¿Hacia una candidatura unitaria de izquierdas en Francia?

A poco más de 17 meses para las próximas elecciones presidenciales en el país galo, asoma una cuestión cada vez más concreta: ¿habrá candidatura unitaria de izquierdas en 2022? No son pocos los elementos a tener en cuenta ante esta eventualidad: desde un programa electoral común hasta un comportamiento del electorado potencial que es una total incógnita a estas alturas, pasando por las disputas de liderazgos. Sin embargo, existen varios elementos que harían potencialmente factible esta hipótesis. A continuación, se analizan tanto las ventajas como los inconvenientes electorales de una candidatura común en la izquierda francesa.

La cuestión de la unión viene originada por dos elementos electorales colocados recientemente encima de la mesa. Por un lado, la evolución de las encuestas en lo que llevamos de legislatura: en los más de tres años que lleva Emmanuel Macron en la Presidencia francesa se pueden observar alineamientos electorales que pre-configuran un escenario de enfrentamiento entre éste y Marine Le Pen todavía más claro que en las comicios de 2017. Esta rivalidad se complementa con el paulatino retroceso electoral de las fuerzas de izquierda separadas, con la única excepción de unos verdes en estado de gracia.

En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, los resultados de las últimas elecciones municipales del pasado junio: en ellas, los ecologistas, en coalición en muchas ciudades importantes con socialistas, comunistas e insumisos, obtuvieron resultados muy positivos y sorprendentes. A la Administración verde de Grenoble se le sumaron otras importantes como Lyon, Burdeos o Marsella. 

Ambos elementos (una nula alternativa electoral al dúo Macron/Le Pen y una sinergia victoriosa en las municipales) han suscitado ensayos, artículos y mensajes en favor de una convocatoria de unidad entre las tres fuerzas principales de izquierda: Francia Insumisa (FI), Partido Socialista (PS) y Los Verdes (EELV). La miel en los labios la representan los apoyos electorales que, de media, obtendrían hoy los candidatos de dichas formaciones: 11% para Jean-Luc Mélenchon (FI), 8% para Yannick Jadot (EELV) y 5% para Olivier Faure (PS); unas cifras que sumadas representarían un 24% más que digno para competir con las cifras de Macron y Le Pen (25% en el promedio de encuestas actual).

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Pero sabemos que no siempre las sumas en política son tales. Un buen ejemplo nos lo dan las últimas encuestas de Ifop, en las que se ilustra el posible escenario de candidatura unitaria con tres distintas cabezas visibles de izquierda: Anne Hidalgo (alcaldesa de París, por el PS), Jadot y Mélenchon. La intención de voto en cualquiera de las tres opciones no es nada halagüeña para la izquierda: sólo obtendrían entre el 13% y el 15%. ¿Qué está ocurriendo para que dichas fuerzas en solitario estén en el 24% y juntas no superen el 15%?

En pocas palabras: poco trabajo de unión y mucha incompatibilidad. Los datos de los últimos informes de Ipsos (de septiembre) aportan varias explicaciones a esta eventual candidatura que intentaría aunar fuerzas totalmente dispares en muchos aspectos.

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No obstante, hay asuntos importantes en los que las tres formaciones comparten posiciones similares. Son las relativas a la cuestión feminista, la inmigración, la religión y el papel que el Estado debe tener en la economía, todas ellas por encima de la media francesa. Así, más del 70% de los electores de estos partidos considera que vivimos en una sociedad patriarcal y, aunque exista menos consenso acerca del papel del movimiento feminista, los tres creen mayoritariamente que está actuando de forma correcta. Lo mismo ocurre con la inmigración y la religión, que, aun siendo dos cuestiones que polarizan al electorado francés las tres fuerzas, consideran 1) que reducir el número de inmigrantes no disminuirá el número de desempleados; y 2) que el islam es una religión pacífica. Un último elemento es la creencia de que el Estado debe tener un rol más predominante en la economía, aunque aquí ya empezamos a atisbar ciertas diferencias, con Los Verdes bastante más proclives que el Partido Socialista y Francia Insumisa.

En este aspecto, resulta interesante observar cuáles son las principales preocupaciones que tiene cada electorado de la izquierda. En el siguiente gráfico podemos ver cuatro de ellas. En todas menos en la relativa al medio ambiente, es la Francia Insumisa la formación más sensibilizada con estos problemas. Es el caso, especialmente, de la desigualdad social (60%), las dificultades adquisitivas como el salario o los impuestos (53%) y el sistema social (sanitad, pensiones, etc., un 68%). Las demás fuerzas, Los Verdes y Socialistas, se encuentran a una significativa distancia. Únicamente están más concienciados con el medio ambiente (68%) los ecologistas, aunque las otras dos no tengan posiciones contrarias. Esto, como se verá a continuación, también entraña un conflicto sobre cómo atajar el cambio climático.

Por lo tanto, ya se pueden ir atisbando cuáles pueden ser las principales disonancias entre las izquierdas francesas. Primeramente, el mercado laboral y la cuestión económica. Cuando son preguntados por la solución para mejorar el mercado laboral, el electorado de la Francia Insumisa (principalmente) y del Partido Socialista tienen bastante claro que lo más importante es reforzar la protección de los salarios; no así Los Verdes, que se encuentran divididos entre esta última opción (57%) y aumentar la flexibilidad laboral (34%).

