La politización de la Monarquía: la hipótesis cultural

La historia reciente de la Monarquía española es la de una institución fuertemente apoyada por los principales partidos del país y pasivamente aceptada por la población. El consenso político para no incluir a estas instituciones en el debate público ayudaba a explicar la amplia valoración que recibían de parte del electorado. Sin embargo, la corrupción, la crisis y los cambios de valores en las sociedades modernas pueden estar acabando con el ‘consenso permisivo’ sobre la Monarquía española y estarían dando lugar a una nueva fase de politización de la institución basada en el eje cultural de competición política. Para entenderlo, es necesario explorar tanto la demanda como la oferta de esa competición partidista con respecto a la Monarquía.

‘Demand side’ 

La Monarquía ha sido tradicionalmente una de las instituciones mejor valoradas por los españoles. La causa y la consecuencia de este hecho se encuentra en el consenso entre los partidos tradicionales de no involucrar al rey en sus discursos partidistas. Es por ello por lo que, hasta ahora, los debates sobre la Monarquía versaban más sobre si debía haber un debate en primer lugar que sobre las virtudes o defectos de esta forma de Estado. 

Sin embargo, su valoración positiva se acabó en la década pasada. Debido a los casos de corrupción asociados a Iñaki Urdangarín, a las cacerías de Juan Carlos I y a la pérdida generalizada de confianza en las instituciones tras la crisis de 2008, cayó notablemente hasta llegar al suspenso. 

Gráfico 1.- Valoración de la Monarquía española

Fuente: María Blanco, ‘¿Qué opinan los españoles sobre la Monarquía? El CIS no lo pregunta desde 2015’, Newtral, 19 junio 2019.

Aunque el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) dejó de preguntar en 2015 por la Monarquía, una serie de encuestas realizadas en los últimos años ponen de relieve que la corona, pese al leve repunte tras la sucesión, sigue siendo poco valorada por los españoles. Según una encuesta de Ipsos realizada en 2018, sólo un 24% de los españoles piensa que sería negativo eliminar la Corona, la cifra más baja entre todas las monarquías europeas. Encuestas más recientes de ‘El Español’ y ‘La Sexta’ otorgan al rey un 4,8 y un 4,3, respectivamente. ‘Público’ realizó un sondeo a principios de mayo que apuntaba a que el 51,6% de los españoles preferían una república, mientras que sólo un 34,6% defendía la Monarquía.

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La mala valoración no es, sin embargo, igual entre las distintas ideologías políticas. Como apunta Lluís Orriols (gráficos 2 y 3), la Monarquía ha ido perdiendo apoyo sobre todo entre el electorado de izquierda, hasta convertirse en una institución «de parte». El hecho de que el suspenso parezca haberse extendido tanto en el tiempo apunta a que la explicación combina causas estructurales y razones coyunturales relacionadas con la corrupción y la crisis. 

Gráficos 2/3.- Evolución de la confianza en la Monarquía según ideología

Fuente: elaboración de Lluís Orriols a partir del CIS (gráfico de arriba) y del CEO (gráfico de abajo).

Varios politólogos han defendido que en las últimas décadas se ha visto reforzada la dimensión cultural de competición política que contrapone a verdes, alternativos y liberales con tradicionalistas, autoritarios y nacionalistas (o GAL-TAN, en sus siglas en inglés). Esta dimensión establece un segundo eje de competición partidista junto al económico y ayuda a explicar el surgimiento de opciones políticas verdes y liberales como la de Emmanuel Macron o nacionalistas y tradicionalistas como la de Marine le Pen. Este eje de valores estaría estructurando cada vez más la opinión pública y la oferta electoral; y la Monarquía, como símbolo de la unidad nacional española y representante de una institución tradicional pre-democrática, estaría en primer línea para verse afectada por este eje cultural. Aunque el debate entre monarquía y república no ha sido apenas estudiado como parte de esta literatura, me aventuro a plantear la hipótesis de que la politización de la Corona sigue la línea de competición cultural. Así, podríamos plantear dos hipótesis que expliquen el apoyo de la Monarquía

H1 Hipótesis cultural.- La Monarquía se ha visto afectada por un cambio cultural a largo plazo y el apoyo que recibe depende de cómo se sitúen los electores con respecto a ese eje de competición partidista. 

