Interconexiones eléctricas: ganan las renovables y gana el consumidor

Entre otras cosas, el Ministerio de Transición Ecológica prevé importantes inversiones en interconexiones eléctricas para facilitar la transición energética y fortalecer el mercado único (europeo) de la energía, con mención expresa, tal como recoge el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), a las interconexiones con Portugal y Francia.

Sin duda, la transición energética constituye una importante apuesta de futuro para la sociedad española. Por eso, y porque el compromiso del Gobierno de España es firme con los objetivos marcados por la agenda climática del Acuerdo de París, la hoja de ruta energética nacional busca impulsar la inversión en este ámbito, situando a España a la vanguardia de las tecnologías limpias, lo que debe constituir un importante activo económico de cara al futuro. 

Se prevén inversiones importantes en el ámbito de las energías renovables y de la eficiencia energética, pero también en el de las interconexiones en España y con Europa; enlaces que permitirán fortalecer, como señala el PNIEC, el mercado interior de la energía. Así, la nueva interconexión con Portugal aumentará la capacidad de intercambio hasta los 3.000 MW y las nuevas interconexiones con Francia, hasta los 8.000 MW.

Nadie parece dudar en nuestro país de la necesidad de impulsar las energías limpias y facilitar la integración de renovables. Sin embargo, de vez en cuando se alzan voces que cuestionan las interconexiones eléctricas. La última, a raíz de una resolución reciente, y conjunta, de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y la Comisión Francesa de Regulación de la Energía (CRE) sobre la interconexión gasista entre Francia y España. 

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

Más allá de lo sucedido con esta infraestructura gasística, y como a menudo ocurre en otros debates, en éste se cruzan opiniones sesgadas por convicciones, o por intereses, creencias que parecen querer imponerse a los datos. 

Los proyectos de interconexión entre países son decisiones de Estado, instrumentos de cooperación o de integración de mercados y, por tanto, buscan el interés general y no el particular de los operadores del sistema eléctrico, con independencia que la ejecución de las mismas recaiga en Red Eléctrica de España (REE). 

Balance coste-beneficio

Además, en el caso de las interconexiones entre países de la UE el proyecto de interconexión sólo verá la luz si el balance de costes y beneficios, determinado conforme a una metodología aprobada por la Comisión Europea, es positivo y cuando las respectivas autoridades reguladoras y gobiernos den luz verde al proyecto. Éste es el caso del próximo proyecto de interconexión con Francia a través del golfo de Vizcaya. Una obra de ingeniería que costará 1.750 millones de euros y que ha recibido la mayor subvención de la UE en este campo, 578 millones.

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Sobre la base de estos datos, se afirma que las interconexiones son caras. Es cierto que para reducir el impacto visual asociado a las grandes líneas aéreas, los proyectos de interconexión recientes requieren de elevadas inversiones (líneas soterradas, cables submarinos y estaciones para convertir la corriente alterna en continua y viceversa). 

Pero la cuestión esencial no es si son caras, sino si son o no rentables y para quién. Para responder a esa cuestión, que es la única realmente relevante, no basta con tener en cuenta solamente el coste de los proyectos, pues lo que ha de valorarse, como en cualquier decisión de inversión (que adopta el Gobierno y autoriza la CNMC) es el balance entre costes y beneficios. 

El último refuerzo de la interconexión con Francia fue la línea Santa Llogaia- Baixas, que se puso en servicio en 2016. Veamos en un ejercicio simplificado si ésta ha sido o no beneficiosa para el consumidor español. La inversión requerida fue de aproximadamente 700 millones de euros y permitió duplicar la capacidad de intercambio entre los dos países. 

La inversión se repartió a partes iguales entre los dos operadores, el francés RTE y el español REE. Es decir, REE invirtió aproximadamente 250 millones de euros, teniendo en cuenta la subvención recibida de los fondos europeos, que le serán devueltos por los consumidores españoles a través del pago de los peajes (factura eléctrica) en unas 40 anualidades y con un interés moderado.  

