La feminización del populismo de ultraderecha en Europa

El rostro de una mujer en los partidos políticos de ultraderecha es más común de lo que imaginamos. En Europa, un grupo de la élite política femenina gana cada vez más terreno: Freuke Petry y Tatjana Festerling en Alemania, Beata Szydło en Polonia, Marine Le Pen en Francia, Pia Kjorgaard en Dinamarca y Giogia Meloni en Italia. El surgimiento de estos liderazgos es la oportunidad para ver la interacción entre el género y el populismo.

Cass Mude y Cristóbal Rovira argumentaron en ‘Vox populi or vox masculini? Populism and gender in Northern Europe and South America’, que el populismo no tiene una relación específica con el género. Sin embargo, defiendo que el populismo tiene que verse a través de la lente de los estudios de género para comprender su interacción. Eso significa, en primer lugar, preguntarnos cuáles son los significados que los populistas le atribuyen al género a través del discurso. En segundo lugar, implica mover el foco hacia los populismos femeninos y observarlos a través de categorías como las relaciones antagónicas con el feminismo, el maternalismo, la construcción del significado de la diferencia sexual y la representación sustantiva de los intereses de las mujeres.

Con el propósito de explorar cómo estas categorías permiten transparentar la interacción entre género y populismo, presentaré a continuación el caso de Giorgia Meloni, miembro de Fratelli d’Italia y presidenta electa del Partido Conservador Europeo. Se trata de la mujer más exitosa de la política italiana y su popularidad va en ascenso, una mujer joven que ha irrumpido en un ambiente político tradicionalmente ocupado por hombres no tan jóvenes.

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El liderazgo de Meloni se abre camino en una sociedad misógina cuya brecha de género puede verse en los datos del más reciente informe de Gender Gap Report del Foro Económico Mundial (2020). El rendimiento de Italia en oportunidades y participación de las mujeres en la economía tiene un puntaje de 0,596 en un scope que va de 0 a 1. Se ubica por debajo de Francia, Islandia, Noruega o Suecia. Al contrario de lo que se puede creer, es justamente ese contexto misógino el que le permite emerger como una líder populista de ultraderecha, porque atrapa el voto de las mujeres excluidas de la fuerza laboral por ser madres. Además, su discurso alude a sus cualidades maternales para proteger a Italia de los enemigos externos. El populismo emerge en condiciones favorables, normalmente cuando hay un descontento con las élites o partidos tradicionales que dejan fuera a una gran mayoría. Meloni surgió, entre otras cosas, por la inconformidad de las mujeres que tienen que sortear desafíos debido a su condición de madres trabajadoras. En ese sentido, el populismo de Meloni interactúa con el género en los siguientes tres aspectos:,´

En primer lugar, la derecha extrema se ha dedicado a fabricar enemigos externos, entre ellos la Unión Europea y los inmigrantes de países islámicos. Para la líder de Fratelli d’Italia, «la UE quiere ser soberana supranacional restringiendo la libertad de sus estados miembros», aseguró a propósito de las sanciones que interpuso el Parlamento Europeo a Hungría por las políticas contra los migrantes. Enviaba así un mensaje claro de los límites a los que se expone por sus actitudes anti-inmigración. La cercanía con Hungría se produce, entre otras cosas, porque el Gobierno de Viktor Orbán ha prohibido que las universidades otorguen títulos en estudios de género, porque los considera una ideología y no una ciencia. Los politólogos se han interesado más por la narrativa del enemigo externo descuidando las tensiones que tienen los partidos de ultraderecha con el feminismo acusado de representar una amenaza “por destruir el binario de género natural, la complementariedad entre hombres y mujeres, y el orden moral de la nación” (Doná, 2020, pág. 289).

En segundo lugar, el populismo que se ubica en la extrema derecha del espectro ideológico construye la diferencia sexual a partir de una visión tradicional de los roles masculinos y femeninos. La líder de la Fratelli d’Italia ve los roles de género de esta forma, pero su discurso se aproxima a la categoría tradicional moderna: quiere que las mujeres italianas procreen y al mismo tiempo participen en la fuerza laboral. Eso la aleja del significado original sobre el género del fascismo de Benito Mussolini, quien abrazó las políticas demográficas que colocan a la mujer en el único rol de esposa y madre, responsable de parir a los hijos de la nación.

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En tercer lugar, el populismo de derecha radical no representa todos los reclamos sustantivos de las mujeres, sino sólo aquellos que benefician a las madres trabajadoras italianas. Meloni envuelve el maternalismo y la lucha por mejores condiciones para sus electoras, pero se opone a la ciudadanía de hijos de inmigrantes y al reconocimiento de las uniones civiles para las parejas del mismo sexo. En ese sentido, se opone frontalmente a las leyes de cuotas de género, aunque casi un tercio de los parlamentarios de la Fratelli d’Italia son mujeres y han ocupado estos puestos gracias a dichas leyes.

En cuarto lugar, Meloni es una supermadre (Thomas, Piscopo y Franceschet, 2016). En esta narrativa, ellas presentan la maternidad como un elemento central de su identidad política y sus preocupaciones, y suelen hablar de sus cualidades de cuidado y crianza. Además, incluyen en su lenguaje su condición religiosa, de esposa y madre.

Meloni desempeña un papel importante para atrapar a un electorado que se siente identificado no sólo con el nacionalismo, sino con un ideal de madre que puede contar con el Estado para desempeñar dos funciones a la vez: el rol maternal histórico impuesto que tiene la obligación de suplir a su familia. Meloni se posiciona como la madre populista de Italia porque a través de su discurso forma identidades populares en torno a la nación. Ella teje un escenario de confrontación entre dos grupos: el pueblo, hombres y mujeres con valores tradicionales de la familia, la sexualidad y la nación; y los enemigos del pueblo, los movimientos de libertad e igualdad de género. La ultraderecha en Europa ha abierto las puertas a las mujeres y le ha puesto un candado al feminismo.

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