La democracia costarricense en la cuarta ola de la ultraderecha

La radicalización de las derechas se ha convertido en una peligrosa tendencia de las democracias en el mundo. En la que Cas Mudde denomina la cuarta ola de la ultraderecha, los partidos de derecha radical no se recluyen en la periferia de la competencia, sino que surgen como opciones viables, alcanzando el Gobierno en varios países y transformando o aliándose con partidos conservadores que antaño constituían la centro-derecha.

Durante la campaña electoral de 2018, en Costa Rica emergió un discurso que radicalizó la derecha política, coincidiendo con la cuarta ola mencionada. En este caso, surgieron dos partidos que, en algunos momentos de la campaña, se posicionaron como los de mayor preferencia entre los votantes según las encuestas pre-electorales del Centro de Investigación y Estudios Políticos: el Partido Integración Nacional (PIN) y el Partido Restauración Nacional (RN). Ambos pueden identificarse como partidos populistas radicales de derecha, en tanto se distingue en ellos una retórica nativista, autoritaria y populista.

El partido que despuntó fue RN. Obtuvo un 25% de los votos en la primera vuelta frente a otras 12 agrupaciones, aunque no alcanzó la Presidencia de la República en el balotaje (39% de los votos) contra el oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC).

El fuerte impulso que tomó RN en la primera vuelta le valió para generar un ‘efecto arrastre’ en las concurrentes elecciones legislativas, obteniendo 14 de los 57 escaños que constituyen el Congreso, superando incluso al oficialismo, que logró 10. Sin embargo, este caudal político no se mantuvo, pues el partido se fracturó en octubre de 2018. El ex candidato presidencial Fabricio Alvarado fundó una nueva agrupación llamada Nueva República, a la cual inicialmente se le adhirieron siete legisladores de RN. Las discrepancias entre dirigentes y las investigaciones sobre la financiación del partido llevaron a esta división. Cabe destacar que los escándalos de corrupción y fraude han acechado a otros partidos de ultraderecha como Front National en Francia y Lega (Nord) en Italia, así como a diversas figuras del equipo de campaña de Donald Trump.

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Con una organización debilitada, en las municipales de febrero de 2020 el partido Nueva República de Fabricio Alvarado no ganó ninguna alcaldía. No obstante, su candidatura trastocó la política costarricense, al mostrar que un partido radical de derecha es capaz de alcanzar un caudal electoral considerable, pese a que su discurso puso en jaque la supervivencia de la institucionalidad democrática que se suponía consolidada.

Es importante señalar que las personas candidatas de RN provienen de iglesias evangélicas neopentecostales y, por lo tanto, sus ideas políticas se derivan de dicha visión religiosa del mundo. Para el sociólogo Juan Pablo Pérez Sáinz, el neopentecostalismo en América Latina se interpreta como una “respuesta mágica” ante la creciente marginalización social. Pero, en la elección costarricense, más que un voto evangélico lo que se configuró fue uno de estatus, que aglutinó la defensa de los valores de la familia tradicional, la oposición al matrimonio igualitario y al aborto y un ataque frontal a la igualdad de género, desprestigiándola al minimizar sus demandas bajo el epítome de ‘ideología de género’. Puntualmente, durante la campaña RN se nutrió electoralmente cuando se dio a conocer el fallo OC-24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el que se obligaba al Estado costarricense a reconocer los derechos de identidad, igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo. El debate alrededor del fallo potenció el resultado electoral de RN, dada su abierta confrontación con el reconocimiento de derechos del colectivo LGTBI, proponiendo inclusive sacar al país de la Corte.

