Gigantes tecnológicos: por dónde viene la regulación

Si algo queríamos este año, precisamente, era dejarlo atrás lo antes posible. Ha sido el peor de los que recordamos. La pandemia se ha llevado por delante miles de vidas y ha generado un shock en la economía mundial difícilmente comparable. Tanto, que ha obligado a los países a centrar todos sus esfuerzos en mitigar el devastador impacto sobre las empresas y trabajadores. El Banco de España estima que entre el 6% y el 10% de las compañías serán inviables tras la crisis. Es una tendencia global, salvo para un selecto grupo de corporaciones: los conocidos como gigantes tecnológicos, los grandes beneficiarios de que la pandemia haya acelerado la digitalización más de cinco años.

Las acciones de Netflix se han disparado más del 60% desde principios de año; Amazon ha subido un 70% en Bolsa y Facebook ha aumentado casi un 15% sus usuarios (más de 2.700 millones de personas), duplicando sus ganancias con respecto al mismo periodo del año anterior. Y lo que para muchos era un éxito del mercado innovador empieza ya a resultar un exceso. En un entorno competitivo, lo lógico sería que surgieran alternativas, pero por alguna razón estas grandes compañías no tienen quien las haga sombra. ¿Está fallando la regulación o está faltando?

Apple, Microsoft, Amazon, Google (Alphabet) y Facebook suman cinco trillones de dólares en capitalización bursátil. Por ponerlo en contexto, el PIB español sería el equivalente a 1,5 trillones; lo mismo que vale Microsoft.

Infografía: La era de los gigantes tecnológicos | Statista

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Estos cinco gigantes generan el valor de una cuarta parte del S&P500 (500 grandes empresas que cotizan en las bolsas Nyse o Nasdaq). Este índice captura aproximadamente el 80% de toda la capitalización de mercado en Estados Unidos. No veíamos algo así desde la burbuja del puntocom del 99.

A pesar de la tecnoaceleración a la que estamos asistiendo, hay una suerte de consenso generalizado sobre la necesidad de establecer límites a su poder a ambos lados del Atlántico y más allá.

Ni siquiera la salud pública genera, en Estados Unidos, este nivel de acuerdo entre demócratas y republicanos. Recientemente, casi todos los estados han presentado una demanda contra Facebook por perjudicar a la competencia. En palabras de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, «durante casi una década, Facebook ha utilizado su dominio y poder monopolístico para aplastar a rivales y acabar con la competencia, y todo a expensas de los usuarios». Es el caso más importante en 20 años. En aquellos tiempos, Microsoft fue acusada de prácticas monopolistas y tuvo que reorganizarse.

Parece que hay apetito en Estados Unidos contra las poderosas tecnológicas, porque desde el Departamento de Justicia (DoJ) hasta la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) pasando por estados de ambos partidos, en las diferentes semanas se ha acusado a las big tech de: 1) abuso de posición dominante («Google tiene un poder prácticamente ilimitado sobre el tráfico de búsquedas en internet»); 2) prácticas contrarias a la competencia («Facebook mantiene una conducta anti-competitiva y métodos de competencia desleal»); 3) dañar a los competidores siguiendo una política de «comprar o enterrar»; y en general, 4) de perjudicar al mercado.

No parece que en Estados Unidos pretendan ni propongan nuevas regulaciones, sino aplicar las existentes. En último lugar, se plantea algo que hace años hubiera sido impensable: trocear. Recordemos que, durante el verano, los demócratas de la Cámara de Representantes publicaron un informe antimonopolio tecnológico donde se proponía, entre otras cuestiones, que las plataformas dominantes separaran sus líneas de negocio.

Al mismo tiempo, China comienza a dar sus primeros pasos en esta misma dirección. Hace no mucho frenaba la salida a Bolsa de la compañía de servicios financieros Ant Bank, matriz de Alipay y controlada por el ecommerce Alibaba. La operación iba a ser la mayor OPV (Oferta Pública de Venta) de la Historia (37 billones de dólares). Alibaba y su rival Tencent controlan más datos personales en China que los Faang (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google), y el Partido Comunista Chino piensa que, para monopolios, los del Estado. Ha puesto a Alibaba bajo investigación anti-monopolio porque consideran que “los esfuerzos para prevenir prácticas monopolísticas o anti-competitivas son requisitos para mejorar el sistema socialista de economía de mercado». Trabaja ya en el borrador de una nueva Ley Anti-monopolio.

En el querido (y recién amputado por el Brexit) Reino Unido también están determinados a tomar las riendas sobre los gigantes tecnológicos, y ya han anunciado un nuevo régimen de competencia para éstos. Dicho régimen busca ofrecer más opciones a los consumidores, más control sobre sus datos y garantizar que las empresas reciben un trato justo. Existe un consenso creciente de que la concentración de poder en un pequeño número de empresas tecnológicas está frenando el crecimiento en el sector, reduciendo la innovación y, potencialmente, generando impactos negativos en las personas y empresas que dependen de ellas. Para ello, se crea una nueva agencia encargada de regular específicamente a las grandes empresas tecnológicas como Google y Facebook. Esta nueva agencia, denominada Unidad de Mercados Digitales (DMU), se ubicará dentro de la Autoridad de Competencia de Mercados (CMA) ya existente.

(Este análisis forma parte del ciclo ‘Ojo al Dato’, que produce Agenda Pública para la Fundación «la Caixa»)

Por último, la vieja Europa cuenta con una larga trayectoria como impulsora de políticas anti-monopolio. Han sido numerosas las multas que ha impuesto a los gigantes tecnológicos; por ejemplo, por un importe total de 8.257 millones de euros a Google en tres ejercicios. En realidad, es poco para cambiar la conducta de una compañía que, durante ese mismo periodo, ingresó 323.000 millones de euros. En Europa se sabe que la solución no vendrá únicamente en nombre de la competencia, sino que la era digital trasciende el espacio economicista del mercado y son necesarias nuevas normas para adaptarse a las nuevas realidades.

Por eso mismo, la Comisión lleva tiempo trabajando en una regulación adaptada a la era digital (recordemos que la Directiva de comercio electrónico tiene más de 20 años) y ha propuesto nuevas normas aplicables a las plataformas digitales: la norma sobre estos servicios (DSA), que pretende responsabilizar a las plataformas sobre sus contenidos, y la referida a los mercados digitales (DMA), para establecer un terreno de juego equilibrado. Lo que se pretende garantizar con ellas es que, como usuarios, tengamos un acceso seguro a una amplia gama de productos y servicios, y que las empresas que operan en Europa puedan competir libre y equitativamente en el ámbito digital de la misma manera que lo hacen en el analógico. En definitiva, ha propuesto un primer paquete de medidas armonizadas que incluye obligaciones ex ante, mejor supervisión, una ejecución ágil y sanciones disuasorias para que cualquier persona que ofrezca y utilice servicios digitales en Europa tenga garantizadas la seguridad, la confianza, la innovación y las oportunidades en el ámbito empresarial.

La ciudadanía opina que se deben tomar medidas en este sector. Más del 70% de los norteamericanos cree que tienen demasiado poder, que influyen en la política y que hace falta más regulación. Parece que comienza a despertarse una conciencia global sobre la gravedad que supone el enorme poder que han acumulado las big tech. Estados Unidos litiga en nombre del anti-monopolio, Reino Unido establece nuevos organismos de vigilancia, China propone nuevas leyes y Europa actualiza su legislación. Se están asentando los cimientos de un nuevo tiempo para internet.

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