¿Estamos haciendo lo suficiente? Un análisis del Plan Nacional de Energía y Clima

Antes de la década de los 50, la concentración de CO2 en la atmósfera no había superado nunca las 280 partes por millón (ppm). El 2 de mayo de 2013 esta concentración alcanzó, por primera vez en la historia de la humanidad, las 400 ppm: el punto a partir del cual desconocemos las consecuencias. Si esto nos escandalizaba en 2013, más debería alarmarnos que el pasado 12 de mayo de 2019, mientras transcurren elecciones y promesas electorales, mientras la juventud sale a la calle reclamando un futuro y debatimos (creo que demasiado poco) sobre cambio climático y sus consecuencias en todos los ámbitos de nuestra vida, la concentración de CO2 llegaba a los 415 ppm. El meteorólogo Eric Holthaus, y no sólo él, apunta que «es la primera vez en la Historia que la atmósfera terrestre ha acumulado más de 415ppm. No es desde que se tienen registros, no es desde que se inventó la agricultura hace 10.000 años. Es la primera vez desde que el hombre moderno existe, desde hace millones de años. No conocemos un planeta como éste». Así que urge analizar si estamos haciendo suficiente.

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

En el histórico Acuerdo de París alcanzado en 2015, los gobiernos se comprometieron a tomar las medidas necesarias para mantener la temperatura global muy por debajo de los 2°C respecto a los niveles pre-industriales limitándolo a 1.5°C. Para conseguirlo, este Acuerdo, dejaba a los gobiernos establecer sus “Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional” (NDCs).

La Unión Europea se comprometió, en 2014, a reducir sus emisiones de efecto invernadero (GEI) en un 40% para 2030 respecto a 1990, gracias al esfuerzo conjunto de todos los estados miembros. Dicho esfuerzo se materializaba, a principios de este año, con la presentación de los borradores de los Planes Nacionales de Energía y Clima (PNIEC). En el marco del proyecto LIFE PlanUp, varias ONG europeas hemos analizado los PNIEC de distintos países, incluyendo España, para mejorar la participación ciudadana en la elaboración de los mismos y saber si las medidas son suficientes para cumplir con los objetivos de París y de la UE. En paralelo, otro informe, «Planning For Net Zero 2050» hacía lo propio desde una perspectiva a largo plazo: la descarbonización total de la economía en 2050. En ambos análisis, el PNIEC de España aprueba (raspado) pero con ventaja respecto al resto de países.

La falta de costumbre de ver a España encabezar este tipo de rankings es motivo de alegría, sin duda, como también lo es que este PNIEC asuma esfuerzos políticos y económicos importantes mientras aprovecha las oportunidades para el empleo, la salud y la economía, que las medidas incluidas en él ofrecen. El borrador del PNIEC, sin embargo, es mejorable y ha de mejorarse en 2019, plazo para su versión final.

Si bien cumple con la legislación europea, e incluso en algunos sectores establece objetivos que van más allá de los requeridos (como ocurre con las metas de energías renovables y transporte), el borrador adolece de medidas tardías que requieren obligatoriedad y más ambición. Algunos ejemplos de esto se dan en varios sectores:

El sector transporte, con un objetivo de reducción para 2030 del 43,5% GEI (comparado con 2005) incluye medidas como la prohibición de venta de vehículos emisores de CO2 más allá de 2040 y hace una apuesta por la electrificación. Si tenemos en cuenta que un coche dura una media de 12 años, la prohibición de ventas de los vehículos de combustión interna debería ser efectiva antes de 2030, dando tiempo a los consumidores a agotar la vida útil de su vehículo y a la industria a realizar una transición ordenada que le permita aprovechar las oportunidades del nuevo modelo de movilidad. En este sentido, impuestos finalistas a combustibles fósiles facilitarían el cambio hacia vehículos más limpios. Respecto al vehículo pesado, no queda clara la alternativa, ya que se apuesta por los biocombustibles avanzados, obviando la electrificación de este tipo de transporte. Además, es deseable una mayor claridad en el tipo de biocombustibles propuestos, garantizando que no se incluyen los de primera generación. Sólo así se asegura un equilibrio entre ambición y sostenibilidad.

En el caso de las renovables, un sistema eléctrico 100% renovable en 2050 es sin duda un paso enorme, pero que debe extenderse a toda la energía y acelerarse desincentivando y prohibiendo formas contaminantes y peligrosas. Esto pasa por el cierre de plantas de carbón y nucleares no más allá de 2025.

En agricultura, el propósito de reducción del 13% (en relación a 1990) para 2030 es insuficiente si queremos cumplir con los objetivos cero emisiones en 2050, lo que obligaría a otros sectores a realizar esfuerzos mayores. Además, no todas las fuentes de emisiones del sector agrícola han sido consideradas.

En edificación, el PNIEC persigue también la extinción de emisiones llegado el 2050. Sin embargo, a pesar del aumento de la tasa de renovación previsto, ésta sigue siendo insuficiente para cumplir con la Directiva Europea EPBD, que requiere que en 2050 el stock de vivienda sea prácticamente cero emisiones.  

El mes próximo la Comisión Europea dará sus recomendaciones a España sobre este PNIEC, y sabremos quién gobernará en cada región y ayuntamiento, así como qué acuerdos de gobierno podrán tomarse, de haber voluntad, sobre ésta y otras cuestiones. Es necesario un PNIEC más ambicioso, y es necesario saber que, declarado o no, vivimos en un estado de emergencia climática. La ambición y responsabilidad de las decisiones que se adopten determinarán si conseguimos los objetivos internacionales ratificados. La crisis climática no es sólo una cuestión ambiental (nunca lo fue), afecta directamente a la calidad de vida de la ciudadanía y es por ello, que las medidas que se adopten deben ser elaboradas de forma participativa. Esperamos, entonces, que la elaboración de la versión Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, a presentar a finales de este año, establezca fórmulas de información y participación ciudadana acordes con la importancia de un Plan que afecta a todos los sectores que conforman nuestra sociedad.

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