Guerra doble: del comercio al mercado de divisas

En una escalada de tensión sin precedentes en los últimos años, el Tesoro estadounidense ha designado a China como “manipulador de divisas”. Esta designación, que no tiene ningún efecto práctico, solo puede servir para justificar nuevos incrementos de aranceles a los productos chinos, desatando una guerra total entre las dos mayores economías del mundo que podría tener un efecto devastador en la economía mundial. Pero, ¿cómo se ha llegado hasta aquí?

Cabe remontarse a comienzos de abril del 2017. El presidente de EE.UU., Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunieron en el complejo Mar-a-Lago (Palm Beach, Florida) con el objetivo de redactar un plan de acción que pusiera fin a las diferencias existentes entre los países en materia comercial. Un mes después, se llegó a un primer acuerdo por el cual China otorgaría a las empresas estadounidenses un mayor acceso a sus mercados agrícolas, energéticos y financieros y EE.UU. les daría permiso para vender aves de corral en suelo americano. Sin embargo, casi un año después, la administración Trump puso un arancel del 30% a la importación de paneles solares a todos los países del mundo (con la excepción de Canadá) y un arancel del 20% a la importación de lavadoras. La medida fue complementada con un arancel del 25% a las importaciones de acero y un 10% a las importaciones de aluminio, en marzo de ese mismo año, afectando especialmente a China y a la Unión Europea.

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La respuesta del país asiático no se hizo esperar y subió sus aranceles a las importaciones de 128 productos estadounidenses entre un 15 y un 25%. Desde entonces, los dos países han estado enfrascados en una guerra comercial mediante nuevas medidas de incremento de aranceles a diversos bienes importados. A ello se le añaden los ataques de Trump a las compañías tecnológicas chinas (aunque parece que Huawei no se ha resentido, de momento) y la amenaza de dejar de considerar a China como un país en vías de desarrollo.

A pesar de las negociaciones entre ambos países y las reuniones bilaterales llevadas a cabo para frenar la tensión– China suspendió el aumento de algunos aranceles como gesto de buena voluntad –, el 5 de mayo de 2019 Trump volvió a amenazar al país asiático y días después, EE.UU. incrementó los aranceles del 10 al 25%. Las negociaciones se retomaron en los meses ulteriores (EEUU había eximido a 110 productos chinos del incremento de los aranceles) hasta que Trump ha desatado una tormenta sin precedentes. El presidente norteamericano ha anunciado que EE.UU. impondrá un arancel del 10% a importaciones de productos chinos que podrían alcanzar una cuantía de 300.000 millones de dólares (una cuarta parte del PIB de España). La tormenta ha arreciado con el movimiento de la República Popular China, que ha permitido que el valor de su moneda cayera a un nivel que no se veía desde abril de 2008, rompiendo la barrera de los 7 yuanes por dólar (véase figura 1). La reducción del valor del yuan con respecto al dólar permite a China abaratar sus exportaciones, compensando, en parte, el aumento del precio de sus productos derivado de la imposición de nuevos aranceles.

Figura 1. Tipo de cambio yuan/dólar

Fuente: Reserva Federal de Sant Louis (FRED).

El jaque del país asiático ha provocado que el secretario del Tesoro estadounidense, Steven T. Mnuchin, basándose en la Ley Omnibus de Comercio Exterior y Competitividad – aprobada por el Congreso estadounidense bajo la presidencia de Ronald Reagan en 1988 –, haya declarado a China como un país “manipulador de divisas”, algo que ocurrió por última vez hace 25 años. Además, se ha instado al Fondo Monetario Internacional (FMI) a intervenir al haber obtenido China una “ventaja competitiva injusta”. El movimiento del alfil de Trump, si bien no tiene efectos prácticos, serviría para justificar nuevos incrementos de aranceles a las importaciones de bienes chinos.

En un comunicado, el Banco Popular de China (el banco central del país) ha expresado que no han manipulado su divisa y que la declaración del Tesoro americano es un “acto de unilateralismo y proteccionismo que socava las reglas internacionales y que puede tener efectos perniciosos en la economía global”. Han argumentado que el yuan sigue un régimen de flotación controlado cuyo valor se basa en la oferta y la demanda de la moneda, así como en la referencia a una cesta de divisas.

La escalada de la tensión provocó ayer abruptas caídas de la bolsa europea y, especialmente, de la estadounidense, que continúa con una alta volatilidad desde que la Reserva Federal (Fed) bajó los tipos de interés hace una semana. Asimismo, Trump ha hecho un llamamiento a la Fed – volviendo a comprometer la independencia del banco central – para que actúe, pudiendo comenzar una guerra de divisas de la que ningún país saldría bien parado. En una guerra de divisas, los países procuran que el valor de su moneda con respecto a otras divisas se reduzca. La principal consecuencia es un aumento de la competitividad de las exportaciones, al abaratarse. Pero a su vez, las importaciones se vuelven más caras y se pueden producir salidas de capitales.

Si la guerra comercial entre China y EE.UU. está desestabilizando la economía mundial a ritmos importantes, una guerra de divisas entre ambos países tendría consecuencias muy nocivas tanto para los países emergentes como para la Unión Europea y Japón.

Por un lado, la depreciación del dólar, aunque aliviaría a los países emergentes endeudados en dólares, reduciría su competitividad (muchos de ellos poseen economías muy orientadas a la exportación) y podría crear una burbuja en sus economías al atraer capitales que buscan una mayor rentabilidad. Por otro lado, la Unión Europea y Japón apenas tienen margen para poner en marcha maniobras de defensa de sus monedas. Una guerra doble no beneficia a nadie y sus efectos colaterales pueden provocar una recesión global.

En la guerra de divisas, Trump se sabe vencedor desde hace tiempo. China no puede continuar devaluando su moneda, a menos que quiera que se produzca una fuga de capitales masiva. Además, la nación de Asia oriental dañaría las relaciones que tiene con la UE y con otros socios comerciales que gozan de buena salud tras las hostilidades de Trump a prácticamente todos los países del globo terráqueo. Su reputación como uno de los principales actores del nuevo orden económico internacional está en riesgo. Veremos pues, cuáles son los siguientes movimientos en los albores de esta guerra doble. El tablero está listo, y las piezas se mueven.

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