Ganadores y perdedores en las municipales brasileñas

Este domingo pasado, los brasileños acudieron a las urnas para elegir a los alcaldes y concejales de más de 5.500 municipios de todo el país. Fueron los primeros comicios bajo la Presidencia de Jair Bolsonaro y antes de la jornada electoral hubo mucho debate sobre hasta qué punto éste se vería fortalecido o debilitado. Aunque separadas de las nacionales, las elecciones locales son una ocasión importante para que los presidentes, gobernadores y legisladores estatales y nacionales pongan a prueba la solidez de sus marcas y el capital político que poseen y preparar, así, el terreno para las presidenciales que tendrán lugar en dos años.

Existe la expectativa de que los presidentes bien evaluados sean capaces de impulsar las candidaturas de su partido y de los aliados, ampliando y consolidando su penetración en el territorio. Fue lo que sucedió con Fernando Henrique Cardoso, Lula y Dilma Rousseff, que vieron multiplicarse el número de ayuntamientos comandados por sus partidos mientras ocupaban la Presidencia. De igual manera, si el presidente lo está haciendo mal, esto tiene también su impacto en las elecciones locales, lo que ayudaría a explicar la dramática derrota del Partido de los Trabajadores en las municipales de 2016, el mismo año que tuvo lugar el juicio político contra Rousseff. Este efecto se produciría por un doble movimiento: por una parte, los presidentes con criterio prestan su capital político a candidatos de su partido y de los aliados; por otra, los candidatos a alcaldes buscan asociar su imagen a la de los presidentes con buena evaluación e intentan distanciarse de los que no la tienen.

Este año, en muchos sentidos, el escenario ha sido diferente. Primero, porque desde noviembre de 2019, cuando Bolsonaro dejó el PSL, partido por el que fue elegido, ejerce la Presidencia sin estar afiliado a ninguna formación. Intentó crear una nueva, Aliança pelo Brasil, pero fracasó. Segundo, porque Bolsonaro no participó en estas elecciones como lo habían hecho sus predecesores. Hasta unas semanas antes de los comicios, sólo había declarado su apoyo a cinco candidatos en las 26 capitales del país. En vísperas de la votación, en una publicación de Facebook (eliminada más tarde) declaró su apoyo a otros candidatos a alcalde y concejal. Entre los que recibieron apoyo, dos pasaron a segunda ronda en Río de Janeiro y Fortaleza.

En tercer lugar, cabe señalar que desde el inicio de su mandato, salvo pocas excepciones, el presidente no ha cultivado una buena relación con los alcaldes. Las hostilidades entre el jefe del Ejecutivo nacional y los responsables del nivel local aumentaron en el contexto de la pandemia de Covid-19, cuando Bolsonaro chocó con los alcaldes y gobernadores que adoptaron medidas de distanciamiento social, culpándolos de agudizar la crisis económica. La situación se agrava todavía más porque de cada 10 alcaldes en funciones, 7,8 se han presentado a la reelección.

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En este escenario, después de la primera vuelta de las elecciones municipales, la pregunta que persiste es si Bolsonaro ha ganado o ha perdido. Desde el domingo, los análisis parecen converger hacia la segunda opción. Aún queda mucho por decidir si se tiene en cuenta que, de las 25 capitales, sólo siete alcaldes resultaron electos en la primera vuelta. Para las otras 18 capitales y en 39 ciudades con más de 200.000 votantes, la elección de alcaldes y alcaldesas está convocada para el próximo 29 de noviembre.

Los resultados de la primera vuelta parecen indicar una reorganización del marco político en el país, con la recuperación de los partidos de derecha y de centro-derecha tradicional, desde 2013 amenazados por el clima anti-político y por los partidos y políticos con retórica antisistema. Uno de los aspectos más destacados fue la recuperación del DEM, una formación tradicional de derecha que desempeñó un papel importante en los dos mandatos de Cardoso y que, desde las municipales de 2004, había visto disminuir drásticamente el número de municipios bajo su mando. En estas elecciones, ya en la primera vuelta, el partido ha conseguido tres alcaldías y concurrirá en la segunda vuelta en Río de Janeiro (contra un candidato apoyado por Bolsonaro) y en otras siete ciudades medianas. El PP, también de derecha, y el PSD, de centro-derecha, también han incrementado su número de ayuntamientos.

Otra evidencia de que la derecha y el centro-derecha tradicionales pueden estar encontrando oxígeno ocupando espacios de la extrema derecha se pueden encontrar en el desempeño de los candidatos a alcalde y concejal de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Una encuesta encargada por la revista ‘Piauí’ muestra, en números aproximados, que entre los 8.000 candidatos vinculados a corporaciones militares, 50 fueron electos alcaldes y 807, concejales, lo que equivale a una tasa de éxito del 10,2%. Las Fuerzas Armadas y la Policía son vistas como uno de los principales baluartes del bolsonarismo.

