La ‘ideología de género’, el anti-feminismo y la extrema derecha

La denominada ideología de género es un instrumento político que utiliza la extrema derecha para desprestigiar el feminismo y avanzar en su proyecto. Utiliza el propio vocabulario feminista para criticar de raíz la diferencia entre sexo y género y a la idea de que las formas de ser hombre y de ser mujer sean una construcción social y no fruto de la biología. Critican también que pueda haber orientaciones sexuales diversas y consideran que la homosexualidad o la transexualidad son una aberración. Arguyen que todo ello altera el carácter irreductible de lo biológico y constituye un ataque frontal a la familia tradicional (heterosexual, orientada a la procreación y con roles claros para hombres y mujeres).

La llamada ideología de género vincula el anti-feminismo con los principios de la extrema derecha, en alianza con sectores eclesiásticos ultras, y logra extenderse gracias al clima de inseguridades que el neoliberalismo ha generado. Se ha encuentra muy presente en América Latina: en Colombia y en Brasil tenemos ejemplos paradigmáticos. Y en España también ha empezado a manifestarse.

Se expresa a través de la defensa de la familia tradicional y atrae a muchos sectores populares, al contrastar el orden y la seguridad con las presuntas incertidumbres abiertas por los cambios en la familia, el poder de las mujeres y la libertad de las expresiones sexuales. Entronca así con el neo-machismo rampante que ha contribuido a que Donald Trump alcanzara la Presidencia en Estados Unidos, gracias al voto de los hombres blancos enfadados por el deterioro de sus condiciones de vida y que buscan culpables en los migrantes, las mujeres emancipadas y los homosexuales.

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En el caso de Colombia, la ideología de género se relacionó inicialmente con una supuesta colonización homosexual y acabó identificándose con el contenido de los acuerdos de paz. El conflicto estalló a raíz de la difusión de un manual de convivencia con el título Ambientes escolares libres de discriminación, dirigido a los centros educativos para combatir la homofobia y explicar las diversas opciones sexuales. El manual generó la oposición rotunda de las iglesias católica y evangélica y se celebraron grandes manifestaciones para oponerse a la «ideología de género» y «en defensa de la familia». «Dios creo varón y hembra. Otra cosa es locura», rezaba una de las pancartas.

Los hechos se originaron a partir del suicidio, en 2014, de un estudiante de secundaria en Bogotá, motivado por las discriminaciones y el acoso que sufría en la escuela por ser homosexual. La Corte Constitucional ordenó al Gobierno que revisara los materiales formativos que habían propiciado el odio para asegurar una educación más inclusiva. El Ministerio de Educación revisó los manuales de convivencia, eliminando normas discriminatorias. En el nuevo texto se hablaba de intersexualidad, transgénero, homosexualidad, bisexualidad y heterosexualidad.

Esta revisión fue considerada un ataque frontal a la familia. El hecho de que la ministra de Educación, Gina Parody, fuera lesbiana, se utilizó para argumentar que quería atacar la normalidad de la familia heterosexual y adoctrinar a los niños y niñas.

La polémica se radicalizó tanto que desbordó este hecho concreto y se proyectó también en contra de los acuerdos de paz que se estaban negociando con las FARC. Era el año 2016, y los que se oponían añadieron a sus argumentos un nuevo ingrediente: la ideología de género. Según ellos, y avalados por las principales instituciones eclesiásticas, las FARC pretendían destruir la familia y subvertir la sociedad. «Voto no al plebiscito: yo defiendo la familia», fue uno de los lemas utilizados contra los acuerdos de paz.

La ministra de Educación tuvo que dimitir y el entonces presidente, Juan Manuel Santos. ordenó retirar los manuales de convivencia controvertidos. El componente político de los hechos es claro y relevante.

Jaïr Bolsonaro también utilizó la defensa de la familia y la oposición a la ‘ideología de género’ como un argumento central en la campaña electoral que le condujo hasta la Presidencia del país. En este caso, la ira del anti-feminismo más tradicional y conservador se proyectó contra la figura de Judith Butler, la conocida filósofa feminista, considerada responsable de crear la ideología de género.

