La paradójica hegemonía de Merkel en cinco claves

Angela Merkel ha ganado las elecciones del 24 de septiembre en Alemania y volverá con toda seguridad a asumir la dirección del gobierno del hegemón europeo. Para evaluar la magnitud de su figura política basta señalar que si completa un nuevo mandato de cuatro años adelantará a Adenauer (1949-1963) e igualará a su mentor Helmut Kohl (1982-1998) como canciller más longeva de la República Federal fundada en 1949. Sin embargo, dicha victoria se da en el contexto de un claro retroceso electoral (su partido pierde más de ocho puntos respecto a las anteriores elecciones de 2013) y de consolidación de los populistas de extrema derecha (Alternative für Deutschland o Alternativa para la Alemania en español) por encima de lo previsto. Sin pretender explicar dichos resultados que requieren un análisis más pormenorizado, intentaremos ponerlos en el contexto de los 12 años de gobierno de Angela Merkel.

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Una coalición de gobierno incierta

Como en la mayor parte de las elecciones anteriormente ganadas por Merkel, no hay ninguna alternativa de gobierno que no pase por el partido de la canciller. Esto se da en un Parlamento más fragmentado por la entrada de más de 150 diputados verdes y de AfD, que se quedaron al límite de la barrera de acceso al Bundestag en las anteriores elecciones. Según los resultados de las encuestas a pie de urna, las únicas alternativas son la reedición de la gran coalición con los socialdemócratas (SPD) o la formación de una coalición jamaicana (llamada así por la concordancia de los colores de los tres partidos con la del país caribeño) de la CDU/CSU de Merkel con los liberales del FDP y los verdes. A priori la gran coalición con el SPD, con quien Merkel ya gobernó de 2005 a 2009 y de 2013 hasta hoy, es mucho más ventajosa para la canciller. Sin embargo, el líder socialdemócrata Martin Schulz anunció en la propia noche electoral que no repetirían una gran coalición. En efecto una reedición de dicha coalición puede plantear serias dudas sobre la competitividad del SPD y del propio sistema de partidos en Alemania.

La competitividad del sistema de partidos

El cuarto gobierno de Merkel supone a primera vista la confirmación de la hegemonía de la CDU/CSU en el sistema de partidos, pues en 2021 dicha fuerza habrá asumido la cancillería durante 32 de los últimos 40 años. Y, sin embargo, siempre según los sondeos, la canciller sólo tendría unos 220 escaños (sobre 631) en un Cámara Baja formada por seis partidos. Esta aparente paradoja puede reconciliarse considerando que los gobiernos de Merkel han sobrevivido a costa de una cierta reducción en la competitividad del sistema de partidos. Cuando hablamos de la competitividad de un sistema de partidos nos referimos al número de partidos que efectivamente tienen representación, así como a su diferenciación programática. En este sentido, los últimos años han visto una reducción creciente del apoyo al partido socialdemócrata y del FDP -que vuelve al Bundestag tras cuatro años de ausencia- mientras dichos partidos han compartido gobierno con los populares de Merkel. Todo ello en un contexto en el que la dinámica de compartir gobierno con sus rivales y la estrategia electoral han impulsado a la canciller a adoptar políticas que se salen de la matriz popular conservadora, tales como la adopción de un salario mínimo, el final de la energía nuclear o una decidida apertura a los refugiados durante la crisis siria.

El auge del populismo de extrema derecha

Si bien el estilo aburridamente centrista y consensual de la política alemana tiene elementos de celebración en un momento políticamente convulso en Europa y en el mundo, la reducción de la competitividad entre los partidos clásicos puede ser una de las explicaciones al crecimiento de las alternativas radicales. La más preocupante es el auge de Alternativa para Alemania, que por primera vez entra en el Parlamento federal con un programa claramente extremista, aunque no de tipo neonazi, poniéndolo probablemente a salvo de una posible impugnación por el Tribunal Constitucional. Si bien en el momento de su aparición, AfD parecía una reacción extrema a la implicación de Alemania en los planes de rescate en la crisis del euro, el partido parece haberse radicalizado y aumentado su apoyo tras las movilizaciones racistas de PEGIDA y tras la llegada de refugiados. Si bien es seguro que el partido experimentará un aislamiento parlamentario, dicha política puede contribuir al éxito de su mensaje como única alternativa al estado de cosas.

El proyecto europeo y el liderazgo global

Merkel recibió numerosas críticas durante su segundo mandato de 2009 a 2013 (en coalición con el liberal FDP) por haber tardado demasiado en tomar las decisiones críticas para salvar el euro y haber tenido siempre consideraciones nacionales en mente a la hora de afrontar las crisis europeas. Pero se suele olvidar que con frecuencia la canciller ha tenido que liderar una opinión pública reacia a ayudar a Grecia y a mutualizar los riesgos fiscales de la moneda común. En este sentido algunos piensan que la capacidad de supervivencia de Merkel junto con la elección de Macron en Francia y la ausencia de convocatorias electorales próximas, abrirían una ventana de oportunidad para asentar la gobernanza de la UE sobre unas bases más sólidas, mediante reformas de los tratados o la adopción de nuevas políticas. Pero la canciller probablemente siga teniendo fuertes incentivos para ser prudente, sea quién sea su socio de gobierno. En este sentido AfD es un partido eurófobo mientras que el resucitado FDP tiene fuertes reservas a cualquier política más ambiciosa de integración fiscal europea. Si además se confirma que el SPD adopta una política de diferenciación respecto al gobierno, la agenda nacional estará condicionada de manera poco favorable. Sin embargo, Alemania cuenta con una ocasión única para ejercer liderazgo global ante la retirada de los EE. UU. de políticas multilaterales como el comercio, la lucha contra el cambio climático e incluso la seguridad europea. Estos asuntos global-europeos pueden, por tanto, prestarse mejor a una profundización de la cooperación europea que la propia gobernanza del euro.

La dimensión de género

La politóloga Joyce Marie Mushaben señala que la canciller ha conseguido transformar el discurso sobre el acceso de las mujeres a posiciones de responsabilidad política. Aunque la canciller nunca ha hecho de la causa feminista su bandera (admitiendo su poco éxito e interés en su primer cargo como ministra para la Mujer y Juventud), durante su carrera ha pasado de ser considerada como la niña de Kohl y ser juzgada por su forma de vestir o su peinado, a adquirir el título de mujer más poderosa del mundo. Si bien el leve aumento en número de parlamentarias de la última década (de 26 a 36% de 2000 a 2010) puede decaer tras esta elección hasta un 32%, la canciller ha conseguido visibilizar el papel de las mujeres en la dirección del gobierno. o en puestos como el ministerio de Defensa en un país conocido por los lentos progresos en esta materia.

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