Funcionarios improductivos

En estos días ha reaparecido un argumento que suele ser muy habitual entre economistas y opinadores ultraliberales. Según suele decirse por parte de estos portavoces de las ramas más extremas del liberalismo, el empleo público no puede ser considerado productivo. Tal es el adjetivo con el que se suele acompañar a empleo público y, en algunos casos, como en un artículo aparecido en El Mundo, se suele etiquetar como asistencial. Sin embargo, y como expliqué en este hilo, relación de tuits sobre el que construyo este post, la vinculación del empleo público a lo improductivo no es sólo una mera falacia, sino un grave error (además de básico) por parte de quienes parecen mostrar serias dificultades en comprender lo más simple en Economía. Para explicar la falacia, permítanme que me vaya al principio de todo.

Lo que realmente importa en el análisis del bienestar y de la riqueza es el valor añadido. Qué es el valor añadido (en adelante, VA) debe entenderse correctamente para comprender cómo se genera producción y qué puede, o no, resultar productivo. Para alcanzar mejor esta comprensión, y como siempre afirmo a mis alumnos, debemos abstraernos de los llamados flujos monetarios y concentrarnos en los llamados flujos de bienes y servicios, aquéllos que realmente satisfacen nuestras necesidades.

Con un ejemplo lo entenderemos. Suponga que usted vive en Asturias y que desea comer un aguacate. El hecho de que usted desee ese producto es simplemente debido a que experimenta una necesidad (básica o no) que quiere satisfacer. Esta necesidad quedará satisfecha cuando pele el aguacate y se lo coma. Esto es como decir que la base de toda acción económica proviene del deseo de experimentar sensaciones (o de no experimentarlas), ya sea desde comer un aguacate maduro y sabroso a bañarse en una playa paradisíaca o, simplemente, dormir durante más de ocho horas. Del análisis de cómo buscamos satisfacer estas necesidades y de cómo nos organizamos para hacerlo, dado un conjunto limitado de recursos, va parte de la economía.

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Para que pueda comerse el aguacate, antes alguien ha debido transportarlo (sin contar quien lo cultivó e hizo lo necesario para que estuviera dispuesto al consumo). Que el aguacate vaya de Granada a Gijón implica un VA al aguacate a partir de su estado previo en Granada y que, para usted que vive en Gijón, no tiene valor alguno si permanece en dicho estado. Pero si llega a su tienda más cercana, éste habrá ganado valor, debido a que se han movilizado una serie de factores que así lo han permitido. Como se ha generado valor, usted, para vivir la sensación de comer un aguacate, pagará una cantidad determinada de dinero. Pero cuidado con esto último. Cuidado con los flujos monetarios.

El dinero con el que se adquieren otros bienes viene del VA generado en su momento por usted (o de una transferencia que tiene el origen en otro individuo que generó su propio VA). Si es usted quien genera ese VA, la cantidad relativa de dinero que pague por el aguacate será mayor o menor en función de lo relativo que sea el VA que usted genera respecto al del transporte y producción del aguacate. Dado que el valor final de un bien es la suma de los VAs generados y apilados a lo largo del proceso de producción, su precio debe entenderse relativo a la suma de los VAs que posee el resto de los bienes. Es decir, aunque usamos precios monetarios debido a que el dinero cumple una labor fundamental en las sociedades modernas (como es facilitar las transacciones), en realidad lo que hacemos en cualquier operación diaria es cambiar bienes reales por bienes reales. Bienes que satisfacen necesidades o generan sensaciones por otros bienes que harán lo propio. Para que entiendan este argumento, lo correcto sería poder afirmar: ¿cuántas horas de mi trabajo tengo que dedicar para comprar un aguacate?. La respuesta depende de cada uno de nosotros. En realidad, la respuesta dependerá de cuánto VA ofrezcas para satisfacer las necesidades del resto de consumidores y productores.