H2 Hipótesis coyuntural.- El apoyo a la Monarquía depende de factores coyunturales como los escándalos de corrupción o un aumento de la desconfianza generalizada en las instituciones

Lo más probable que ambas hipótesis expliquen parcialmente el fenómeno. Sin embargo, puesto que el CIS no pregunta sobre este asunto desde 2015, no disponemos de los datos necesarios para comprobarlo.

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En respuesta a una pregunta sobre porqué el CIS no incluía la pregunta sobre la Corona, José Félix Tezanos, director de la institución, destacó que cuando se les preguntaba a los españoles por los principales problemas de España, la Monarquía apenas llegaba al 1% de respuestas. Sin embargo, no es de extrañar que una institución que ha disfrutado tradicionalmente del consenso permisivo y del apoyo de los principales partidos políticos no sea una prioridad en una monarquía parlamentaria, en la que el rey no tiene poder ejecutivo. Sin embargo, al no preguntar por ella en el CIS, no podemos saber si se está politizando lentamente como parte de un movimiento estructural mayor que anticipa una crisis, o que ha aflorado en el debate público como reacción a un escándalo como el actual. Ciertamente, sería beneficioso si el clima de opinión proporcionase incentivos para la financiación de estudios sobre la Monarquía. Hasta entonces, lo que sí podemos saber es cómo se están posicionando los partidos con respecto al rey.  

‘Supply side’

Rompiendo con el modelo seguido por el resto de los partidos tradicionales, Vox parece decidido a poner el foco de su discurso sobre el rey. No parece que lo haga para justificar por qué la Monarquía sería mejor que un sistema republicano, sino que el elemento fundamental que el nuevo partido enfatiza del rey es su carácter de símbolo de unidad nacional. Así lo expresó Santiago Abascal en julio de 2019: “He transmitido al Rey nuestra lealtad a la Corona como símbolo de la unidad y la permanencia de España y nuestra gratitud por su discurso del 3 de octubre”. Asimismo, “¡Viva el Rey!, ¡Viva España!” fue el grito con el que el líder del Vox terminó su manifestación de enero, convocada bajo el lema España Existe.

Puesto que tanto la Monarquía como la unidad de España están amparadas por la Constitución, Vox articula la protección de ambas mediante la “defensa del orden constitucional”. Iván Espinosa de los Monteros equiparaba así estos tres elementos: “Naturalmente que hay riesgo de ruptura con la Constitución, naturalmente que la Monarquía está en peligro, naturalmente que la España que conocemos hoy está en peligro”. Es muy probable, por tanto, que la identificación de la Corona con la Constitución y con la unidad de España tengan como consecuencia que cualquier crítica al rey sea considerada como un ataque a la nación española y a su Carta Magna. De este modo, no es improbable que veamos acusaciones de falta de patriotismo y de traición al país contra aquellos que quieran abolir la institución. Esta actitud de Vox coincide con la hipótesis cultural, ya que el rey está siendo llevado al debate público constantemente y se le está asociado con elementos que pertenecen al eje cultural en el que se sitúa Vox (TAN). 

Por su parte, el discurso de Pablo Casado el 10 de julio muestra que el Partido Popular (PP) se debate entre la defensa tradicional de la Monarquía en tanto que defensa de un statu quo institucional más allá del debate público («no se puede jugar con las instituciones») y la defensa explícita de la Corona a través del elemento nacional («un patriota que defiende como nadie los intereses de los españoles»). Aunque esta posición del PP surge más como una reacción al debate público producido por el escándalo de corrupción, la defensa cerrada de la Monarquía, sin apenas mencionar o condenar al rey emérito, indica que el partido reconoce la importancia de la institución para su electorado más allá de las actuaciones concretas de quien ostente el cargo. 

En la izquierda, Unidas Podemos ha intentado varias veces politizar el debate pero, hasta ahora, no ha logrado quebrar el consenso monárquico. Aunque la apropiación del monarca por parte de Vox y el escándalo de corrupción del rey emérito ofrecen a este partido una nueva oportunidad, Pablo Iglesias debe hacerlo con cuidado para no entrar en conflicto con su socio de Gobierno.

