Impuestos a la aviación para acelerar la transición energética en España

El Parlamento suizo llegó finalmente, el pasado 10 de junio, a un consenso sobre su ley de CO2 para fijar un objetivo más ambicioso de reducción de emisiones en línea con el Acuerdo de París. El acuerdo incluye, entre otras medidas, un impuesto a los billetes de avión. Este nuevo tributo ambiental se aplicará a todos los vuelos que tengan como origen Suiza y variará entre 28 y 110 euros adicionales por billete (dependiendo de la clase y la distancia del vuelo). Con esta medida se busca desincentivar el uso del transporte aéreo, en particular en trayectos de corta distancia, reduciendo las emisiones de CO2 en este sector y contribuyendo de esta forma al cumplimiento de los nuevos objetivos de descarbonización establecidos.

Las emisiones globales del sector de la aviación no paran de crecer, tanto en términos absolutos como en relación a las emisiones totales, y suponen anualmente más del 5% de las emisiones de gases de ‘efecto invernadero’ en España. Este aumento es debido, en parte, a la falta de incentivos para incorporar energías renovables en esta industria y a las ventajas fiscales que presenta frente a otros medios de transporte. Resulta difícil de entender que el queroseno para la aviación esté exento de pagar el impuesto de hidrocarburos en la Unión Europea y que muy pocos países europeos apliquen algún tipo de impuesto sobre los vuelos a nivel internacional. Además, y según datos de la Comisión Europea, los países en los que el único tributo es el IVA, éste es de tipo reducido.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Es cierto que hay iniciativas a nivel internacional para limitar el incremento de emisiones de este sector pero su aplicación es, de momento, muy laxa. En la Unión Europea, por ejemplo, los vuelos intra-comunitarios están incluidos en el Comercio de Emisiones (ETS) desde el año 2012. No obstante, gran parte de los derechos de emisión de las compañías de aviación que operan en el ETS se otorgan de forma gratuita (un 82% en 2016).

En ausencia de medidas comunes a nivel internacional, son ya varios los países europeos (Alemania, Francia y Suecia entre ellos) que han incorporado a nivel nacional algún impuesto ambiental a la aviación. El país germano ha duplicado los impuestos en los vuelos de corto recorrido, pasando de seis a 13 euros por billete si es hasta 2.500 kilómetros, de 10 a 33 euros para vuelos de hasta 6.000 kilómetros y de 41 a 59 euros para los de largo recorrido. Francia cobra una ecotasa de entre 1,5 y 18 euros a todos los billetes de avión, y Suecia carga un plus ecológico por billete vendido de entre seis y 39 euros. Su objetivo es, por un lado, reducir las emisiones de un sector en continuo crecimiento y, por otro, fomentar la utilización de otros medios de transporte más sostenibles.

De hecho, la recaudación generada por estos impuestos ambientales está siendo utilizada para acelerar la transición energética. Por ejemplo, en Alemania y Francia se está empleando para fomentar el desarrollo del ferrocarril, y en el caso de Suiza casi la mitad de lo recaudado por este concepto se destinará a un fondo para financiar iniciativas dirigidas a reducir las emisiones.

En España no existe imposición fiscal sobre los billetes de avión a los pasajeros, y únicamente se impone un IVA del 10% en los vuelos nacionales (con algunas excepciones), mientras que el impuesto a la electricidad y a otros muchos bienes básicos es del 21%. La introducción de un impuesto a la aviación en España podría ser una excelente vía para financiar la recuperación económica y ayudaría a reducir las emisiones en este sector. Además, parte de su recaudación podría utilizarse para fomentar el cambio modal hacia el ferrocarril y para ayudar a la industria en su transición hacia un mundo bajo en carbono; por ejemplo, mediante la producción de combustibles sintéticos a partir de hidrógeno verde. Mientras no existan otras medidas más efectivas y coordinadas a nivel internacional, la incorporación de este nuevo tributo podría ser una buena forma de acelerar la transición energética en España y de que la aviación contribuya, junto con el resto de sectores, a reducir de una manera eficiente sus emisiones de gases de efecto invernadero.

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Aunque muchas compañías aéreas atraviesan en estos momentos una situación financiera delicada debido a la fuerte reducción de la demanda provocada por la crisis sanitaria, la recuperación económica y el cumplimiento de los compromisos climáticos son compatibles si se lanzan las señales adecuadas. La incorporación de un impuesto ambiental a los billetes de avión sería una clara de la apuesta por reducir las emisiones en esta actividad, una apuesta por el crecimiento sostenible, por la creación de empleo en sectores de futuro, y en general, por construir una sociedad más resiliente a los impactos que puedan venir en un futuro.

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