Redondeando, el consumidor español pagaría con cargo a la parte de peajes de su factura eléctrica unos 20 millones de euros al año -cifra promedio a lo largo de esos 40 años-  por disponer de una nueva línea de interconexión.  ¿Qué ingresos obtiene a cambio? Éstos son dos, de naturaleza e importe diferentes: 

Los consumidores salen ganando

Por una parte, las rentas de congestión. Cuando la interconexión se satura (algo que en 2018 ocurrió el 75% de las horas en el sentido importador hacia España) aparece una renta denominada de congestión, que es el producto de la magnitud del flujo de energía a través de la misma (valor limitado por la capacidad técnica de la interconexión) y la diferencia de precios de la electricidad a un lado y a otro de la interconexión. Esta renta alcanzó en 2018, y en números redondos, 200 millones de euros, de los que 100 millones correspondieron a España. La CNMC ingresó esta cantidad en el sistema de liquidaciones, y el efecto de este ingreso fue el de contribuir a la contención de los peajes que sufragan los consumidores españoles en esa misma cuantía. 

De forma muy simplificada, si la interconexión Santa Llogaia-Baixas supuso duplicar la capacidad de la interconexión entre España y Francia,  su contribución a la reducción de los peajes que pagan los consumidores españoles fue la mitad de la renta de congestión, es decir, 50 millones de euros en números redondos. 

Si esta línea no llevara asociados otros ingresos, podría decirse que a cambio de un pago de 20 millones de euros anuales, el consumidor español percibe unos ingresos de 50 millones de euros ese mismo año. Pero sí los lleva.

Me refiero a la reducción de los precios de la energía en el mercado. La interconexión puede verse como un gran generador al otro lado de los Pirineos que, cuando hay congestión en la interconexión en sentido de Francia hacia España, tiene unos costes de producción inferiores a los de una parte de los generadores en el lado español, a los que desplaza en el mercado por ser más barato. Éste es el efecto de la competencia en cualquier sector, y el eléctrico no es una excepción: la oferta de energía más barata desde exterior tiene el efecto de reducir el precio de la energía en España

El monto total de la reducción del precio marginal del mercado español por efecto del incremento de capacidad de intercambio que supuso la entrada en funcionamiento de la línea Santa Llogaia-Baixas se puede estimar y fue, en 2018, de 120 millones de euros también en números redondos. Así pues, podría afirmarse que a cambio de 20 millones de euros al año que de promedio paga el consumidor español, estaría recibiendo un retorno de 170 millones de euros en cada ejercicio, vía reducción del precio de los peajes y del precio de la energía. 

Es cierto que este análisis puede cuestionarse por la inevitable simplificación de las cifras y porque lo son de un año y no es verosímil proyectarlas cuatro décadas. Sin embargo, sí permiten concluir que, para el consumidor español, los beneficios asociados a la inversión que hace REE para construir la línea Santa Llogaia-Baixas permitirían su recuperación en dos años.

¿Y qué pasa cuando se exporta energía a Francia? Cuando se exporta a través de la interconexión ocurren cosas distintas y el beneficiario no es directamente el consumidor, sino los generadores ubicados en España (todos, incluidos los renovables), tanto por los precios que perciben por la energía que producen, que son superiores a los que ingresarían en ausencia de interconexión, como porque ésta posibilita la integración de energías renovables, es decir, contribuye eficazmente a reducir vertidos de esta fuente. Estos vertidos que la interconexión evita redundan en un mejor aprovechamiento de las instalaciones renovables, instalaciones que también paga el consumidor. 

Evidentemente, los precios que en ese escenario paga el consumidor español resultarán más elevados que si la interconexión no existiese, pero serán en general bajos, porque reflejarán una situación de exceso de producción de energía renovable de coste variable muy reducido.

Por otro lado, y para ahondar en los beneficios, la interconexión entre España y Francia estuvo en 2018, como ya se ha señalado, saturada en el sentido importador hacia España el 75% de las horas del año debido a que la diferencia de precios de la electricidad entre Francia y España (más cara en nuestro país) fue elevada, ligeramente superior a 9€/MWh en promedio.  

