La incongruencia política

Al margen de consideraciones estratégicas, las dificultades para formar gobierno observadas en España desde 2015 hasta la actualidad obedecen, en buena medida a una progresiva polarización de los partidos que, sorprendentemente, puede no tener reflejo en la ciudadanía. Un aspecto que se conoce poco en la política española es el nivel de congruencia ideológica entre los votantes y sus representantes. Se trata de una cuestión relevante que permite ver el grado de sintonía ideológica entre la sociedad y las elites políticas, así como la manera en que se manifiestan las brechas o la distancia entre representantes y representados. Cabría esperar que los parlamentarios reflejen la distribución ideológica de sus votantes, tanto a nivel global (el conjunto de los parlamentarios se reparte en ideologías de manera similar al conjunto de los votantes) como a nivel de partido (los representantes de cada partido son parecidos a sus propios votantes ideológicamente). ¿Esto es así? ¿Realmente nuestros políticos nos representan en cuanto a nuestras ideas políticas?Una encuesta reciente a parlamentarios y ciudadanos de la legislatura pasada nos permite analizar la congruencia ideológica entre unos y otros. En una escala ideológica 0-10, donde 0 es la izquierda y 10 la derecha, los/as ciudadanos se autoubican por término medio en el 4,6, una posición de centro ligeramente escorada a la izquierda, un dato que ha permanecido prácticamente constante en las últimas décadas. Los parlamentarios, por su parte, se sitúan en una posición de 4,2, unas pocas décimas más a la izquierda que sus representados. No parece una diferencia muy sustancial, pero lo que resulta muy llamativo es la diferencia entre las distribuciones de la autoubicación ideológica de los parlamentarios/as y la ciudadanía. Como puede verse en el Gráfico 1, las élites parlamentarias se reparten entre diferentes valores de la escala izquierda/derecha, formando una línea relativamente plana en la que no sobresale ninguna posición: hay un 10% situado en la extrema izquierda, un 15% en el valor 3, otro 15% en el 5, un 13% en el 7 y tan sólo la extrema derecha se destaca por su escaso apoyo (no alcanzan el 2% los parlamentarios situados en el 9 y el 10). Téngase presente que en el momento de realizar la encuesta Vox no tenía representación parlamentaria y Ciudadanos no había virado ideológicamente. Por el contrario, la ciudadanía presenta una distribución en forma de pico, en la que sobresale el valor 5, seguido de los valores 4, 3 y 6. Es decir, el electorado es mucho más centrista que sus representantes, con un porcentaje considerablemente más alto de personas situadas en las posiciones centrales y más bajo de personas con perfiles ideológicos más marcados (aunque en la extrema derecha la proporción de ciudadanos y parlamentarios es similar).

Fuente: Elaboración propia a partir de las dos encuestas a parlamentarios realizadas por el grupo de investigación DASP

Estos datos pueden interpretarse como la evidencia de que las élites políticas se encuentran más polarizadas que la ciudadanía, algo que se ha constatado con la reciente (y en construcción) política de bloques que ha sustituido al bipartidismo imperfecto de la democracia española. Sus diferencias ideológicas son más pronunciadas y una clara mayoría de los parlamentarios huye del centro, al contrario que los ciudadanos, que parecen encontrarse más cómodos allí.

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Una posible explicación de la falta de congruencia puede residir en el hecho de que los parlamentarios tienen, como es obvio, mucha más implicación política que la media de los ciudadanos, poseen más conocimientos políticos y son mucho más partidistas, lo que lleva a que puedan definirse ideológicamente de manera más precisa y tiendan a evitar posicionarse en puntos intermedios, como sí hacen muchos ciudadanos que se sitúan en el centro como, probablemente, resultado de su poca definición en la política. De ser así, la falta de congruencia podría verse como el reflejo de que las élites son simplemente más conscientes e implicadas y, por lo tanto, más ideológicas, lo que llevaría a considerar normal que fueran más extremistas.

Sin embargo, lo cierto es que no siempre ha sido así. Las élites parlamentarias no están necesariamente más polarizadas que los ciudadanos. En un estudio previo llevado a cabo por los autores de este artículo, se muestra que hace una década la distribución ideológica de ambos grupos no era tan distinta como hoy en día. En el Gráfico 2 se observa que en el período 2009-2012 los ciudadanos tendían a agruparse en el centro ligeramente más que los parlamentarios, pero estos mostraban una distribución más centrada que en la actualidad, con la inmensa mayoría de ellos posicionados entre los valores 3-7 y muy pocos en los extremos. Medida con uno de los índices de polarización más utilizados, el de Russell Dalton (2008), la polarización de las élites parlamentarias (2,53) era incluso ligeramente inferior a la de los ciudadanos (3,14).

