La Monarquía y la teoría de juegos

Los recientes escándalos de la Monarquía Española han erosionado a la institución. Por un lado, ha pasado de ser un tema residual en la política española a ser importante. Por otro lado, como se puede ver en la reciente encuesta publicada por CTXT, la institución se percibe de manera diferente según la trinchera política. Mientras los partidos y votantes de derechas apoyan en su inmensa mayoría a la Monarquía (aunque entre los votantes de Ciudadanos no haya tanta unanimidad), los de izquierda están divididos. Esta situación genera unos incentivos que pueden ser analizados desde el marco de la teoría de juegos.

Tres posiciones

Las posiciones de los partidos respecto a la Jefatura del Estado varían en el eje izquierda-derecha. Por una parte, en España los partidos y votantes de derecha son monárquicos por convicción. Así, la inmensa mayoría de votantes de derecha la apoyan, en consonancia con sus líderes políticos. Aunque durante unos años de la Transición parte de la extrema derecha española rechazó la figura del Rey por oponerse al franquismo, la Monarquía se acabó consolidando entre los votantes y partidos de derecha.

Por otra parte, en la izquierda hay divisiones. El PSOE tuvo problemas derivados de su historial republicano para aceptar la Monarquía. Durante las negociaciones para elaborar la Constitución Española, se opuso más férreamente que el Partido Comunista a la instauración monárquica. Sin embargo, durante la democracia aceptó tácitamente la institución y, a pesar de definirse como un partido de “valores republicanos”, reconoce la Monarquía. No es raro que figuras importantes del PSOE lo definan como un partido accidentalmente monárquico, o que se le defina como un partido de dos almas. En estos momentos, los votantes socialistas están divididos con respecto a su apoyo a la institución, con una mayoría apostando por la República (55%). De esta forma, los votantes y los líderes del PSOE nunca podrán coincidir del todo en su posición respecto a la Jefatura del Estado. Hagan lo que hagan sus líderes, esta institución supone una fuente de conflicto en el partido.

Por último, más a la izquierda, Unidas Podemos apuesta genuinamente por la república. Aunque en los inicios de la Transición el PCE apoyó la Monarquía, la formación morada ha apostado siempre por aquélla. Como sucede con los partidos de derecha, sus votantes respaldan al partido en su lucha republicana: un 91,1% de los simpatizantes de la formación votaría por esta opción en un hipotético referéndum.

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De esta manera, tanto los partidos de derechas como Unidas Podemos tienen posiciones que van en consonancia con sus votantes. Sin embargo, el PSOE está en una encrucijada porque su electorado está dividido. Veamos cómo este escenario puede afectar al futuro de la Monarquía cuando aparecen los incentivos electorales.

Tres escenarios y un dilema

Para simplificar, imaginemos que hay tres posibles escenarios políticos con respecto a la Jefatura del Estado: Monarquía No Politizada (MNP), Monarquía Politizada (MP) y República (REP). Cada uno de los tres bloques políticos analizados tienen una sucesión de preferencias diferentes, que viene definida por la utilidad derivada del escenario en términos electorales e ideológicos. A nivel ideológico, la derecha obtiene mayor utilidad con la Monarquía y Unidas Podemos con la república; el PSOE no obtiene un diferencial significativo de utilidad en ningún escenario. A nivel electoral, como explicaremos a continuación, la utilidad de cada escenario viene explicada por la siguiente tabla:

  • Monarquía No Politizada (MNP)

En la MNP, la Monarquía no es un tema que importe demasiado en el debate público y no divide a la opinión pública, que muestra el mismo apoyo a la institución independientemente de su posición política. Durante gran parte de la democracia española hemos estado en este escenario, en el que no había diferencias sustanciales entre los votantes del PSOE y el PP en su posición respecto a la Jefatura del Estado, y la Monarquía era un tema menor en el debate. Sí había diferencias entre los votantes de partidos de extrema izquierda, que no la apoyaban, pero no eran suficientes como para alterar este escenario. Como el comportamiento de la institución se presumía ejemplar, la Jefatura del Estado no importaba demasiado a los españoles.

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La MNP es el escenario ideal para el PSOE, que no pierde votos por su posición ambigua respecto a la Monarquía y puede mantener el statu quo sin hacer ruido. Por su parte, en términos ideológicos la MNP es buena para la derecha. Sin embargo, este escenario no es el mejor para ella en términos electorales. Al ser la Monarquía un tema no divisivo y no demasiado importante, la derecha no puede utilizarlo para explotar las contradicciones del PSOE. Por último, este escenario es el peor posible para Unidas Podemos, que no obtiene réditos ni ideológicos ni electorales en una MNP. Al no obtener la forma de Jefatura de Estado que quiere ni rédito electoral por aprovechar la ambigüedad del PSOE, los morados tienen todos los incentivos para intentar cambiar de escenario.