El partido morado tiene incentivos para politizar este debate, puesto que a la izquierda radical no le suele ir bien electoralmente tras pertenecer como socio minoritario de un Ejecutivo de coalición. Como ha explicado Luis Cornago, hasta ahora el conflicto en el Gobierno ha surgido en el entorno de la igualdad de género o la política migratoria; esto es, en asuntos en los que ambos partidos compiten por el issue-ownership, ya que tanto el PSOE como Unidas Podemos los consideran cruciales para su electorado. Sin embargo, la lucha contra la corrupción y contra el establishment institucional son claramente elementos de los que Podemos ha hecho bandera mucho más que ningún otro partido. En este contexto, al conectar la Monarquía con la corrupción, el partido de Iglesias puede buscar diferenciarse de los socialistas, enarbolando la bandera de la república en un momento en el que electorado de izquierdas está cada vez menos identificado con la Corona.

El Partido Socialista es el actor crucial en este escenario. Aunque tradicionalmente ha sido un partido monárquico, una defensa de la Monarquía ante un caso claro de corrupción le devolvería la imagen de viejo partido de la que tratan de huir y alienaría a buena parte de su electorado, que no es favorable a la Monarquía. Podemos esperar que los socialistas enfaticen el mensaje de tolerancia cero frente a la corrupción, pero mantengan un perfil bajo con respecto a la institución a la espera de que pase la tormenta y otros asuntos ocupen la agenda pública. Ello se debe a que la mejor de la defensa de la Monarquía ha consistido tradicionalmente en rehuir el debate político sobre ella sin entrar en una defensa explícita de la institución. Siguen ese patrón los recientes mensajes de la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, de desvincular al rey emérito del actual, o la propuesta de Pedro Sánchez de acometer una reforma constitucional casi imposible para eliminar la inviolabilidad del rey. La evolución de la polémica en los próximos meses nos indicará si esta estrategia ha funcionado o no. 

Resulta complicado pensar que pueda llegar a celebrarse un referéndum sobre la Monarquía sin que ésta se haya politizado notablemente en el debate público, de forma que haya un verdadero incentivo para los partidos de izquierda (especialmente el PSOE) para proponer la república.

La politización de la Corona requiere de su estructuración en dos campos políticos diferenciados y estables y, según los pocos datos de que disponemos, esto es lo que ha sucedido en la última década. Sin embargo, depende también de que la Monarquía esté presente de manera continuada en el debate público y sea un tema de discusión visible, puesto que su despolitización ha sido su manera tradicional de defenderse ante una población, que más que apoyar, acepta pasivamente la permanencia de la institución. Mantener, en los próximos meses, su visibilidad es, en mi opinión, el deber de intelectuales y medios de comunicación comprometidos con un referéndum sobre la Jefatura del Estado en España.

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1 Comentario

  1. Manuel Fernández Vílchez
    Manuel Fernández Vílchez 07-16-2020

    Para casos de crisis de una u otra monarquía, véase el «annus horribilis» de la Corona de Gran Bretaña. Muestra que su legitimidad, en una coyuntura de crisis de opinión pública, no es equivalente al liderazgo electoral de partido político. Es cuestión de la «función» de una «forma» de Estado para una «estructura» dada en un «sistema de relaciones sociales» (entrecomillas, categorías de Ciencias Sociales). Toca resaltar categorías de las Ciencias Sociales, del análisis de datos concretos y la situación concreta, frente a interpretaciones subjetivas del arte de distracción ideológica y del entretenimiento ocioso.

    Si el enfoque es de «Ciencias» Sociales, analítico, lo primero es distinguir cuestiones de «forma» institucional de la Sociedad Política, por separado de los movimientos sociales de principios ideales-morales excluyentes en la Sociedad Civil. Pues, en la Sociedad Civil hay libertad de conciencia individual y de grupo. Incluida la adhesión a principios ideales, que por su carácter moral resultan excluyentes (como las creencias religiosas) y las prácticas de cohesión de grupo (afición deportiva, opciones alimenticias, gustos y modas de formas de vida, pautas de conducta y lenguaje de comunicación de valores de convivencia, aparte del Código Civil y el Código Penal).