Es decir, usamos el dinero para no tener que hacer este cálculo cientos de miles de veces cada día. Pero no por ello el dinero tiene la respuesta a este análisis. Es por ello por lo que siempre que puedo exijo a los alumnos que traten de pensar en términos reales. No quiero decir con ello que el dinero sea neutral. No lo es. Pero para este tipo de análisis simplificar es necesario y eliminar el dinero facilita visualizar lo que realmente ocurre. No hacerlo puede inducir a errores, como cuando se introduce en estas discusiones conceptos como precios e impuestos. Esto, en este caso particular, no es lo importante.

Dicho esto, lo que la Ciencia Económica estudia, entre otras muchas cuestiones, es cómo organizar a la sociedad para que maximice la generación de este VA. Esto es lo que Adam Smith trató ya en su obra magna La Riqueza de las Naciones. Desde entonces, muchos entendemos que el mercado es el mejor modo de organizarnos para generar VA y distribuirlo de forma descentralizada para satisfacer las necesidades. En este mundo, los precios relativos juegan un papel muy importante, pues funcionan como señales que marcan dónde están estas necesidades. Pero por todo lo argumentado en los párrafos anteriores, no es posible deducir que el mercado sea la única manera de generar VA. Es una de las muchas formas, y muy posiblemente la más eficiente, de las que la historia económica nos ha ofrecido para experimentar. Pero el mercado no tiene el monopolio de generación de VA.

Este argumento deriva, pues, en dos importantes cuestiones. La primera, que no todo el VA de una sociedad puede ser administrado eficientemente por el mercado (bienes públicos). La segunda, que aunque así fuera, esto tampoco supone que si el bien o servicio fuera generado por el sector público éste dejara de aportar VA al consumidor o a la sociedad. Por ejemplo, para todos nosotros es VA poder pasear por las calles, ya sea por el simple gusto de pasear (sensación) o para poder comprar, todo ello sin tener que sufrir el temor (de nuevo una sensación) a que me aborden o me agredan. Todo ello es VA. Todos estos ejemplos son producción, pues necesariamente otorgan valor. Dicho en otras palabras, si no pudiera ir a comprar a la calle X, ¿cuánto valdría el producto que se pone en venta en la calle X? Como este ejemplo hay muchos más. Y gran parte de ese VA puede ser ofrecido por el Estado, e incluso en algunas ocasiones sólo por el Estado.

Pongo otro ejemplo: ir a que me vacunen de la gripe. ¿Cuál es su VA? Evitar una enfermedad molesta que me puede mantener en la cama con fuertes dolores de cabeza o de huesos durante una semana, además de evitar a mi empresa costes innecesarios. Que este servicio sea ofrecido por el Estado o por el mercado es irrelevante en términos de VA. Cómo lo pague es irrelevante en términos de VA. El modo de pago será importante en otros debates, para comprender otras discusiones, pero para nada lo es en la cuestión que nos atañe en este post. Es indudable que el centro sanitario generará producción, y por ello VA. Esto es obvio y es otro ejemplo que desmonta la idea tan falaz de que un enfermero de la sanidad pública no es productivo simplemente porque lo puede hacer el sector privado.

¿Es el Estado y lo público el mejor modo de generar VA? La respuesta no es simple y depende de muchas otras consideraciones. En la mayoría de los casos no lo es. Los incentivos que genera el mercado son mejores para ciertos productos y VAs. Para algunos casos, el Estado incluso puede generar costes que reduzcan el VA total, como es a través de la creación de ineficiencias, burocracias innecesarias, regulación excesiva o creando desincentivos a través de impuestos. Pero igual que el Estado puede generar costes (algo así como un VA negativo), también lo hace el mercado. Pensemos en la contaminación, en los accidentes de tráfico, en la desigualdad de oportunidades y muchas más.

Pensar que el mercado solo genera VA y no costes es tan falso como pensar que el Estado es improductivo o decir que es la mejor manera de organizar la sociedad para crear VA. La evidencia de siglos y experiencias diferentes nos asisten.

Resumiendo, la cuestión de que los empleados públicos son improductivos supone cometer un error muy básico en Economía. Decir tal cosa puede deberse a dos motivos (no ajenos entre ellos): o no se sabe de Economía o los prejuicios son tan brutales que ciegan a quien lo dice.

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