La cumbre de Katowice: resistencias y avances

El pasado 15 de diciembre, tras dos semanas de reuniones, finalizó la United Nations Climate Change Conference (COP 24) en Katowice . En cada cumbre cada quien marca sus expectativas, sus reservas, sus dudas: los gobiernos, las organizaciones sociales y privadas, los ciudadanos.

Había un decidido propósito de aprobar las reglas técnicas para la implementación del Acuerdo de París de hace tres años. Y esto, en gran medida, se ha conseguido: se ha aprobado una parte sustancial de las normas técnicas para su desarrollo (‘libro de reglas’) y se han definido lo que ha de contener el compromiso de cada país (la gobernanza, la financiación, etcétera). No se ha conseguido, sin embargo, revisar al alza los objetivos del Acuerdo a la vista del reciente informe de Naciones Unidas que muestra que incluso limitando el incremento global de temperaturas a 1,5 grados, los impactos serían muy negativos, mucho más que con 2 grados. Las reticencias de varios países (Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Qatar, todos ellos grandes productores de combustibles fósiles) lo han hecho imposible. Aunque había presiones (o expectativas) para esta revisión, no era un objetivo concreto de la Conferencia.

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Como en todas las cumbres, hay noticias buenas y no tan buenas, luces y sombras, aspiraciones cumplidas y bloqueos aparentemente insuperables. Me permito exponer mis reflexiones, mi valoración sobre los resultados de la COP de Katowice:

  1. La UE ha mostrado su liderazgo en dos grandes ámbitos. Desde el punto de vista político, ha defendido ante la comunidad internacional su propuesta de Estrategia de reducción de emisiones a 2050 (con un objetivo de alcanzar una economía con emisiones netas nulas en ese año) y ha impulsado una declaración de un grupo de países (High Ambition Coalition) apoyando un enfoque de oportunidad de gran alcance. Desde el punto de vista técnico, ha propiciado el proceso de negociaciones con una participación muy intensa para tratar de alcanzar la robustez y la integridad ambiental del libro de reglas aprobado.
  2. El principal problema de la cumbre ha sido la posición de Estados Unidos. El Gobierno del principal emisor del mundo (y primer productor y consumidor de petróleo del mundo) considera que el Acuerdo de París le perjudica y, en consecuencia, quiere salirse de él.  Esta circunstancia, grave, pone en cuestión el liderazgo de la UE y de China, frena el multilateralismo en las negociaciones y da más espacio al desarrollo de posiciones unilaterales de países como Brasil o Rusia.
  3. Es evidente que existía una cierta presión por llegar a algún tipo de acuerdo en torno al objetivo de 1,5 grados, pero lo cierto es que ésta no era la cumbre para presentar las propuestas concretas de los países sobre este asunto. En el Acuerdo de París se estableció que las citadas propuestas deberán presentarse en 2020 y de cara a la COP 26 que se celebrará en Italia o en el Reino Unido. Y en todo caso, el secretario de Naciones Unidas ha convocado una reunión política en Nueva York en 2019 para reforzar la lucha contra el cambio climático.
  4. Esto es aún más importante dado que, según los planes que ya están considerando determinados países, es más que probable que se supere el escenario de los dos grados marcado en París. De acuerdo con el ‘Emisión Gap Report presentado por Unep el pasado mes de noviembre, con las sendas de emisiones actualmente declaradas por los países avanzamos hacia escenarios por encima de los tres grados, con las tremendas consecuencias que ello implica.
  5. En el Acuerdo de París, se establece un sistema de gobernanza de abajo a arriba, por el que los países presentan propuestas para alcanzar el objetivo global. Es un sistema complejo, más lento pero quizás el único posible, frente a los retos y la desvinculación provocada por los sistemas de arriba a abajo como se vio en el Protocolo de Kioto. Este sistema sólo funciona si se garantiza la adecuada transparencia que dé confianza a los agentes. La aprobación en esta COP de muchas medidas sobre esta cuestión permiten consolidar algunos avances, elevar las expectativas, ampliar el horizonte.
  6. El cambio siempre encuentra resistencias. Desde el punto de vista tecnológico, estamos en un cambio de tendencia: energías limpias (renovables, baterías…) ya empiezan a ser competitivas y vemos que lo serán mucho en pocos años, pero requieren de un marco equilibrado para desarrollarse y crecer. Cuesta ser los primeros: algunos gobiernos se atreven, otros se limitan a esperar. Dentro de unos cinco años, estas soluciones serán plenamente competitivas, y se podrán comprobar las ventajas económicas de planteamientos ambiciosos que ahora se atisban con más dificultad. El problema es que retrasar medidas e iniciativas que se pueden tomar ahora, incluso sin coste, se traducirá en mayores costes e impactos en el futuro.
  7. Conviene no perder de vista que estamos ante un proceso internacional muy complejo, muy técnico, que requiere de un consenso global. No es una cuestión de declaraciones políticas coyunturales, sino de un delicado proceso de adaptación de la normativa internacional, de analizar y evaluar las emisiones y los avances, con intereses muy diversos en juego, con implicaciones económicas relevantes; todo ello, sin poder obligar a ningún país, sino de forma voluntaria. Nos encontramos ante un largo proceso que requerirá de paciencia, prudencia y perseverancia.
  8. El cumplimiento de los objetivos climáticos solo será posible si se aborda en un marco de transición justa que garantice el apoyo de toda la sociedad al profundo proceso de transformación asociado a la descarbonización de la economía. Los análisis de las principales organizaciones internacionales implicadas en esta materia (por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo) muestran los beneficios netos, en términos de contribución a la economía y al empleo, derivados de adoptar y aplicar una economía verde. Conviene advertir que, a corto plazo, habrá perdedores por impactos negativos en algunos sectores cuyos modelos de negocio no están alineados con la descarbonización. Por esta razón, es esencial que se actúe en dos direcciones: por un lado, abriendo y manteniendo un diálogo inclusivo con todos los agentes, explicando la racionalidad y las ventajas; por otro, aprobando medidas concretas (especialmente en el ámbito de la fiscalidad) que compensen de algún modo a los colectivos vulnerables que sufrirán impactos negativos a corto plazo.

A modo de conclusión, Katowice, como decía al principio, deja luces y sombras. Observamos aspectos negativos, como la cerrada posición del Gobierno federal de EE.UU. También tenemos otros muy positivos: la aprobación de las reglas técnicas para la implementación del Acuerdo de París, la revolución de las tecnologías limpias, el papel cada vez más activo de las ciudades, el reconocimiento de los co-beneficios de la acción climática (mejora de la calidad del aire, energía más segura y asequible, generación de empleo), las iniciativas cada vez más relevantes del sector financiero, el movimiento de la sociedad civil, incluso en Estados Unidos con el We Are Still In,  que invitan al optimismo

La cumbre de Katowice ha sido, en general, positiva porque se han producido avances en la buena dirección.  En el momento actual, en las negociaciones internacionales, no se puede ir más deprisa. Identificamos las dudas, las resistencias, los obstáculos. A pesar de la urgencia, llevará su tiempo superarlas. En este esfuerzo, la ciudadanía, la sociedad civil organizada, las empresas tienen un papel esencial, avanzar y continuar presionado civilizadamente a los gobiernos, con razones y argumentos, para dirigirnos hacia un escenario climático más ambicioso. Nos jugamos mucho, y está en nuestras manos avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible, con mayor prosperidad para todos, y evitar los peores escenarios climáticos, con enormes impactos económicos, sociales y ambientales.

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