Jueces ‘del’ y ‘con’ futuro

No cabe duda de que el comienzo del juicio contra antiguos altos cargos del Govern, del Parlament y contra líderes de asociaciones catalanas centra este martes la agenda de los medios. Esto provoca que otros aspectos de la vida pública pasen desapercibidos aunque, en el fondo, expliciten tendencias y opciones estratégicas extremadamente importantes para el futuro del Estado de Derecho en España.

Un ejemplo puede ser la información publicada respecto a la entrega de despachos a los nuevos jueces de la 68ª promoción, que tuvo lugar el 8 de enero fuera de Barcelona por primera vez en más de 20 años. La información sobre el evento destacó, en general, aspectos muy relevantes para la situación que rodea al juicio ya citado. No sería razonable, por eso, criticar ahora el elenco de temas seleccionados por los medios para formar libremente la opinión pública. Resultaba prioritario evaluar las opiniones expresadas por el Rey y por el Presidente del Consejo General del Poder Judicial.

Inevitablemente, con ello quedaron eclipsadas las meditadas palabras del director de la Escuela Judicial, Jorge Jiménez Martín, respecto del contenido de la formación judicial y de las virtudes propias de un juez de nuestro tiempo. Unas palabras que recuerdan, más allá de los ruidos mediáticos y de las tensiones políticas, que este país avanza gracias a que se hace un trabajo muy profesional, permanente, callado y ajeno al ojo político de cientos de personas en las diferentes instituciones y administraciones públicas (en este caso, la Escuela Judicial). En un momento en el que los jueces y magistrados son objeto de críticas, resultado de generalizaciones no necesariamente justas y de prejuicios políticamente interesados, es posible que aún las nuevas generaciones de jueces tengan futuro si toman en cuenta las ideas expresadas por el director.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

El punto de partida de la intervención fue muy claro: “Ser juez en nuestra sociedad actual es algo que presenta una enorme complejidad. Se nos exige no sólo ser buenas juezas y jueces, estar en continua formación y ser los mejor formados, sino cercanía al ciudadano y a los problemas sociales, imparcialidad, independencia, cortesía, un talante prudente, una actitud responsable y un compromiso constante de ejemplaridad pública que transmita seguridad y confianza en su Poder Judicial al conjunto de la sociedad. Debemos despertar una especial sensibilidad para muchas cuestiones de nuestra vida diaria que, de algún modo, pueden comprometer nuestra función jurisdiccional. Sólo con estas virtudes los ciudadanos entenderán que sus derechos subjetivos son definidos de manera serena, reflexiva y profunda, y que la resolución que se emita es ecuánime y rigurosa; reclamando, finalmente, que quien ejerce la función judicial esté dotado de la valentía precisa para declarar y aplicar estos derechos cuando por Justicia corresponda”.

En tal marco, “la formación es un elemento trascendental para garantizar la independencia de los jueces y juezas, así como la calidad y eficacia del sistema judicial”. Una formación ‘integral’, porque no ha de limitarse al mero conocimiento jurídico, sino orientado a “la práctica del oficio de quien tiene que juzgar, en el saber hacer, y en las condiciones de su actuación y su ética, el saber ser”. Una preparación ‘especializada’, adaptada a los nuevos avances de las ciencias que se aplican en el ámbito jurídico. Una aproximación también ‘multidisciplinar’ porque los jueces y las juezas necesitan del conocimiento de nuevas materias, no todas jurídicas. En fin, la configuración de una perspectiva ‘abierta’ a la diversidad cultural y a las distintas realidades sociales.

Esta formación pretende llevar a la práctica una determinada manera de entender qué es o debería aspirar a ser un juez en la España de hoy reflejada en las palabras del director de la Escuela, que reproduzco literalmente:

“Me gustaría pediros también que no os acomodéis, que no os instaléis, que no penséis que habéis llegado a la meta, que procuréis siempre estar desinstalados y en permanente evolución. No olvidéis que cada caso es distinto y único, aunque pudiera parecer similar a otro. Solo así se progresa y se camina hacia delante, sin que el desencanto, la desilusión, el hastío u otros sentimientos os embarguen.

También os deseo que no perdáis vuestros ideales, ésos que os llevaron a optar por esta bella profesión (…).

No perdáis de vista que la humildad y la sencillez os harán más grandes, no sólo en vuestra labor profesional, sino como personas. No penséis siempre que estáis en posesión de la verdad, es muy sana la duda, y no desechéis las opiniones de los demás, pues os pueden enriquecer con otros puntos de vista o incluso dar soluciones distintas a los problemas que tengáis que afrontar. Pero siempre, eso sí, con sujeción a la Ley y al resto del ordenamiento jurídico. Decía Sócrates que ‘la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia’.

Mantened vuestro espíritu de trabajo y sacrificio, el mismo que os ha llevado hasta aquí. No lo sabemos todo y no estamos libres de equivocarnos; sólo ese espíritu os llevará a alcanzar las metas que os propongáis.

Os pido también que nunca olvidéis el componente que esta profesión tiene de servicio a los demás, a los que os rodean y a la sociedad en la que vivís. Solo así lograremos un servicio público excelente y de calidad.

Y, por último, mantened la ilusión que hoy tenéis por todo, no perdáis nunca la capacidad de ilusionaros con las cosas y con vuestro trabajo; esa llama os hará sentir vivos, alegres, os permitirá alcanzar momentos de felicidad y, lo que es más importante, estaréis colaborando a la construcción de una sociedad más humana y más justa”.

Este  juez buscado es, sin duda, un juez comprometido. Por ello, el discurso termina con el compromiso que todo miembro de la carrera judicial habría de asumir:
Queremos que este acto solemne simbolice también el firme compromiso que los nuevos jueces y juezas asumen ante la sociedad.

Un compromiso de independencia e imparcialidad, de servicio y de responsabilidad, de cumplimiento de los principios éticos y, en definitiva, de realización efectiva de los valores incorporados al ordenamiento jurídico a través de la Constitución. La confianza de los ciudadanos en que los jueces somos, efectivamente, la garantía de los principios y derechos constitucionales es lo que nos legitima como Poder Judicial”.

En fin, pues, en esta alocución se refleja que las instituciones judiciales de formación en España, frente a buena parte de las críticas vertidas por muchos hacia el Poder Judicial, intentan formar jueces y juezas dispuestos a estar en permanente evolución, con ideales, con humildad y dudas, con espíritu de trabajo y sacrificio, con vocación de servicio público y con ilusión por su labor. Jueces y juezas, en definitiva, comprometidos con los valores constitucionales que no sólo han de preservar, sino que también han de encarnar.

Sin duda, si la atenta audiencia del acto sigue los consejos apuntados, serán no sólo jueces ‘del’ futuro sino, jueces ‘con’ futuro. Pero más aún, serán jueces capaces de asegurar el de los ciudadanos. Ante los delicados momentos que se avecinan conviene subrayar, como se hizo en dicho acto, la importancia de cultivar, mantener y defender esas virtudes que han de adornar a los jueces (recientes o no) y que con ejemplar sobriedad se expresaron el pasado 8 de enero.

Ojalá puedan conseguirlo.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.