Italia y la respuesta europea al COVID-19

“Europa se forjará en sus crisis y será la suma de las soluciones adoptadas en estas crisis”, dijo – y es su frase más famosa – Jean Monnet, uno de los padres de la UE, en 1973. En estas dos primeras décadas del euro deberíamos haber forjado mucho porque hemos tenido cinco crisis: #1 la crisis financiera, importada de los Estados Unidos (2008 – 2010); #2 la crisis del euro (2010 – 2013); #3 la crisis inmigratoria (2015 – 2018); #4 Brexit (2016 – 2020), y #5 la crisis del coronavirus (2020 – …). 

Ciertamente hemos forjado instituciones como el BCE o el MEDE y hemos aprendido lecciones como el ser menos dogmáticos con las normas del Pacto de Crecimiento y Estabilidad, pero la forja aun es débil y esto se siente especialmente en Italia. Estoy de acuerdo con Enrico Letta cuando dice que “para Europa, la crisis del coronavirus es peor que la del 2008 – 2013″ y «decidirá el futuro de Italia en el Unión Europea” (La Repubblica, 15/03/2020; él se refiere a #1 y #2). Es una crisis que en menor o mayor medida esta afectando, o afectará, a todos los ciudadanos de la Unión Europea. Pero, como ya pasó con la crisis inmigratoria, de entrada, han sido los países miembros quienes, por separado, han tenido que parar el golpe. La UE ha sido incapaz de reaccionar a tiempo, todo y que el COVID-19 es democrático en sus formas y ha atacado con fuerza primero al norte de Italia como podía haber atacado a cualquier otra región europea. Pero la primera respuesta, a manos de los dos grandes de la UE, ha sido desleal hasta con un principio básico que ya era parte de la forja europea en tiempos de Monnet: la libre circulación de bienes dentro del mercado único europeo. Como es sabido, Alemania y Francia prohibieron la exportación de mascarillas y material médico, cuando tan necesarios eran en Italia. Para Italia, con el vivo recuerdo de #3, era llover sobre mojado. Ha hecho falta que llegase un avión del gobierno chino con 30 toneladas de material medico (y médicos expertos en el COVID-19) para que Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, convenciese a alemanes y franceses a levantar la prohibición. En cualquier caso, las mascarillas continúan llegando a Italia de la China.

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Mejor tarde que nunca. El 10 de marzo Italia se convierte en el primer país de la UE que se autoimpone las “reglas de Wuhan” – violando, por necesidad, el principio UE de la movilidad. El 11 de marzo Ursula von der Leyen dice “siamo tutti italiani” y promete total flexibilidad fiscal a Italia para que afronte la crisis del COVID-19. De hecho, el gobierno italiano ya se ha tomado esta flexibilidad por su cuenta al pasar una batería muy ambiciosa de medidas que aumentan el gasto (en sanidad, ayudas por la perdida empleo, etc.) y reducen sus ingresos (contribuciones congeladas, moratorias, reducciones de tarifas, vales para la asistencia social e infantil, etc.), ingresos que ya caen por si solos con la reducción drástica de la producción y el consumo que supone el “todos en casa”. En resumen, el déficit posiblemente se situará por encima del 4% del PIB. Mientras tanto, el ‘spread’ de la deuda italiana ha pasado de 134 (21 de febrero, justo antes del brote de coronavirus) a 240 (13 de marzo), con un record histórico de alza diaria el 12 de marzo (hasta 273) a raíz del patinazo de Christine Lagarde “we are not here to close spreads” (continua lloviendo sobre mojado). El BCE reaccionó rápidamente y, de hecho, lo que debía de haber explicado mejor su presidente, eran sus medidas excepcionales frente a la crisis del COVID-19 – mayor liquidez para el sistema financiero (LTROs), apoyo al crédito bancario (TLTROs), compra de activos, mantenimiento de intereses bajos, etc. Estas medidas van a ayudar, pero en una crisis, como la actual, que es de demanda y de oferta, las medidas fiscales son más importantes.

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Es por esta razón que las esperanzas se centran en la reunión de mañana (hoy) del Eurogrupo. No solo tienen que concretar, como políticas, las promesas de la presidente de la UE, sino también definir, más ampliamente, la respuesta fiscal al COVID-19 en la eurozona y, por extensión, la UE. Las medidas que parece van a estar en la agenda son:

  • El reconocimiento de la mayor flexibilidad en las normas fiscales, lo que debería significar que las medidas adoptadas por Italia (y también por España) son una excepcionalidad acordada.
  • La posibilidad de extender la flexibilidad a las ayudas de estado, permitiendo excepcionalmente ayudas a sectores – por ejemplo, turismo y trasporte – especialmente dañados por la crisis.
  • 37 miles de millones de euros destinados a inversiones en sectores y regiones dañados por la crisis.
  • Mil millones de euros que deberían suponer garantías, a través del EIB, para 8 mil millones de ayudas a 100.00 empresas perjudicadas por la crisis-viral.

