La hora (también) de la protección por desempleo

En un muy interesante artículo de Joan Coscubiela publicado en Agenda Pública cuya lectura recomiendo, se listaba entre las propuestas para mejorar la financiación de las pensiones la de transferir «parte de los ingresos hoy destinados a prestaciones por desempleo a cotizaciones para pensiones, sin aumentar el conjunto de los costes laborales de las empresas». De esta forma, se recogía una de las propuestas de la Opinión emitida por la AIReF sobre sostenibilidad de las pensiones, que parece estar recibiendo buena acogida por parte del Gobierno.

Pero, ¿qué es lo que se está planteando exactamente? De acuerdo con el mencionado informe, se trata de «una opción de reforma a corto plazo [que] consistiría en articular la cobertura del déficit del Sistema de Seguridad Social aumentando el tipo de cotización por contingencias comunes [pensiones] y bajando el tipo de cotización de desempleo». Dicho a las claras, pagando lo mismo, se destinaría menos al desempleo para dárselo a las pensiones.

Dos son los argumentos principales que esgrime. De una parte, a juicio de la AIReF, existe un «sesgo» a favor del desempleo, lo que implicaría que España dedica demasiado dinero a proteger a los ciudadanos frente al paro en comparación con otros países próximos (el documento escoge ocho países europeos). De ahí que se pueda, a su juicio, reducir la cotización por desempleo a la mitad y pasar 3,5 puntos a las pensiones. De otra, el peso del problema del desempleo va a ser menor en el futuro, porque la tendencia general es la de un mayor envejecimiento de la población.

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El informe hace otras propuestas en materia de desempleo que en buena medida comparto, pero que dejaremos de momento a un lado para no introducir excesiva complejidad en el razonamiento.

Centrándonos, por tanto, única y exclusivamente en la parte relativa a la bajada de cotizaciones en desempleo para poderlas subir a las pensiones, creo sinceramente que la propuesta adolece de lo que podríamos llamar efecto eclipsamiento: el brillante sol de las pensiones no nos deja ver la luna del paro; y en un doble sentido. Por un lado, nos eclipsa el debate de las pensiones, porque son el mecanismo de protección social más importante de nuestro Estado del Bienestar y pareciera que todo es poco para garantizar su viabilidad. Sin embargo, ya sabemos que el fin no justifica necesariamente los medios. De otro, también nos eclipsa el ciclo, porque el desempleo es contra-cíclico y en época de bonanza genera más recursos de los que gasta, ya que hay menos parados y más cotizantes. Según baja el paro, resulta cada vez más atractivo destinar ese dinero a otras cuestiones, y lo que con un 26% de desempleados parecía impensable comienza a ser viable conforme vemos más cerca la meta del 10%.

Sin embargo, otras alternativas son posibles. ¿Y si destináramos el dinero de la protección por desempleo… a la protección por desempleo? Hay buenos argumentos para ello. En primer lugar, hemos de recordar que, comparativamente, nuestro sistema ofrece un grado de protección intermedio para el nivel contributivo (el que está conectado precisamente con las cotizaciones y el salario en activo) y bajo en el caso del asistencial (el que se recibe por encontrarse en situación de necesidad). Por consiguiente, existe bastante margen de mejora.

En segundo lugar, nuestro sistema deja fuera a colectivos muy sensibles (quizá el más destacado sea el de quienes encadenan contratos temporales de muy corta duración) y, además, cuando la crisis económica se prolonga en el tiempo, el grado de protección se deteriora rápidamente. La tasa de cobertura, es decir, el porcentaje de desempleados con prestación, afortunadamente está volviendo a crecer, pero partimos de una base en la que uno de cada dos desempleados no tenía ningún tipo de protección (y, según otros indicadores alternativos, incluso menos).

En tercer lugar, las crisis económicas desgraciadamente se repiten y el desempleo y los males que conlleva crecerán de nuevo. Las épocas de bonanza no debieran servir para recortar el sistema de protección por desempleo, sino para fortalecer su viabilidad financiera y social.

En este sentido, pueden explorarse nuevas vías para mejorar la eficiencia del sistema, es decir, incrementar la protección sin gastar más. Algunos estudios han puesto de manifiesto que, con los ingresos de los 10 años inmediatamente anteriores a la crisis, habríamos podido financiar el déficit de 2008 a 2010 y parte de 2011. ¿Por qué, en vez de traspasar entre prestaciones, no traspasamos temporalmente esos fondos dentro del desempleo? Esto nos permitiría poder mantener la protección, incluso cuando nos vemos obligados a recortar, evitando que los efectos de la crisis lleguen a quienes más la sufren. No debemos olvidar que ni el desempleo es un problema menor en España ni al sistema de protección le sobra el dinero, aunque sin duda podríamos gastarlo mejor. Desvestir una prestación para vestir otra, no soluciona el problema, sino que lo cambia de sitio.

Decía el artículo del que arrancaban estas reflexiones que es «la hora de la Seguridad Social». Sin duda que lo es, pero sin pasar por alto que el desempleo también es parte de la Seguridad Social, la segunda prestación más importante y a la que, paradójicamente, suele concederse escasa atención. Para esta parte de la Seguridad Social también va siendo hora.

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