Fuente: Elaboración propia a partir de las dos encuestas a parlamentarios realizadas por el grupo de investigación DASP

Diversos factores han llevado a esta creciente polarización de las élites políticas: la crisis económica e institucional; la fragmentación del sistema de partidos, con la aparición de nuevos actores, algunos de ellos más radicales; el conflicto territorial surgido en Cataluña, los cambios de estrategia de algunos partidos que optan por abandonar la búsqueda de apoyos electorales en el centro político. Lo que es indiscutible es que los parlamentarios se han radicalizado, huyendo del centro y yendo a los extremos del arco ideológico y además tienden a percibir a los demás partidos como actores más radicales de lo que ellos mismos se perciben ideológicamente.

Fuente: Elaboración propia a partir de las dos encuestas a parlamentarios realizadas por el grupo de investigación DASP

En la Tabla 1 se muestra la autoubicación de los parlamentarios de los cuatro grandes grupos políticos presentes en las Cortes Generales y los parlamentos autonómicos de la anterior legislatura, más dos categorías correspondientes a partidos nacionalistas y a otros partidos autonómicos de carácter no nacionalista. Asimismo, se muestran las puntuaciones medias que dan los parlamentarios de cada partido a los cinco principales partidos de la anterior legislatura (en este caso distinguiendo entre Podemos e Izquierda Unida) y también se indica la autoubicación de los parlamentarios en 2009, en la que no se incluye a Ciudadanos, que solo contaba con una pequeña representación en Cataluña y en la que tampoco se incluye a los partidos autonómicos, porque la muestra no ofrece datos para codificarlos de la misma manera que en 2018.

Uno de los datos más llamativos de la Tabla 1 es el desplazamiento a posiciones más radicales de las tres principales formaciones políticas entre 2009 y 2018. Los parlamentarios del PP en 2018 se situaron 0,8 puntos más a la derecha que sus colegas en 2009, en tanto que los del PSOE lo hicieron 0,8 puntos más a la izquierda. Los parlamentarios de Podemos estaban 1,1 puntos más a la izquierda que los de Izquierda Unida en 2009. La otra cuestión relevante es la gran diferencia entre la autoubicación de los parlamentarios de cada partido y la puntuación que le asignan al partido los demás grupos políticos. Destacan particularmente los casos del PP y Ciudadanos. Los parlamentarios del PP se posicionan en la derecha moderada (6,7), pero tanto los partidos de izquierda como los nacionalistas ven al PP como una organización de derecha radical: el PSOE puntúa de media al PP con un 8,9, en tanto que Podemos y los nacionalistas lo puntúan con un 9,2. En el caso de Ciudadanos la diferencia es aún más extraordinaria: sus parlamentarios se sitúan en el centro (4,8), pero el PSOE lo lleva a la derecha (8,6), en tanto que Podemos y los nacionalistas lo ubican en una derecha aún más extrema que el PP (9,3).

Podemos también es visto por los partidos de centro y de derecha como una organización más radical que la que le atribuyen sus propios parlamentarios. El PP lo puntúa con 0,5 en la escala 0-10 y Ciudadanos le atribuye 1 de media. Por el contrario, el PSOE es percibido por los partidos de centro-derecha de manera similar a su autoubicación (en torno al 2,8), mientras que Podemos y los nacionalistas lo perciben como un partido centrista (5,5 y 5,1 respectivamente). No hay partido cuya autopercepción coincida con la imagen que los demás tienen de él. Estas disonancias son normales en política, aunque se han agravado con el tiempo como reflejo quizá de una radicalización ideológica que ha derivado, recientemente, en una política de bloques ideológicos.

No cabe duda de que la política española actual se ha polarizado y que los partidos han ido abandonando el terreno en el que se ubica la mayor parte de electores, el centro ideológico. Esta situación no augura nada bueno para la política institucional ni la gobernabilidad, como estamos comprobando en la (por ahora) fallida formación de gobierno. Lo probable es que el frentismo (o la política de bloques) siga paralizando la política española y haga mucho más difícil los acuerdos que hasta Bruselas considera necesarios para el avance del país.

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