit es un proceso que debería favorecer a España, ya que las universidades británicas han sido el principal receptor de estudiantes chinos. En este sentido, el establecimiento de programas que faciliten la recepción de estos estudiantes por parte de las universidades, así como medidas que favorezcan el intercambio laboral a gran escala, pueden ser piezas clave de un estrechamiento de las relaciones entre ambos países a todos los niveles.

El desarrollo de la clase media china se refleja también en un mayor interés por productos de consumo internacionales y es una oportunidad para la pymes exportadoras. La Marca España, aunque por detrás de Francia o Italia, tiene un fuerte reconocimiento en el país. El establecimiento de programas marco que faciliten la entrada en el mercado de las pequeñas y medianas empresas debiera ser una prioridad gubernamental. Por ello, es importante desarrollar programas de financiación a corto plazo y seguros a la exportación que permitan a las empresas exportadoras el acceso a financiación competitiva. Estos programas, fuertemente desarrollados en el caso de América Latina, necesitan de un fuerte impulso en relación a Asia, y China en particular.

La nueva clase media china también impacta en las preocupaciones de sus ciudadanos. Y entre las nuevas está el cambio climático y la contaminación. La calidad del aire y del agua es, de hecho, la primera preocupación de la clase media urbana. No es una sorpresa que, en este contexto, sin duda también favorecido por la ausencia de Estados Unidos en las negociaciones, China se haya convertido (en palabras del comisario europeo Miguel Arias-Cañete) “en un actor fundamental para construir consenso entre los países en desarrollo de cara a la Conferencia de Katowice sobre Cambio Climático, dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”. La relevancia que este área tiene en la agenda política y económica española debiera permitir a España y China desarrollar iniciativas conjuntas y favorecer a las empresas españolas en su expansión internacional y su acceso a nuevos mercados de la mano de empresas chinas.

Por último, durante la última década se ha hablado mucho de la triangulación, una estrategia por la cual España se convierte en el canal de acceso de capital chino a América Latina a través de las multinacionales españolas, fuertemente implantadas en la región y con un gran conocimiento de estos mercados. La estrategia, bien ejecutada particularmente por Telefónica, ha perdido algo de valor en un contexto en el que los lazos directos entre China y los países de la región se han desarrollado fuertemente en áreas como infraestructuras y materias primas.

En la actualidad, surge la posibilidad de diseñar una nueva triangulación en África, el continente que mayor potencial económico ofrece en los próximos años y en el que el capital chino va a tener un papel esencial. La cercanía de España a la región, así como los retos ligados a la inmigración, ofrecen a España la oportunidad de proponer al país asiático un acuerdo marco para apoyar el desarrollo de la región. España sería uno de los países de la UE más beneficiados por un acuerdo de este tipo, y por ello debiera liderar una propuesta para establecer un programa estratégico de acción exterior de la UE en África en colaboración con China.

Las relaciones con China no son tarea fácil. El cielo azul puede adornar Shanghái durante siete días, pero la realidad es que China sigue siendo un lugar complejo para hacer negocios y cerrar acuerdos políticos. Pero es también responsabilidad de España y de la UE convencer al país asiático del valor que puede tener un acercamiento para el futuro del país. El siglo XXI no puede entenderse sin tener en cuenta el auge de China, y es urgente y necesario establecer unas políticas, sobre todo económicas, que respondan a esta oportunidad.

(¿Puede la UE considerar a China un socio estratégico?) En #AgendaExterior

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