Antes de la elección de 2018, Costa Rica venía mostrando un deterioro económico expresado en las altas tasas de desempleo, que afectan en mayor proporción a las personas jóvenes, el preocupante déficit fiscal y la creciente desigualdad social. En cuanto al entorno político, el sistema de partidos en Costa Rica se fragmentó. Su bipartidismo había dado paso, en 2002, a un sistema multi-partidista. Como resultado, el Parlamento se compone de un mayor número de partidos, entre los cuales no pocos legisladores se declaran independientes durante el cuatrienio legislativo, incrementando aún más la fragmentación.

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A la vez, se manifiesta una débil identificación partidaria, de forma que gran parte de electorado está dispuesto a votar por partidos distintos en cada cita electoral. Además, hay una clara tendencia en muchos ciudadanos a postergar la decisión del voto hasta los días más cercanos a la elección. Este último aspecto hace que las encuestas no logren estimar con certeza el resultado pues, en el caso de Costa Rica, existe una veda de tres días antes de las elecciones en que se prohíbe la publicación de encuestas (artículo 138 del Código Electoral), justo cuando una porción importante del electorado decide su opción política. De ahí que los temas de campaña –sobre las identificaciones de largo plazo– sean clave en el desenlace de la contienda.

En la experiencia de 2018, los asuntos que recondujeron la campaña fueron fundamentalmente del eje cultural o post-material, según el marco conceptual de Ronald Inglehart: el debate sobre matrimonio igualitario, la discusión sobre la incorporación de la educación sexual en escuelas y colegios públicos, la reglamentación del aborto terapéutico y –en menor medida, pero presente– la migración. El oficialista PAC se posicionó como la alternativa progresista entre los partidos más viables, mientras que los demás se colocaron en las posiciones conservadoras.

No obstante, en un análisis nuestro, publicado como capítulo en ‘Tiempos de travesía. Análisis de las elecciones del 2018 en Costa Rica’, hallamos una desviación de las predicciones de cambio cultural del mismo Inglehart. Mientras que la tendencia global es que las nuevas generaciones adopten las posturas más liberales (apoyo al aborto, al matrimonio igualitario), en Costa Rica se registró un respaldo estadísticamente significativo entre el electorado joven –de 18 a 35 años– hacia RN (controlando otros factores). La creciente desigualdad, el desempleo y el desapego a partidos políticos tradicionales pueden explicar el atractivo que esta opción populista ofrece a la juventud costarricense.

Un punto destacable es que la polarización ideológica en Costa Rica se origina con el ingreso de nuevos partidos, que parecen buscar beneficiarse del creciente malestar con la política. La auto-ubicación ideológica, según el ‘Proyecto de Élites Parlamentarias en América Latina’, muestra que las opciones partidarias más extremas han sido las del Movimiento Libertario (ML) y Restauración Nacional (RN) en la derecha y las de Acción Ciudadana (PAC) y Frente Amplio (FA) en la izquierda. Los partidos tradicionales Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC) se sitúan a la derecha del espectro ideológico desde 1994 (la medición inicial) y sólo el primero (a partir de 2006) muestra una tendencia hacia la radicalización, que luego se revierte. Esto contrasta con la polarización en Estados Unidos donde, por razones conocidas como el sistema electoral, no se amplía la oferta partidaria, sino que son las opciones existentes las que se mueven hacia los extremos ideológicos.

En síntesis, la radicalización a la derecha en el espacio político costarricense se manifestó a través de los temas culturales y de derechos humanos durante la campaña electoral de 2018. No obstante, el agravamiento de los indicadores económicos debido a la pandemia de la Covid-19 ha priorizado el discurso hacia el eje económico, con acento neoliberal en las derechas. Adicionalmente, en 2020 se ha detectado la presencia de un perfil QAnon en las redes sociales de Costa Rica, la teoría conspirativa de extrema derecha pro-Trump. Esta cuenta y sus seguidores comparten noticias falsas, cuestionan las restricciones sanitarias y la veracidad de la pandemia y atacan agresivamente al Gobierno. Por lo tanto, es esperable que los partidos de derecha radical surjan con ambos ejes fortalecidos en los próximos comicios.

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