Entre el 7 y el 9 de noviembre de 2017 se desarrolló en São Paulo un seminario internacional sobre Las finalidades de la democracia y Butler estaba invitada a dar una conferencia. A pesar de que no iba a hablar de la perspectiva de género, se organizaron protestas masivas contra ella. «Fuera, demonio», “Pedofilia, no; vete al infierno!”, «No a la ideología de género», «Católicos y evangélicos unidos por la familia», «No te metas con mi hijo» fueron algunos de los lemas de las pancartas que se añadían a los carteles con la cara caricaturizada de Butler. Se difundió por Twiter el hashtag #ForaButler. Se recogieron 370.000 firmas pidiendo anular el acto en el que participaba y se quemó una imagen de la filósofa, tratándola de bruja y de demonio.

La indignación iba asociada a la alteración que supone para el orden social explicar el concepto de género. Se decía también que éste escondía la ideología marxista, el comunismo y la corrupción. El Gobierno eliminó el término género de todos los documentos y publicaciones. Bolsonaro ganó las elecciones, manejando la crisis de valores, las críticas a la corrupción, las promesas de seguridad y de certezas que se buscan en una supuesta tradición que, efectivamente, se había modificado como resultado de los cambios sociales y de las luchas feministas.

En España, los ataques contra la llamada ideología de género existen desde hace tiempo, pero eran minoritarios y se reducían a sectores asociados al catolicismo más conservador. Sí que ha habido rebrotes de neo-machismo, ciertamente, pero formulados en otros términos (oposición a la Ley Integral contra la Violencia de Género; invención del Síndrome de Alienación Parental, acusaciones a las feministas de revanchismo hacia los hombres, de feminazis,…).

No se hablaba de ideología de género. Ahora, sí: ahora lo hace Vox abiertamente, sin tapujos. Pero hay un precedente, y son las actuaciones de la asociación Hazte Oír (que en otros países se llama CitizensGo). Se trata de una organización de extrema derecha, ultra-católica, creada en España en 2001 y que hace campañas activas contra el aborto, contra los LGTBI y contra el feminismo.

Fue muy polémica la iniciativa de decorar un autobús con el lema Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen, que se paseó por Madrid hasta que lo pararon y que no llegó a hacerlo en Barcelona ya que los Mossos lo impidieron. Era 2017.

En las últimas primarias del Partido Popular, Hazte Oír apoyó explícitamente a Pablo Casado, porque defendía la familia, la vida y la unidad de España. Actualmente, apoya a Vox, el partido que se ha hecho más visible en las elecciones autonómicas andaluzas y que está en progresión. Uno de los elementos centrales de su campaña ha sido la defensa de la familia y la necesidad de restaurar el poder masculino.

La vicesecretaria de Movilización de Vox y defensora del concepto de ideología de género, Alicia V. Rubio, es tertuliana habitual de algunos medios y en 2016 publicó un libro-panfleto con un título muy explícito: Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres: para entender cómo nos afecta la ‘ideología de género’. Está siempre presente en los actos contra el aborto y se dedica a impartir conferencias para explicar los argumentos de su libro.

Aunque por el momento la ideología de género en España tiene poca incidencia, ya está permeando los discursos de Vox y también del Partido Popular. El neo-machismo se ha rearmado en alianza con el conservadurismo más radical.

La utilización de la denominada ideología de género tiene, pues, un marcado carácter político. Encuentra en el feminismo un enemigo común; es la alianza entre los grupos políticos y eclesiásticos conservadores y resitúa a los hombres en su esfera de poder. La estrategia es producir confusión y pánico moral, en la medida en que la ideología de género destruye la familia y, con ello, amenaza a la humanidad.

Precisamente porque el feminismo está en alza y tiene poder transformador al contestar el poder patriarcal y socavar el orden social en que se basa, los detractores se enfurecen y utilizan el propio vocabulario feminista para atacarlo. No es algo anecdótico. El anti-feminismo es profundamente político.

Autoría

1 Comentario

  1. Francisco George
    Francisco George 02-26-2019

    La ÚNICA ideología de género que ha existido hasta ahora era la de la supremacía del hombre sobre la mujer. El feminismo no es una ideología es un hecho social imparable en consonancia con la carta de los DDHH.

    Tenemos que dejar de identificar el feminismo con la palabra ideología que a lo largo de los meses da una patina negativa a un fenómeno social y global.

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