La desigualdad, en el centro del debate

Uno de los temas que ha protagonizado casi desde el principio la campaña de las elecciones presidenciales del próximo día 3 de noviembre es el de la desigualdad. Existe una opinión creciente de que, en Estados Unidos, ésta ha aumentado de forma notable en las últimas décadas y de que se ha agravado desde la Gran Recesión. De esta forma, las ganancias en renta per cápita y bienestar que ha experimentado la economía norteamericana no han beneficiado por igual a todos los ciudadanos y, más bien al contrario, ha aumentado la brecha entre los que más y menos tienen. Además, en los últimos meses la crisis económica derivada de la pandemia ha agudizado las desigualdades socioeconómicas (renta, educación, acceso a la Sanidad); que, además, en EE.UU. están en muchos casos ligadas a la dimensión racial.

Por todo ello, el debate sobre la desigualdad ha estado presente de forma constante en la política americana en los últimos años y la Presidencia de Trump no ha sido una excepción. El actual presidente defiende que, durante su mandato, ha empezado a reducirse gracias a una tasa de paro históricamente baja (la más baja desde los años 60, hasta la irrupción de la Covid-19) y a un aumento de los salarios, todo ello como consecuencia de la defensa del trabajador americano a través de su política comercial. Por el contrario, los demócratas acusan a la Administración Trump de haber favorecido a las grandes corporaciones, bajado los impuestos a las rentas más altas y reducido la protección social.

Con la llegada de la pandemia, el debate se ha intensificado aún más. Trump defiende su preocupación por los más afectados, al haber incluido en los paquetes de apoyo aprobados transferencias directas en función del nivel de renta o reforzado los subsidios de desempleo. Los demócratas han empujado en pos de un segundo paquete fiscal, con ayudas específicas para los colectivos más vulnerables, mejorando la ejecución para que los recursos lleguen donde es más necesario. Además, han puesto el acento en el refuerzo de los sistemas sanitario y educativo.

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Pero veamos qué dicen los datos sobre la desigualdad de rentas en Estados Unidos.

Según el US Census Bureau, la evolución de los indicadores habitualmente utilizados para medir la desigualdad de rentas corrobora un deterioro en los últimos 50 años. Así, por ejemplo, el índice de Gini (que mide la desigualdad de rentas de forma que el 0 es la plena igualdad y el 100 es la desigualdad absoluta; es decir, que toda la renta la tuviera una única persona) ha pasado del 39,7 en 1965 a un 48,4 en 2019, con un salto destacable a principios de los 90 (ver Gráfico 1). Estados Unidos tiene, además, el índice de Gini más alto de todo el G-7 y de los más altos de la OCDE.

Si atendemos al porcentaje de renta que obtiene el 20% de la población que más gana, también observamos un deterioro importante: ese 20% obtiene casi el 52% del total, frente al 43,6% en 1965. Además, el 5% más rico acapara el 23% de las rentas. Simultáneamente, el 20% más pobre tan sólo retuvo el 3,1% en 2019, frente al 4% en 1965. Esto hace que el índice 80/20 (que representa cuánto más gana el 20% más rico sobre el 20% más pobre) no llegaba a 4 en 1965 y ahora supere el 5.

Es cierto que estos datos pueden ser matizados por las políticas redistributivas o por otros factores como el incremento del coste del seguro médico para los empresarios americanos. Pero, en todo caso, parece claro que, como dicen los demócratas, la desigualdad es un problema creciente en Estados Unidos y que ésta se encuentra en niveles más elevados que en otros países desarrollados. Sin embargo, también según los datos, la desigualdad ha aumentado independientemente de si gobernaban republicanos o demócratas, sin que se observen diferencias significativas.

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Y, ¿qué ha pasado en los últimos años? Los datos parecen mostrar un ligero cambio de tendencia entre 2017 y 2019, algo que sustentaría la tesis de Trump de que la creación de empleo y la subida de salarios está reduciendo la desigualdad. En todo caso, la aparición de la Covid-19 está reabriendo las brechas de renta y empleo, particularmente en contra de los sectores tradicionalmente más vulnerables. Y ello muy probablemente se verá en los datos de 2020.

En definitiva, la desigualdad –que ya protagonizó las primarias demócratas– ha entrado con fuerza en una campaña en la que Trump se presenta como garante de la fortaleza económica y de la creación de empleo que conducirán a la su reducción, frente a un Biden que aboga por políticas más específicas y dirigidas a la redistribución de rentas o a mejoras en el sistema educativo como elementos claves para acabar con ella. Veremos hacia dónde se inclinan los votantes el próximo noviembre.

(Acceda aquí a la cobertura de Agenda Pública sobre las elecciones estadounidenses, con análisis y datos exclusivos)

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