Bienvenidas sean estas medidas, pero en mi opinión se quedan cortas. Por orden inverso: dado que la crisis se está extendiendo y, seguramente, alargando en Europa, aunque se multipliquen por ocho, mil millones para toda la UE me parece poca cosa, y los 37 miles de millones de inversión no son fondos adicionales, sino simplemente fondos estructurales no, o mal, utilizados — es decir, necesidad y oportunidad no tienen porque coincidir –, por último, la flexibilidad es ciertamente necesaria (solo faltaría que además de estar encerrados en casa la UE en vez de ayudarnos nos multase), pero, como ya he señalado, tiene un coste: aumenta el déficit y la deuda.

Ahora bien, en un periodo, como el de estos últimos años, de tipos de interés bajos, el aumento de la deuda no debería ser un gran problema. En particular, si el tipo real de interés es menor que la tasa de crecimiento (r-g es negativo), entonces la deuda básicamente se absorbe con el crecimiento. Desgraciadamente – y, especialmente, para Italia – tres factores hacen que el crecimiento de la deuda siga siendo un grave problema: i) si bien es cierto que, con una excepción, en estos últimos años r-g ha sido negativo para los países de la eurozona, la excepción es Italia, y no Grecia, lo que es debido a la ayuda del MEDE a Grecia (ver Gráfico 1); ii) que (r-g) sea bajo, incluso negativo, no quiere decir que el coste de la deuda sea bajo, aunque solo se cuente el coste de pagar los intereses (ver Gráficos 2 y 3), y iii) con la crisis, y posible recesión del coronavirus, el periodo del r-g negativo seguramente será historia, no solo en la eurozona.

Gráfico 1. El interés real menos la tasa de crecimiento (r-g) en varios países de la eurozona


Gráfico 2. Los costes de la deuda sobre el PIB (debt service to GDP)

Gráfico 3. El coste de los pagos de los intereses de la deuda soberana sobre el PIB

Es por esta razón que hemos propuesto “un plan de ayuda ante la emergencia económica del COVID-19” que suponga nuevos fondos de la UE para ayudar a los países y regiones perjudicados por la crisis viral que, esta en línea, pero va más allá de lo que está en la agenda del Eurogrupo de mañana (hoy). Sin embargo, el Eurogrupo es, a su vez, el Patronato del MEDE y por lo tanto podría hacer algo que sería una gran ayuda, en particular, para los países que la crisis del coronavirus sucede a su crisis, y recesión, del euro: absorber la deuda extraordinaria del COVID-19. Esto se podría hacer con una “Línea de Crédito de Precaución Condicional (de hecho, de recuperación) PCCL-COVID-19 a la que deberían de tener acceso, al menos, todos los miembros del MEDE (de la eurozona) y para la que la condición única debería ser la transparencia: que todos los gastos y perdidas de ingresos sean realmente debidos al COVID-19.

Para Italia esto supondría que el incremento de la deuda debido al coronavirus, y las medidas adoptadas, no estaría sujeto a los costes adicionales (‘spreads’) que paga su deuda soberana. Se podría hacer todavía mejor con un programe MEDE con deuda a muy largo plazo contingente (pagar más en buenos tiempos y menos, o incluso recibir, en tiempos malos), pero activar a corto plazo por parte del MEDE de un programa PCCL-COVID-19 sería un gran complemento a las medidas ya en agenda, sería darle un aterrizaje europeo al incremento de las ‘deudas coronavirus’ que, de momento, cada uno debe afrontar por su cuenta.

Por último, solo recordar que todas estas medidas – las del BCE, el Eurogrupo, nuestro ‘plan de ayuda’, lo que acabo de proponer – no son suficientes para contrarrestar la desconfianza con la UE que el coronavirus puede generar. Por ejemplo, el programa Erasmus es reconocido como el programa estrella de la UE. Pues bien, en febrero había casi cinco mil estudiantes italianos en España, con la crisis y el cierre de los vuelos entre España e Italia una gran mayoría, que preferiría pasar el “todos en casa” en “su casa”, su Erasmus se ha convertido en un ‘cada uno que se las arregle como pueda’ para salir de la encerrona. Como ya decía Giovanni Boccaccio lo peor de la Peste Negra es su destrucción de la sociedad civil.

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