Esta correlación cambia cuando tienen que decidir qué sacrificar para hacer frente a la emergencia climática. Todas las fuerzas ven plausible modificar para ello su forma de vida (77%, 91% y 83%, respectivamente), pero los porcentajes empiezan a cambiar si atajarla supone sacrificios económicos para los ciudadanos y empresas francesas. Solamente Los Verdes tienen clara esta opción (74%), no tanto Francia Insumisa (54%) y el Partido Socialista (56%).

También hay una fuerte incongruencia respecto a la democracia y la cuestión ideológica. Mientras que tanto socialistas como ecologistas apuestan decididamente por la democracia como el mejor sistema posible, los electores de Francia Insumisa no, con porcentajes (56%) casi idénticos a los del Frente Nacional (ahora Agrupación Nacional, con el 55%). Lo mismo ocurre respecto a los políticos, con una posición bastante mayoritaria entre los de Mélenchon respecto a considerarlos a todos corruptos (79%), también en sintonía con los de Le Pen (83%). Esto subraya el cariz altamente impugnatorio que tiene FI, y que lo aleja de sus compañeros ideológicos

Por último, la ideología, epígrafe en el que son Los Verdes los que se diferencian. La vigencia de las nociones de izquierda y derecha para entender la política en Francia es una posición minoritaria en Francia (29%), pero tanto socialistas como insumisos siguen apostando más por ella que los ecologistas. Esto adquiere mayor relevancia cuando la pregunta es si existen diferencias ideológicas a la hora de actuar y legislar sobre políticas.

Sin embargo, existe un asunto que marca la principal diferencia entre la Francia Insumisa y los ecologistas y socialistas: la Unión Europea. Los votantes del partido de Mélenchon son, después de Agrupación Nacional, los que menos confían en la UE, y muy por detrás de las otras dos formaciones de izquierda. Además, cuando son preguntados por la correlación de fuerzas Estado-Unión, los de FI abogan claramente por aumentar los poderes de Francia, aunque esto repercuta en un debilitamiento europeo. De forma similar, más de la mitad de su electorado ve la pertenencia a la Unión como algo negativo.

Es éste el aspecto que más separa a los partidos de izquierda de un posible entendimiento futuro de cara a las presidenciales de 2022. Un conjunto de diferencias que, en su conjunto, constituyen una serie de rechazos difícilmente conjugables. Por ejemplo, tanto verdes como socialistas consideran a Francia Insumisa un partido de extrema-izquierda (66% y 67%) y un porcentaje significativo (38& y 45%, respectivamente) entienden que es peligrosa para la democracia.

No es el único choque de imagen. Tanto los socialistas (38%) como los insumisos no creen que los ecologistas sean capaces de gobernar el país (44%). Esto está íntimamente unido a una fuerte colisión de valores, entre el optimismo de verdes y socialistas y el pesimismo anclado en el pasado de la FI: más de la mitad de los dos primeros cree el futuro de Francia estará lleno de oportunidades; entre los insumisos, sólo un 35%, mientras que un 83% de ellos declaran inspirarse en valores del pasado.

Existe, no obstante, un elemento central en todo intento de unidad: el candidato o candidata. y, a este respecto, Ipsos también ha preguntado por consensos y desavenencias. Hay un nombre que se repite en las primeras posiciones tanto entre el electorado general francés como en el auto-ubicado en la izquierda: Anne Hidalgo, alcaldesa de París por el Partido Socialista. Aunque entre la izquierda Benoît Hammon (ex candidato del PS en 2017) sale algo mejor parado, es Hidalgo la que destaca entre los suyos y la población general, con un 61% entre la izquierda y un 37% entre todos los franceses. Y aún más importante, la alcaldesa de la capital aparece entre las opciones favoritas de las tres formaciones de referencia en este análisis. 

Existen otros datos destacables, como el poco rechazo que genera Jadot (Los Verdes) y el elevado de Mélenchon. Aunque sus porcentajes favorables sean positivos, el desconocimiento del primero y el rechazo del segundo hacen difícil la labor de sumar apoyos más allá de sus propias plataformas partidistas. 

En definitiva, existe un largo y duro trabajo que hacer si las distintas fuerzas de izquierda quieren llegar a una candidatura unitaria para 2022. Las primeras encuestas que incluyen este escenario confirman que no basta con aspavientos mediáticos, es necesario trabajar en programas y líderes. En el primer aspecto, será difícil conjugar las posiciones radicales de Francia Insumisa en materia económica y de sistema con las templadas del Partido Socialista, o la importancia que ecologistas confieren al aspecto ambiental. Y, en el segundo, asoma un problema de personalidades todavía más complicado de solventar. No parece que ninguno de los personajes destacados de la izquierda actual sea capaz de unir y ensanchar, más si cabe dada la complejidad de la labor que les correspondería a la hora de generar consensos tan amplios que desborden sus propios partidos y siglas. 

De nuevo, parece que Baron Noir ya se adelantó a nuestro tiempo a la hora de mostrar las vicisitudes de cualquier intento de unión de la izquierda. Es muy difícil, pero todavía hay tiempo. La constatación de la inviabilidad de dicha unidad sería la confirmación, al mismo tiempo, de que Macron volverá a enfrentarse a Le Pen sin una alternativa por la izquierda que atraiga y tenga opciones reales.

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