La eterna reforma de la Atención Primaria

Si algo debe caracterizar a los denominados sistemas nacionales de salud, además de su financiación vía impuestos y su ánimo de universalidad, es la existencia de un nivel asistencial de Atención Primaria que preste un servicio sanitario accesible, continuado en el tiempo, coordinado con otros niveles asistenciales y dispositivos socio-sanitarios, centrada en la persona y orientada hacia la comunidad (principios recogidos, en su momento, por Barbara Starfield).

En la búsqueda de esa Atención Primaria modélica se han realizado varias reformas en España en los últimos 30-40 años, con diferentes niveles de ambición, tanto en su nivel institucional de actuación (estatal/autonómica) y de profundidad, con un factor en común a todas ellas: la insuficiencia presupuestaria, no sólo de la atención primaria en periodo de reforma, sino también en fase de reposo reformista.

Recientemente, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social emprendió la tarea de elaborar un marco estratégico de la Atención Primaria y Comunitaria con el que plantear medidas en el corto, medio y largo plazos para cambiar la situación de la atención primaria en los diferentes servicios regionales de salud. Este documento, viene a suceder al denominado AP21, que abarcaba el periodo 2007-2012 y cuyos resultados, no evaluados, no parecen haber dejado gran impronta, a la vista del análisis de necesidades del nuevo documento. Por otro lado, y en relación con lo anterior, el marco que dibuja es el mismo que ya existe, por lo que no cabe pensar en reformas estructurales, sino más bien en medidas con las que abordar algunos de los objetivos planteados en el nuevo marco estratégico; hasta que otro venga a dar el relevo.

El documento, elaborado con la participación de sociedades profesionales, representantes de comunidades autónomas y algunos colectivos de pacientes, plantea una serie de medidas a corto, medio y largo plazo agrupadas en seis ejes: I) Reforzar el compromiso del Consejo Interterritorial del SNS, con el liderazgo de la Atención Primaria de Salud (APS); II) consolidar una política presupuestaria y de recursos humanos que garantice la efectividad y la calidad de la APS; III) mejorar la calidad de la atención y la coordinación con el resto de los ámbitos asistenciales, servicios e instituciones; IV) reforzar la orientación comunitaria, la promoción de la salud y prevención en APS; V) potenciar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs); y VI) impulsar la formación y la investigación en APS.

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Las medidas propuestas parecen el resultado de intentar equilibrar el respeto al marco autonómico de competencias sanitarias con los intereses corporativos de las organizaciones participantes y la necesidad de encontrar un momento de publicación antes de que tuvieran lugar las diversas citas electorales del segundo trimestre del año. El resultado es un intento posibilista en el corto plazo y con poco camino en el medio y largo plazo. Además, hay que añadir que algunas comunidades autónomas ya llevan años desarrollando estrategias de reforma de sus servicios de atención primaria, con mayor o menor profundidad, éxito y financiación, de modo que en muchos aspectos la labor ministerial ha sido más de coordinación y consenso que de iniciativa y cambio.

Un sistema sanitario público con una Atención Primaria como la que se describe en el documento aprobado por el Ministerio sería mucho mejor que la que tenemos ahora, y eso es algo que hay que reconocerle (junto con la iniciativa de agitar el avispero). El problema es que tal vez existan demasiados motivos para el escepticismo, puesto que no se ve claro el camino para llegar a esos objetivos (enunciados en forma de medidas, pero sin dibujar cómo se va a tomar el impulso para que lleguen a materializarse), el compromiso presupuestario para que se hagan reales y, sobre todo, el mantenimiento de la ventana de oportunidad política para que ese documento no tenga una caducidad que oscile entre el pasado 28-A y el 26-M.

Habrá que ver cómo evoluciona la implantación y desarrollo de las medidas propuestas por el Ministerio y si éste supone un empuje para aquellas comunidades autónomas que tengan ánimo y capacidad para poner la Atención Primaria en el centro no sólo de los discursos, sino también de la realidad material del sistema sanitario.

Los problemas de la Atención Primaria van mucho más allá de ésta tanto en su vertiente de redistribución presupuestaria como en su faceta de reconocimiento dentro del funcionamiento general del sistema sanitario, y ésta es una de las barreras fundamentales que este documento marco no aborda (y no puede abordar). La atención primaria que necesita nuestro sistema de salud precisa de poder (presupuestario y simbólico), y para ello necesita que ese poder se suelte de las manos que actualmente lo ostentan, que son los flujos centrípetos de actividad hospitalaria (super-especialización y explotación intensiva de beneficios industriales -industria farmacéutica y del diagnóstico-) y camine hacia ese entorno de bajo uso de tecnología y alta presencia de los valores con los que abría este artículo, para que las medidas que ahora se proponen tengan un entorno favorable en el que desarrollarse.

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