Kurz ‘reloaded’: Austria tras las urnas

Sin sorpresas, el conservador Sebastian Kurz (Partido Popular de Austria, ÖVP) venció en las elecciones legislativas anticipadas que se celebraron en Austria este domingo. Líder en las encuestas desde la disolución de su primer Gobierno en mayo pasado, tras el escándalo que arrasó con la coalición formada con el partido de derecha radical (Partido de la Libertad de Austria, FPÖ), Kurz ha regresado por la puerta grande. Sin embargo, sus resultados le obligan a negociar. Para ser canciller, el joven prodigio tendrá que construir una mayoría de gobierno. Con al menos tres socios potenciales, la tarea se anuncia difícil.

Con 33 años de edad, Kurz volverá a ser, por segunda vez en dos años, el jefe de Gobierno más joven de Europa. Con el 38,3% de los sufragios emitidos de forma presencial el domingo (aún tienen que escrutarse las papeletas enviadas por correo), el ÖVP obtendrá alrededor de 40% de los 183 escaños del Nationalrat (la Cámara Baja del Parlamento austriaco), un incremento notable con respecto a 2017 (cuando obtuvo el 31,4% de los votos y el 33,9% de los escaños). Tras haber tocado fondo con el 24% del sufragio en 2013, la ÖVP no ha dejado de crecer: como lo indicaba su resultado en las elecciones europeas de mayo pasado (34,55%, 10 puntos por delante del Partido Socialdemócrata de Austria, SPÖ, el otrora gran partido de centro-izquierda), el partido de Kurz amplía ahora su ventaja a 17 puntos sobre los socialistas y se consolida como la primera fuerza política del país.

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Wunderwuzzi, el niño prodigio de la política que fue ministro a los 27 años, tendrá que formar ahora una mayoría para su segundo Gobierno. Dicho proceso dura usualmente algunas semanas, pero se anuncia particularmente delicado en esta ocasión.

La apuesta arriesgada del ‘bis repetita’

Como en 2017, la negociación de una nueva coalición con la derecha radical, encarnada en el FPÖ desde la década de 1980, se presenta como la opción ideológica más racional. Su partido, el ÖVP, no dudó en aliarse con aquél, y luego con la Unión por el Futuro (BZÖ) del líder histórico Jörg Haider, para sacar del Gobierno a los socialistas entre 1999 y 2007. En la actualidad, el ala moderada del FPÖ, bajo el liderazgo de Norbert Hofer, tiene convergencias con el futuro canciller, particularmente en materia fiscal y social. Las políticas migratorias también fueron objeto de medidas drásticas durante el primer mandato de Kurz y lo sitúan en una línea dura cercana a la del húngaro Viktor Orbán.

Sin embargo, el contexto ha cambiado. El FPÖ atravisesa una crisis particularmente grave, que desencadenó la caída del primer Gobierno de Kurz. En mayo, a pocos días de las elecciones europeas, la difusión de un video grabado en 2017 en Ibiza expuso a uno de sus dirigentes principales, Heinz-Christian Strache, que fungía entonces como vicecanciller. En ese video viral, Strache negociaba mercados públicos y cargos clave del Gobierno con la supuesta nieta de un oligarca ruso, a cambio de apoyos financieros. Su difusión tuvo efectos explosivos. El vicecanciller se vio obligado a renunciar inmediatamente, la coalición se rompió y Kurz convocó a elecciones legislativas anticipadas.

Desde junio, Austria es administrada por un gobierno transitorio, bajo la responsabilidad de la presidenta de la Corte Constitucional, Brigitte Bierlein, quién se convirtió así en la primera jefa de Gobierno de Austria.

Las elecciones europeas se llevaron a cabo en plena crisis y sancionaron el desliz magistral de los dirigentes del FPÖ. Tras haber obtenido 26% del voto en 2017, la derecha radical apenas captó 17% en mayo de 2019, perdiendo uno de los tres diputados que tenía en el Parlamento Europeo. Las elecciones del Nationalrat de este domingo confirman esa tendencia, ya que el FPÖ apenas obtuvo 17% del voto; un resultado estable al que no parece haber afectado el inicio de una investigación judicial por desvío de fondos dentro del mismo partido, a cinco días de la elección, y que pudiera interpretarse como una estimación de sus bases incondicionales.

Queda por saber cómo procesará el FPÖ esta caída considerable, de nueve puntos porcentuales (uno de cada tres electores de 2017). Algunos de sus cuadros abogan por un repliegue temporal en la oposición; pero otros no ocultan su deseo de reconstruir de inmediato una segunda coalición con los conservadores: entre ellos, el radical ex ministro del Interior, Herbert Kickl, o el más moderado Norbert Hofer, quien también fue ministro de Transportes entre 2017 y 2019, tras haber competido por la Presidencia de la República en 2016.