    La ideología de un movimiento social de opciones morales, por ser principios-ideales excluyentes, tiende al Movimiento Vertical de Masas (es totalitario). Por caso, los movimientos socialcristianos de capas medias, egresados de colegios católicos concertados (como Izquierda Unida, lo demuestro por su origen ideológico y su población de voto, en las notas «Populismo de Izquierda Unida, ¿de izquierdas?»). Resulta un populismo confesional de valores morales, como ya sucedió en el Período de Entreguerras con la Acción Católica en el Movimiento Social Italiano de Musolini, o el Movimiento Nacional Español. Para el caso de Izquierda Unida y sus coaliciones, se puede decir que no es organización «partidaria» de clase social, sino un populismo de capas medias vinculadas al funcionariado ajeno al proletariado, como demuestra la estadística ver: /lab.rtve.es/los-datos-hablan/radiografia-votante
    rtve.es/noticias/20190430/datos-hablan-radiografia-del-voto-voto-grupos-sociales/1930141.shtml

    Luego, convertir una cuestión de «forma» de Estado, de la Sociedad Política, en objeto ideológico de movimiento populista de la Sociedad Civil, encierra contradicciones del discurso que deberían de ser tenidas en consideración.

    En cambio, en la Sociedad Política (para la que los principios morales son una cuestión de libertades individuales de la vida privada, separados del Código Civil y Penal) las formas ideológicas partidarias «representan» de manera directa la estructura social por sus formas de producción, distribución e intercambio-dinero: partidarismo de los empresarios, de los terratenientes, de los comerciantes, de los trabajadores, etc. Lo contrario de los populismos y Estados confesionales. Salvo que los partidos políticos hayan dejado de ser partidarios, como en su origen, y hayan degenerado en mayor o menor grado al populismo o los populismos de diverso signo. Entonces, sería una Sociedad Política disminuida en sus formas de representación democrática partidarias. Y motivo de alarma. No extrañe, entonces, que los populismos invadan las Facultades de Ciencias Sociales; y que los métodos de análisis concreto y síntesis concreta sean sustituidos en la Posmodernidad por el subjetivismo de las artes de distracción (novela histórica, pseudociencia, Economía reducida a Gestión de mercadeo de Empresa, y la universidad convertida al merchandising de «master»).

    Pero, si vamos a hablar de «forma» del Estado, convendría saber de qué clase de Estado. El Estado Soberano surgido de los Tratados de la Paz de Westfalia? El Estado de Contrato Social de la Voluntad General? El Estado del capital industrial de libre empresa-libre competencia? El Estado del capital monopolista, del capitalismo de Estado de acumulación de capital nacional? Estado del «bienestar» de las burocracias funcionariales y las aristocracias sindicales de las Empresas Estatales? O más bien, hablamos del Estado de la Libre Circulación de Capitales por Zonas Monetarias, libertad de Aranceles por Areas Comerciales (OMC-1995, anulación del GATT de 1947), en la internacionalización de la producción y el trabajo, la mundialización de las relaciones sociales -plataformas- de distribución e intercambio?

    ¡Esta es la cuestión! Si un Consejo en Bruselas decide el Déficit de Gasto Público (Crecimiento de Gasto Público). El Mercado Primario de la banca de inversión decide el interés de la Deuda Pública. El Mercado Interbancario de la banca comercial en el BCE decide el interés del crédito de inversión. ¿Entonces, cuál es la nueva Política Monetaria? ¿Qué es el Mercado Unico Europeo más 50 Tratados comerciales en la OMC? ¿Y la liberalización -desregulación (desreglamentación) – privatización-externalización de las funciones públicas (del Estado)?

    Entonces, hay que pasar a otra dimensión de «estructura»-«funciones»-«formas» del Estado en la Globalización. vr notas en borrador La formación social actual en la Globalización; conferencia-video El lugar de la Filosofía en la formación social actual y la Tecnociencia

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