  • Monarquía Politizada (MP)

En una MP, los ciudadanos ven la institución de manera diferente en función del partido con el que simpaticen y la Jefatura del Estado es un asunto importante a la hora de definir el voto. El paso de un escenario a otro puede deberse a factores exógenos o endógenos. Por ejemplo, la aparición de escándalos que afecten a la reputación del monarca no tiene nada que ver con los partidos políticos. Por otro lado, éstos pueden tratar de politizar la institución, ya sea atacándola o apropiándosela. En términos electorales, tanto Unidas Podemos como los partidos de derecha tienen incentivos para tratar de mover el escenario de MNP a MP. Por su parte, el PSOE es el partido con menos incentivos de politizarla, lo que quizás explique la negativa de Félix Tezanos a preguntar sobre la monarquía en el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y la timidez del partido ante los actos pro y anti-monárquicos.

Si la Monarquía está politizada, el PSOE está ante su peor escenario. En términos electorales, cualquier decisión que tome será costosa. Si apoya esta institución, estará yendo en contra de la mayoría de sus votantes, que podrían sentirse atraídos por el mensaje republicano de Unidas Podemos. Si decide apostar por la república, muchos votantes centristas podrían irse a partidos de derecha. De esta manera, lo mejor que puede pasar para el PSOE es volver a un escenario no politizado en el que la importancia de la forma de Estado sea pequeña. Por su parte, Unidas Podemos verá su situación mejorada en la MP. Aunque en términos ideológicos seguirá en un escenario subóptimo (la Monarquía), en términos electorales podrá explotar las contradicciones del PSOE. Además, este nuevo escenario de inestabilidad en la Jefatura del Estado da más opciones para que la república se establezca en el futuro.

La situación de los partidos de derecha es la más compleja. Por un lado, el nuevo escenario les beneficia electoralmente y no les perjudica ideológicamente, ya que se mantiene su forma de Estado preferida. Aumentar la politización de la Monarquía puede servirles para dividir al electorado centrista del PSOE y ganar votos. Por otro lado, el riesgo de la derecha es que la politización de la institución cambie demasiado los incentivos del PSOE. Aunque rentable electoralmente, una politización excesiva de la institución puede facilitar la instauración de la república.

  • Hacia la Tercera República

En un escenario cada vez más parecido a una MP, en parte por factores externos a los partidos y en parte por su actuación, éstos tienen incentivos contrarios. Unidas Podemos se beneficia de la politización y la inestabilidad de la Monarquía. A corto plazo, lo que puede frenar al partido es el hecho de formar parte de un Gobierno de coalición con el PSOE, que tiene los incentivos opuestos. Además, asociar en exceso la forma de Estado con políticas de izquierda, centralizadoras o plurinacionales puede dificultar que los votantes reticentes del PSOE acepten la república. Sin embargo, no tiene sentido pretender que Unidas Podemos actúe a medio plazo en contra de sus intereses tanto ideológicos como electorales.

Por su parte, el PSOE está en una situación problemática, en el que sus incentivos no se alinean con ninguna opción. Si la Monarquía se politiza completamente y se percibe como una institución de parte, el PSOE tendrá muchas dificultades para seguir apoyando el statu quo. Aunque tanto eventuales nuevos escándalos monárquicos como el ataque de sus socios de coalición pueden alterar la posición socialista, la actuación de la derecha puede ser fundamental para definir sus incentivos. La apropiación de la Monarquía por parte de la derecha puede actuar como una profecía autocumplida: cuanto mayor éxito tengan las críticas desde partidos u organizaciones de sociedad civil monárquicas a la ambigüedad del PSOE, más incentivos tendrá el partido para declararse republicano. De esta forma, los defensores de la Monarquía, tanto desde partidos derechistas como desde la sociedad civil, pueden morir de éxito: si consiguen arrebatarle al PSOE sus últimos votantes republicanos o hacer que el asunto se vuelva fundamental en la política española, lo más probable es que estén condenando para siempre la Monarquía a la inestabilidad.

Los partidos de derecha, así como los monárquicos en general, se enfrentan a un dilema. Si quieren que este modelo de Jefatura de Estado perdure a medio plazo, deben conseguir que sea un tema de importancia menor y que no divida a la población por líneas ideológicas. Para ello, deberían sacrificar los intereses electorales a corto plazo e intentar no politizar la institución. El lector puede juzgar si los distintos actores han actuado en función de sus intereses a medio plazo en los últimos meses.

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