Kurz se presenta como el antídoto a la expansión de la derecha radical. Hoy día, puede dudar sobre la conveniencia de aliarse con un FPÖ desacreditado a nivel europeo, con problemáticas afinidades pro-rusas y en plena tormenta judicial.

La tentación ecologista

La segunda pieza del rompecabezas se deriva del regreso espectacular del Partido Verde (Die Grüne) y de la toma de conciencia ecológica de la sociedad austriaca. Muestra de ello, la recepción positiva de la simbólica moción de urgencia climática aprobada por el Parlamento la semana pasada, o la manifestación por el clima organizada el viernes, que movilizó entre 65.000 y 150.000 personas (según la Policía y los organizadores).

Las preocupaciones ecológicas son expresadas mayoritariamente por los electores (muy) jóvenes (desde 2007, la edad para votar se redujo a 16 años). Pese a su aspecto juvenil, Kurz convence sobre todo a los mayores de 45 años. Una alianza con los verdes podría ampliar su popularidad entre estos sectores estratégicos. Por lo pronto, su campaña se limitó a desdibujar una ecología conservadora, mientras que el FPÖ votó contra la urgencia climática. Con su estilo políticamente correcto, Hofer se mofó de la joven activista Greta Thunberg durante el último debate del jueves: “¡No queremos una dictadura de pequeñas coletas!” (en referencia a la edad de la activista sueca y de los manifestantes por el clima).

Desde hace semanas, los expertos barajan las cifras para evaluar las coaliciones alternativas a un Gobierno ÖVP-FPÖ 2.0. Para muchos, la opción ganadora era una alianza con los Verdes y los liberales eurófilos de NEOS. La gran sorpresa de estas elecciones es que los diputados verdes, bajo el liderazgo de Werner Kogler, resultan suficientes para conseguirle a Kurz una mayoría de gobierno.

Con un 12,4% del voto, los Grüne renacen de sus cenizas. Debilitados por rencillas internas y por el éxito del joven dirigente conservador, este partido apenas obtuvo un 3,8% del sufragio en 2017, desapareciendo del Nationalrat; una bofetada monumental para un partido que conquistó 24 escaños en 2013, cuando obtuvo un resultado idéntico.

La tentación ecológica se vuelve más atractiva. Sin embargo, como apunta el FPÖ en un spot de campaña bastante explícito, pese a las afinidades ecológicas entre la ÖVP y los Grüne, también existen numerosas divergencias. La negociación de esta alianza implicaría revisar la posición actual de Kurz en materia migratoria; asumiendo, por supuesto, que los ecologistas deseen entrar en un Gobierno liderado por los conservadores.

¿Una (im)posible ‘Gran Coalición post-milenial’?

La tercera opción sería la reconstrucción de una nueva Gran Coalición entre la ÖVP y la SPÖ, para restablecer el pacto histórico izquierda-centro-derecha que estructuró la política austriaca durante la época dorada posterior a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ambos partidos perdieron una parte sustancial de sus bases en beneficio de los Verdes o del FPÖ, y se polarizaron para tratar de recuperarlas. Tanto Kurz como Pamela Rendi-Wagner, la candidata del SPÖ, hicieron explícitos sus desacuerdos durante los debates sobre asuntos tan fundamentales como la reforma fiscal o los derechos laborales. No hay que olvidar que, en 2017, el mismo Kurz descartó una nueva «coalición del inmovilismo» [sic] con los socialistas, para conformar su primer Gobierno con el FPÖ.

El SPÖ tampoco está en su mejor momento. No logró capitalizar la crisis desatada por Stracher y registró el peor resultado de su historia (21,5%), reduciendo en 5,4 puntos el suelo alcanzado en 2013 y 2017. Su nueva lideresa, Rendi-Wagner, de 48 años de edad, es una novicia en la política y la primera mujer en ocupar el cargo supremo del partido. Aunque intentó modernizar la imagen del socialismo austriaco y coqueteó con los electores ecologistas, no logró restablecer el consenso en un partido que sufre el derrame de sus bases populares.

Descartar una posible alianza ÖVP-SPÖ equivaldría, no obstante, a subestimar las habilidades tácticas de Kurz, el gran vencedor de los comicios. Toda negociación puede fracasar, pero lo más probable es que el joven prodigio aproveche su legitimidad renovada para hablar con todos, y pactar luego su segundo Ejecutivo de coalición. Como declaró en televisión pública este verano: “Todo partido democráticamente electo puede participar potencialmente en el Gobierno”.

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