La Gran Bretaña autoritaria

El Brexit Party ha sido el claro ganador de las elecciones europeas en el Reino Unido. La victoria ha sido tremendamente sorprendente si tenemos en cuenta que el Brexit Party fue fundado hace menos de dos meses para conseguir que Gran Bretaña salga sin acuerdo de la Unión Europea. Creado por el eurófobo Nigel Farage, antiguo líder de los ultranacionalistas de UKIP, el Brexit Party ha obtenido más del 30% de los votos y ha ganado en todas las regiones de Inglaterra, salvo en Londres. En segundo lugar han quedado los liberales demócratas (20%), seguidos de los laboristas (14%), los verdes (12%), los conservadores (9%) y los nacionalistas escoceses (4%). Los resultados no son fáciles de leer en términos de apoyo a la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea, porque si bien liberales demócratas, verdes y nacionalistas escoceses son europeístas sin reparos, tanto entre el electorado laborista como entre los Tories encontramos eurófilos y eurófobos.

De lo que cabe menos dudas es de que los votantes del Brexit Party han respaldado una opción ultranacionalista, que culpa a las élites políticas de Bruselas y Londres de todos los males posibles y se autoproclama defensora del pueblo británico. Nigel Farage, educado en colegios privados de élite, ex-trabajador en la City de Londres, antiguo miembro del Partido Conservador y político profesional durante más de dos décadas, se presenta como el único capaz de salvar a una democracia británica amenazada de muerte por unos políticos incompetentes, que ignoran el mandato del pueblo británico de salir de la Unión Europea.

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El éxito del partido de Farage hay que entenderlo en varios planos. Por un lado, la incapacidad del parlamento británico para aprobar el acuerdo de salida de la UE, las luchas internas de los Tories y la ambigüedad de Jeremy Corbyn y la cúpula laborista en torno al Brexit han provocado un alto nivel de frustración en muchos de aquellos ciudadanos que votaron por salir de la Unión el 23 de junio de 2016. En realidad, la promesa de salir sin más dilación y por las bravas de la UE es prácticamente imposible de cumplir, pero le suena bien a un porcentaje de la población que no entiende, ni quiere entender, las complejidades que conlleva retirar de la Unión a un Estado que ha sido miembro durante 40 años. De un modo complementario, la defensa de la democracia frente a potencias extranjeras y traidores internos es uno de los temas estrella de la mitología nacionalista británica. Desde Felipe II a Adolf Hitler, pasando por Napoleón, el tema de la patria en peligro y la amenaza continental es recurrente en una narrativa nacional británica que está socialmente muy extendida. No es de extrañar, por tanto, que muchos de los políticos que se han mostrado en contra de, o simplemente reticentes a, la salida del Reino Unido de la UE, hayan sido calificados de traidores, nazis y fascistas por los Brexiteers más radicales.

Pese a la apropiación del mito anti-fascista por parte de los partidarios del Brexit, lo cierto es que el auge del partido de Farage coincide con un aumento de las posturas autoritarias en el Reino Unido. Un estudio de Hansard Society publicado en marzo de este año señalaba que el 54% de los británicos consideraba que el país «necesitaba un líder fuerte que estuviera dispuesto a saltarse las reglas» de la democracia. Es más, un 42% de los encuestados creía que «el gobierno sería más efectivo si no tuviera que preocuparse tanto de conseguir los votos en el Parlamento». La investigación de Hansard Society también dejaba claro que los británicos tenían muy poca confianza en sus políticos: tan sólo el 25% de los preguntados pensaba que los diputados eran capaces de manejar debidamente la situación creada con el Brexit y el 29% consideraba que los partidos políticos no actuaban para defender el interés general de los ciudadanos. Es en este marco de aumento del autoritarismo y descrédito de los políticos tradicionales en el que debemos entender el atractivo del Brexit Party.

El crecimiento de los discursos jingoístas, el aumento de la xenofobia y la normalización de postulados anti-inmigración en los últimos años también han contribuido de un modo considerable a crear un caldo de cultivo favorable al Brexit Party. Como líder de UKIP, Nigel Farage se pasó años promoviendo un discurso de miedo al inmigrante y deshumanización del refugiado. Pero, en este proceso de demonización del inmigrante y naturalización de la xenofobia, Farage no ha estado solo. En un intento por no perder votantes a su extrema derecha, los gobiernos de David Cameron y Theresa May copiaron mucho del discurso del UKIP e impulsaron políticas que criminalizaron a los inmigrantes. El resultado fue la normalización de narrativas xenófobas y anti-inmigración, que pasaron a ser reproducidas de un modo cotidiano en los medios de comunicación británicos.

El crecimiento de actitudes autoritarias, la normalización de discursos xenófobos y el desprestigio de los políticos son, claro está, los pilares en los que se ha basado el auge de los movimientos populistas ultraderechistas en toda Europa. Como en otros lugares, en el Reino Unido las políticas de austeridad aplicadas para frenar la crisis económica de 2008 están directamente relacionadas con el apoyo a recetas nacionalistas y anti-inmigración. Estudios recientes han mostrado que aquellas zonas del país y aquellos grupos sociales que sufrieron los recortes más duros a partir de la llegada de la coalición conservadora-liberal demócrata al gobierno en 2010 fueron las zonas y los colectivos que en mayor medida pasaron a apoyar al UKIP y a votar por la salida de la UE[. El ataque sistemático al Estado de bienestar británico llevado a cabo por el gobierno de Cameron supuso que los mecanismos de redistribución de rentas fueran desapareciendo y la sensación de agravio entre las víctimas de los recortes aumentando.

Los resultados de las pasadas elecciones europeas parecen mostrar la misma tendencia. Como cabía esperar, el Brexit Party obtuvo sus mejores cifras en las zonas del país dónde se votó a favor de salir de la UE en el referéndum de 2016. Y, no por casualidad, el partido de Farage sacó su mayor porcentaje de votos (39%) en la región del North East, una zona post-industrial de tradición laborista que lleva años sufriendo recortes.

La gran pregunta ahora es si el Brexit Party va a cambiar la política británica de un modo drástico, como promete su líder, o si será un fenómeno pasajero sin proyección en el Parlamento de Westminster. Parece claro que la cuestión de la salida del Reino Unido de la UE va a seguir marcando de un modo implacable la política británica de los próximos años. La apuesta populista de Farage puede fracasar, pero la Gran Bretaña autoritaria que surgió con el referéndum del Brexit parece que ha venido para quedarse.

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