Esta diferencia se traduce, por ejemplo, en que las empresas españolas tienen que pagar una electricidad más cara que sus competidoras al otro lado de los Pirineos y, por tanto, se encuentran en desventaja competitiva. Este hecho no es una afirmación gratuita: recientemente, el secretario general de Aege, asociación que agrupa a las empresas con grandes consumos eléctricos, se refería a la deslocalización silenciosa de la industria ‘electro-intensiva’ española, en parte debida al diferencial de precios de la electricidad con respecto a nuestros competidores europeos. Empleos, conocimiento y oportunidades para nuestros jóvenes que se pierden. 

Éstos son hoy los hechos. Hasta la entrada en funcionamiento de la línea Santa Llogaia-Baixas en 2015, que supuso que la capacidad de intercambio eléctrico entre España y Francia se duplicase, esta diferencia de precio era de 16,5€/MWh de promedio. Así pues, esta línea ha contribuido a estrecharla entre España y Francia; esto es, a mejorar la competitividad de nuestras empresas y a contener la factura que pagan las familias españolas.

Evitar los vertidos

Por último, es frecuente escuchar argumentos sobre la existencia de una elevadísima sobrecapacidad en España. Lo que estos argumentos ignoran es que una gran parte de esa potencia instalada no está disponible en las condiciones en las que se registran las máximas demandas de electricidad, esto es, en situaciones de anticiclón invernal y por la noche, mínimos de temperatura y mínimos de producción renovable. La realidad es que en 2017 la capacidad de generación instalada capaz de abastecer la punta de demanda en esas situaciones extremas fue un 27% superior a la potencia demandada, siendo el 10% un valor mínimo de referencia que se considera aceptable en términos de seguridad del suministro. 

La transición energética llevará aparejado el cierre de las centrales térmicas de carbón y el cierre escalonado de las nucleares en las dos próximas décadas. Así pues, la situación actual de holgura en cuanto a potencia firme disponible evolucionará hacia márgenes más estrechos a mediados de la próxima década y más aún a finales de la misma. 

Por tanto, la situación actual de exceso de potencia firme podría revertirse y en lugar de ser capaces de apoyar a nuestros vecinos como ya lo hicimos en el invierno de 2017, podrá darse el caso en que necesitemos la potencia disponible en el sistema europeo para cubrir nuestras propias necesidades. De esto se trata también el gran proyecto europeo de la Unión de la Energía, de solidaridad y apoyo mutuo, entre estados miembros. A la potencia firme en el sistema europeo tendremos acceso a través de las interconexiones. Por consiguiente, y dado lo dilatado de los plazos de desarrollo de los proyectos de interconexiones, éstos, cuando son necesarios, deben acometerse antes de llegar a escenarios que supongan un riesgo en la seguridad de suministro.

En definitiva, la variabilidad (horaria, diaria, estacional) de una parte muy importante de las fuentes de producción renovables, y su desacoplamiento de la demanda de electricidad, requerirá del desarrollo de sistemas de almacenamiento y de interconexiones para acumular o dar salida a los excedentes de producción renovable y cubrir los déficits de producción a partir de esas fuentes en otros momentos.

Así pues, en ausencia de un desarrollo acorde de redes y sistemas de almacenamiento, una parte creciente de energía renovable no podría integrase en el sistema eléctrico y, por tanto, se desaprovecharía el recurso renovable disponible y parte del esfuerzo realizado para construir esas nuevas instalaciones. 

Volvemos, pues, a encontrar un sentido y una motivación para las interconexiones como un instrumento necesario para alcanzar los objetivos de la transición energética en una dimensión nacional y europea. Los recursos hidrológicos de los países del norte, los eólicos en el Mar del Norte, los solares en los países del sur (entre ellos, España) sólo se pueden poner a disposición del conjunto de los ciudadanos europeos a través de redes europeas suficientemente interconectadas, para permitir que los recursos renovables de Europa estén a disposición de la consecución de los objetivos europeos con el menor coste para los consumidores.

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