El récord de candidatos vinculados a corporaciones militares sería, en parte, reflejo de la victoria de Bolsonaro y del fortalecimiento del discurso de ley y orden patrocinado por el presidente y sus aliados. Sin embargo, un análisis de la afiliación partidista de los electos muestra que las candidaturas militares se dispersan entre varios partidos, inclusive en los de izquierda. La tasa de éxito de los militares fue mayor en el MDB (18,6%), en el PP (18,5%) y en el PSD (17%). Según la encuesta, en 2018 el 77,7% de los candidatos militares se postuló para partidos de derecha y ultraderecha; en 2020, sólo el 57,5%.

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Aún queda por hacer un análisis similar para los candidatos vinculados a iglesias, especialmente denominaciones evangélicas, una de las principales bases de apoyo de Bolsonaro en 2018.

Ha habido un aumento en el número de prefecturas ganadas por los partidos de ultraderecha, pero hasta ahora ninguno de ellos ha logrado elegir alcaldes en las capitales. El PSL, partido por el que fue elegido Bolsonaro, triplicó el número de alcaldías, de 30 a 90, una victoria que no se puede contabilizar del todo a favor del presidente dada la forma poco amistosa con que rompieron su relación. Otros dos partidos alineados ideológicamente con Bolsonaro, el Republicanos (de dos de sus hijos, que tienen mandatos como concejal y senador) y el Patriota, también han aumentado su número de alcaldías. El primero ha pasado de 103 a 208 ciudades, y el segundo, de 13 a 48. Y estos números pueden subir más, porque concurrirán en las segundas vueltas de cuatro capitales y tres ciudades medianas.

En el campo de la izquierda, el PT ha visto caer su número de alcaldes por segunda vez consecutiva y ha pasado de 254 (2016) a 174 (2020). No obstante, es el partido con mayor presencia en la segunda vuelta (en 15 ciudades, siendo dos capitales). El PSOL ha duplicado sus ayuntamientos (de dos a cuatro), y ha conseguido conducir a Guilherme Boulos a la segunda vuelta en São Paulo. El PCdoB también ha caído, de 81 a 45 ayuntamientos, pero con posibilidad de ganar una capital en segunda vuelta. Una mejor valoración del desempeño de la izquierda en estas elecciones dependerá de lo que suceda, por tanto, en el balotaje.

Otro indicador del debilitamiento de Bolsonaro es el hecho, expresado por muchos analistas, de que las elecciones de 2020 han sido menos polarizadas e ideológicas, centrándose en temas locales. La propia pandemia habría contribuido a hacer más evidente la importancia de la experiencia, la capacidad de gestión y el liderazgo en contextos de crisis. La elección de Alexandre Kalil (PSD) en primera vuelta en Belo Horizonte, la sexta ciudad más poblada del país, parece ser la expresión de cómo la actitud del Gobierno local ante la crisis sanitaria ha influido significativamente en la votación.

El clima menos polarizado puede interpretarse como una derrota para Bolsonaro ya que, desde que asumió el cargo, ha apostado por la tensión permanente y el enfrentamiento abierto con instituciones, gobiernos sub-nacionales, adversarios e incluso aliados de antaño. Un comportamiento que algunos han interpretado como una estrategia para mantener cautiva y movilizada a su base de votantes más leales.

Por último, es importante señalar, como derrota simbólica para Bolsonaro, el aumento del número de mujeres electas, candidatos que se declararon negros (negras y pardos) y personas LGBTI. Considerando sólo las 25 capitales, las mujeres representan el 18% y los negros el 44% de los concejales electos. Estas cifras muestran que aún estamos muy lejos de superar la sub-representación de ambos colectivos; pero, por otro lado, apuntan a avances en términos de una mayor diversidad de los órganos representativos locales. Se pueden destacar algunas de esas victorias simbólicas: la elección de la primera mujer negra y trans en el Ayuntamiento de São Paulo; la primera mujer trans en el de Belo Horizonte (la más votada en la historia de la ciudad); y mujeres negras con fuertes vínculos con los movimientos sociales. Todas ellas son un signo de resistencia contra el discurso de intolerancia y odio contra las minorías patrocinado por Bolsonaro.

Aunque varios elementos de esta elección parezcan indicar una pérdida de fuerza para Bolsonaro y la ultraderecha, todavía es pronto para una análisis completo. Hay mucho en juego en la segunda vuelta, donde se decidirán los alcaldes de las dos mayores ciudades del país (São Paulo y Río de Janeiro) y los de más de 50 municipios que, en conjunto, concentran una parte significativa de la población brasileña. Es un hecho que el extremismo de derecha sigue vivo en una minoría de la población y pueda manifestarse en las próximas semanas en aquellos lugares donde la disputa es más feroz.

Aunque aún quedan dos años para las elecciones generales, lo cierto es que los comicios del domingo pasado han sido un momento relevante porque los diferentes partidos y fuerzas políticas han ensayado sus movimientos en busca de la expansión de su presencia y relevancia. El cuadro resultante de las urnas, que conoceremos a finales de noviembre, será el terreno sobre el que se desarrollará la disputa a partir de entonces.

(Traducción de Gustavo Paravizo Mira)

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