Agenda Pública

La Lega de Salvini: éxito electoral, futuro incierto

El crecimiento electoral de la Lega de Matteo Salvini es una de las novedades de estos años en el escenario político italiano. La Lega había gobernado desde hacía mucho tiempo, en el pasado, en los gobiernos de centro-derecha liderados por Silvio Berlusconi. Desde 2018 se convirtió en el partido hegemónico en su coalición y después entre el electorado italiano. Durante casi un año ha mantenido una alianza con el Movimento 5 Stelle (M5S), consiguiendo liderar el país e imponer algunas de sus medidas discutidas y de dudosa eficacia; entre ellas, el decreto de seguridad para la gestión de los flujos migratorios, que ha puesto a Italia bajo la observación de las organizaciones internacionales de derechos humanos y abrió un conflicto con las instituciones europeas. Después de las vacaciones del pasado verano, con la desconfianza del Gobierno del que formaba parte y el intento fracasado de imponer la celebración elecciones aprovechando su estela de éxito, la Lega ha vuelto a la oposición.

¿Cuáles han sido los cambios y cuáles las razones que en los últimos años han llevado a la Lega a imponerse en la escena nacional y, de alguna manera, en la internacional? ¿Cuáles son los límites de su prospectiva política (y cultural)? Salvini ha conseguido imponer su rumbo al partido. Lo cogió después de la crisis de 2013, después de que su viejo líder Umberto Bossi y su círculo mágico dimitieran por escándalos de corrupción interna. Con el traspaso de poderes, la Lega dio un paso decisivo hacia un modelo de partido vertical, menos ligado al activismo de base y de la acción administrativa de la clase dirigente local.

En su acción política, Salvini se ha dotado de un staff de comunicación y de una estrategia mediática. Ha conseguido multiplicar su presencia, primero en las televisiones y después en las redes sociales, agitando (aunque inventando) problemáticas sociales que tocan el sentido común, la cotidianeidad, y presentándose como el político en el que se puede confiar para resolverlas. Nada particularmente nuevo y original, pero suficiente para conquistar un electorado confundido e insensible.

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‘Lega, partito del Nord Italia e ancora per il Nord’: la Lega ha conseguido cambiar en la continuidad. En los últimos años, ha pasado de ser un movimiento federalista, autonomista y secesionista (que proponía separar institucionalmemnte las regiones del norte de Italia del resto del país) a una formación que se proyecta en el mundo y en los temas de la derecha nacionalista: lucha contra la mundialización, la inmigración, la Europa de la moneda única y la democracia pluralista.

En el pasado, la Lega miraba favorablemente a la Europa de las regiones como vía de salida del Estado-nación. Ante la imposibilidad de reconocimiento de un Estado padano independiemnte, comenzó a oponerse a Europa, pasando del eslogan Prima il Nord a Prima gli italiani. Se ha convertido en un partido nacionalista pero no plenamente nacional, porque el norte de Italia sigue siendo su núcleo económico e identitario contra la globalización, mientras el resto del país es un apéndice electoral funcional. En esta clave debe leerse, por ejemplo, la propuesta de relanzar la “autonomía diferenciada” para retener una mayor cuota de impuestos en las regiones y reducir los mecanismos de re-equilibrio y redistribución estatal entre áreas ricas y áreas menos desarrolladas; dicho de otra forma, un ataque al welfare nacional.

La Lega, partido de extrema derecha: Salvini ha reforzado la ubicación de su partido en el ámbito de las formaciones populistas europeas, situándose siempre más hacia la extrema derecha. Estamos ante un cambio a largo plazo, que se ha acentuado en estos últimos años. Se nota en la posición del partido y de los electores en algunos temas clave como la inmigración, el euroescepticismo y el tradicionalismo ético (matrimonio homosexual, rol de la mujer, etcétera).

La mayor relevancia de la cuestión inmigratoria en la retórica política de la Lega es quizá la dimensión que más ayuda a la comprender a esta formación. Es en torno a este issue donde el partido ha construido sus posiciones con mayor éxito, relanzando la imagen de una sociedad moralmente compacta, cristiana en sus orígenes, chovinista (welfare para los italianos), y sin perder apoyos a pesar de estas posiciones extremas en las referencias culturales, ideológicas y de valores.

Lega, el partido de las clases privilegiadas, de la burguesía productiva y no de los ‘left behind’: su base social ha cambiado poco en el tiempo. Como en años pasados, son sobre todo electores de mediana edad, relativamente seguros de su puesto de trabajo y preocupados por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios (o de las pensiones futuras). Sigue siendo un partido con fuerte presencia en las clases autónomas, especialmente de la pequeña y mediana empresa. La cuota de trabajadores es importante, pero no prevalente e insuficiente para sostener la tesis de un avance entre esta clase.

Se puede hablar de una formación sólo en parte interclasista por la dificultad que tiene para conectar con los trabajadores del sector público y, también, porque no consigue ser hegemónica entre los parados y el precariado; y tampoco entre los jóvenes, donde tiene mayor presencia el M5S. La aspiración de Salvini es representar al mismo tiempo a los animal spirits del capitalismo del Norte y a los sectores populares. Tener un bloque de consenso transversal es un punto de fuerza, pero es más difícil conciliar políticas e intereses diversos sin crear confusión entre el electorado.

La Lega ha gobernado un año con el M5S. Este breve paso por una alianza anómala no debe sorprender. Desde su nacimiento, ha ido en contra de la ineficiencia de los partidos, del Parlamento, de la Magistratura, de la burocracia y de la democracia en su conjunto. El M5S es el partido italiano que ha hecho de la protesta política su elemento distintivo. Ambos han expresado formas de malestar complementarias. La Lega propuso un populismo de derechas anti-inmigración e identitario, mientras que el M5s ha canalizado la rabia social en la lucha contra la casta y la corrupción política.

Si el Gobierno con el M5S ha llevado a la Lega más allá de la coalición de centro-derecha, el fin de esta alianza ha determinado la necesaria reincorporación en el espacio político-ideológico de siempre, con una posición de fuerza y una carga de responsabilidad (como partido más importante) desconocidas en el pasado. La Lega vuelve a la oposición en el ámbito nacional, mientras permanece en el Gobierno (con el centro-derecha) en muchas regiones y ayuntamientos del Norte. Clarificada la ubicación política e ideológica, los números permanecen.

¿Conseguirá el partido crecer electoralmente y hacerlo también sus aliados (sin quitarles sus apoyos)? ¿Logrará el centro-derecha a remolque de la Lega (y sin el appeal y el poder político local construido por Berlusconi) convencer al electorado de las regiones del Sur sin traicionar las posiciones de los gobernadores del Norte? Éstas son sólo algunas de las cuestiones presentes en el debate político del futuro próximo en Italia; siempre que no llegue una crisis económica que pudiera complicar las cosas.