La nueva ecología, motor de la recuperación industrial y económica

Ecología y empleo son dos términos que tradicionalmente han ido por caminos diferentes, pero que en esta ocasión se cogen de la mano en lo que se ha venido a denominar empleo verde, llamado a ser motor de nuestra recuperación industrial y económica. La razón de esta unión parte de una nueva ecología, ligada a la tecnología y a la transición energética.

Ejemplo de ello es el nombramiento, hace unos días, de nuestra ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, como copresidenta del Consejo Consultivo Internacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la que se impulsará la iniciativa Acción Climática por el Empleo.

Como ciudadanos europeos, formamos parte del compromiso común de descarbonizar nuestras sociedades, teniendo una huella de carbono cero en 2050. Eso implica transformar la forma en la que generamos y consumimos la energía que nos mueve. La forma más drástica de hacerlo sería dejando de consumir esa energía: apagar la luz en casa, dejar de conducir coches, dejar de transportar bienes y alimentos en camiones, dejar de ir en barcos a motor… en definitiva, retroceder varios siglos. Por nuestra propia naturaleza humana, esto no va a suceder, porque nadie quiere perder el nivel de vida adquirido en la sociedad moderna. Se entiende que algo así quebrantaría el sistema económico actual y nos llevaría al desastre.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Por tanto, el único camino hacia la descarbonización consiste en conseguir mantener o mejorar lo que tenemos haciendo las cosas de forma diferente, y esto tiene un nombre: tecnología. Lo que nos lleva a la siguiente conclusión:

Transición ecológica = Transición energética = Transición tecnológica

Para que en 2050 hayamos culminado los objetivos marcados de neutralidad de carbono, según la Agencia Internacional de la Energía Renovable (Irena, ver gráfico) se van a crear 42 millones de empleos en todo el mundo. Pocas industrias tienen tan claro su impacto en el futuro.

Tenemos la difícil misión de entender este proceso, y decidir apostar que parte de este empleo se genere desde España. Según el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima), la previsión es de un incremento de empleo neto entre 250.000 y 350.000 anuales hasta 2030. De ahí que me parezca tan procedente el discurso de Joan Groizard desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Idae), quien repite constantemente, en cada acto público, que la transición energética contribuye a la reactivación económica a corto, medio y largo plazo.

En los últimos tiempos, hemos echado en falta industrias potentes que nos hagan menos dependientes del sector del turismo y el ocio. Demos fuerza, por tanto, a aquello que sabemos que generará empleo estable y continuado, como son las energías renovables, el almacenamiento o los vehículos eléctricos, contribuyendo a dejar un mejor planeta.

Además, tampoco nos pilla de nuevas; en la industria renovable ya somos tremendamente potentes. Ser pioneros a principios de siglo, con todos los errores que ello pudiera suponer, nos hizo expertos; y durante más de una década de crisis nacional, las empresas españolas fueron líderes en mercados tan dispares como el británico, el americano o el australiano. Hoy en día se vuelve a utilizar este conocimiento y experiencia en España, tanto en grandes instalaciones como de autoconsumo. Si somos ya una referencia mundial en este sector en expansión, donde la mayoría de energía todavía se obtiene de fuentes fósiles, sólo nos queda apostar por este caballo ganador. Formarse en este campo significa empleo asegurado durante décadas, en nuestras fronteras y fuera de ellas.

En España somos buenos promoviendo, diseñando, construyendo, instalando, tenemos la flexibilidad que la industria requiere, tenemos incluso fabricantes que son líderes en la tecnología que hace que todo esto sea posible. Esto abarca muchísimo: empleos en ingeniería de diseño, electrónica, programación, mecánica, eléctrica, montaje, distribucióntodo ello aporta un valor enorme al empleo creado, empleo de una alta calidad.

A veces invertimos demasiado tiempo en justificarnos y en luchas internas que sólo hacen de freno. Tenemos todo el conocimiento, el know-how y un mercado mundial en auge para explotarlo. No tengo dudas sobre la apuesta.

Algo similar sucede con el vehículo eléctrico. Su instauración lleva detrás una gran cantidad de puestos de trabajo asociados, tanto en la fabricación de vehículos como en la fabricación e instalación de la red de recarga; sin olvidar la reutilización y recuperación de las baterías.

La diferencia respecto al caso de las renovables es que hemos pasado tanto tiempo pensando en si esto iba en serio que ya no tenemos tiempo de ser pioneros, pero sería un éxito subirnos al vagón que ya va lanzado y aprovechar el viento a favor.

Demasiadas veces hemos escuchado que el éxito noruego en la implantación del vehículo eléctrico no es representativo, que en España no se puede aplicar (¡No somos nórdicos, por favor!). Pero tampoco somos alemanes, ni tampoco británicos, países donde su introducción empieza a despegar. Los primeros, líderes europeos de la industria europea automovilística, han alcanzado el 13,2% (6,4% puros y 6,8% híbridos) de cuota de mercado en agosto, con un acumulado del 9,2% en 2020. Los segundos han estado muy cerca de llegar al 10% (6,4% puros y 3,3% híbridos) de cuota de mercado en el mismo mes de referencia, siendo el acumulado del año de un 8,2%.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Habrá quien siga viendo estos datos todavía pequeños dentro de un mercado automovilístico deprimido en general, pero la línea ascendente es clara y, en un mundo que se mueve a la velocidad tecnológica actual, al objetivo de descarbonizar el transporte por carretera en tres décadas le va a sobrar por lo menos la mitad.

En España nos debatimos permanentemente entre las dudas, la división y las trabas burocráticas. Esto nos lastra y nos lleva a unos datos bastante inferiores a nuestros socios comunitarios, con un 1,9% de cuota de mercado en turismos eléctricos puros.

Cierto es que no somos nórdicos, ni alemanes, ni británicos, pero eso no significa que no podamos hacer las cosas incluso mejor a nuestro estilo. Tarde o temprano, España también se lanzará, pero si es tarde lo haremos con tecnologías desarrolladas por otros. Debemos luchar por que se impulsen desde aquí, ya sea a través de las eléctricas o de cualquiera que acabe surgiendo de forma sólida y sostenible (léase el hidrógeno verde).

Desde luego, nos sobra talento para conseguir los retos que nos planteamos. Al mismo tiempo, tenemos la necesidad de impulsar industrias que nos hagan crecer en la recuperación económica. En 2050, sólo en España el 74% de la energía tiene que generarse a través de las renovables, y la totalidad de los vehículos eléctricos van a ser renovados por tecnologías nuevas. Apostar por sectores que tienen asegurado el empleo, y en los que además somos tremendamente buenos, no puede ser un error.

Suerte a nuestra ministra en su andadura en el OIT.

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.