La respuesta europea frente a la Covid-19: ¿más severidad, menos muertes?

A finales del año pasado, ningún Gobierno del mundo podía imaginarse un 2020 como el actual. Cualquier medida que se hubiera programado o planificado ha quedado en un segundo plano tras la crisis provocada por la expansión de la Covid-19. Ante este imprevisto escenario, los ejecutivos se han visto forzados a lanzar medidas extraordinarias destinadas a combatir la pandemia y los efectos económicos que ha generado.

España, con una de las cuarentenas más severas, ha sido también uno de los países cuyo Gabinete ha recibido más críticas de la oposición. Las más duras han surgido desde Vox, cuyo portavoz, Jorge Buxadé, declaró que el Gobierno ha abusado del estado de alarma, suprimiendo derechos básicos como el de educación, reunión o manifestación, en una “violación del marco constitucional y de convivencia”. Pero, ¿hasta qué punto difieren las medidas tomadas en España de las de otros países europeos?

Desde la Universidad de Oxford, un grupo de académicos del Blavatnik School of Government ha desarrollado una serie de índices que permiten comparar las respuestas gubernamentales. Cada uno está formado por indicadores que reflejan la intensidad de las medidas específicas tomadas para hacer frente a la pandemia, que se dividen en políticas relacionadas con prohibiciones y confinamiento, ayudas económicas o las políticas sanitarias.

Un análisis detallado de estos indicadores nos permite ver cuáles han sido las medidas más comunes entre los países europeos analizados (Alemania, España, Francia, Reino Unido, Portugal, Italia, Países Bajos, Luxemburgo, Austria, Suiza, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Polonia, Grecia, Lituania, Letonia, Estonia, Serbia, Rumanía, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Islandia y Bulgaria).

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En primer lugar, la gran mayoría decretó el cierre obligatorio de sus centros educativos. Tan sólo Suecia les permitió seguir con su actividad, mientras que cuatro países (Bélgica, Finlandia, Islandia y Letonia) ordenaron el cierre de algunos centros y dejaron otros abiertos.

Otra medida adoptada de forma masiva, exceptuando en este caso a Dinamarca y Suecia, ha sido la cancelación de eventos públicos. Además, la gran mayoría de gobiernos ha impuesto severas restricciones en cuanto a agrupaciones de personas, con límites de 10 o menos. Suecia, junto a Islandia y Países Bajos, han prohibido aglomeraciones mayores (de, al menos, más de 100 personas), mientras que Finlandia no dictó restricción alguna.

Por último, en cuanto a las restricciones al movimiento entre ciudades y regiones, de nuevo la mayoría de los gobiernos ha aplicado prohibiciones relativamente severas, exceptuando de nuevo a los sospechosos habituales: Suecia, Dinamarca, Islandia, Letonia y Países Bajos, a los que en este caso se suma Suiza.

Muchos países europeos también han aplicado medidas económicas similares. De los 26 analizados, 18 han ofrecido ayudas económicas para aquellos ciudadanos que han tenido que abandonar o suspender su actividad laboral. Además, 17 han congelado las obligaciones financieras de los hogares más impactados (por ejemplo, paralizando el reembolso de préstamos y desahucios, o cancelando el pago de bienes básicos como el agua o la luz). España se encuentra entre los países que impulsaron ambas iniciativas.

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En cuanto a las medidas sanitarias, todos los países lanzaron campañas de información pública sobre la Covid-19, y la gran mayoría (21) hizo en algún momento un rastreo intensivo de los contactos de los infectados. En el caso de España, ésta fue la primera medida adoptada, pero también la de más corta duración: los datos indican que sólo se aplicó de forma intensiva del 31 de enero al 23 de febrero. Ahora, parece que se va a retomar a mayor escala mediante una ‘aplicación’ de rastreo.

Cabe destacar, sin embargo, la distinta duración de estas medidas. Por ejemplo, en cuanto al cierre de los centros educativos, países como Italia o España los han mantenido cerrados durante más de 100 días, mientras que otros, como Dinamarca o Noruega, lo hicieron durante poco más de un mes.

Las medidas más duraderas en todos los países han sido las campañas oficiales de información y el cierre de eventos públicos. En cambio, la que se ha mantenido durante menos tiempo ha sido el rastreo intensivo de contactos de gente infectada. Esta última también muestra la mayor variación entre países, ya que mientras para algunos ha estado en marcha durante más de 100 días, para otros ha durado tan sólo una decena.

Otro aspecto a destacar es el alcance geográfico, ya que algunos países han aplicado las medidas mencionadas anteriormente únicamente en las zonas más tensionadas por el virus. También los hay que han oscilado entre su implantación en todo el país y sólo para ciertas zonas.

En virtud de estos indicadores (y otros no mencionados), el proyecto del Blavatnik School ha creado cuatro índices. El primero combina todos los tipos de medidas, creando un índice general de respuesta gubernamental. El segundo es un índice de severidad, que se centra en las prohibiciones y confinamientos, mientras que el tercero y cuarto miden, respectivamente, las ayudas económicas y la política sanitaria.

Como podría esperarse, España obtuvo una alta puntuación en muchos de los indicadores (es decir, una alta intensidad en las medidas que representan) hasta finales de junio. De hecho, como se puede ver en el Gráfico 1, tras un largo periodo por encima de la media europea (aunque quizá más cerca de ella de lo que podría esperarse), a finales del mes pasado España se ha puesto por debajo en todos los índices, exceptuando el económico.

Los efectos de la severidad: contundencia y longevidad

Los índices de cada país y su evolución en el tiempo permiten ver su impacto sobre los casos diarios o el exceso de muertes. Mientras que en España, voces críticas con la actuación del Gobierno han calificado las medidas como excesivamente duras, en países como Suecia las críticas han llegado por considerarlas demasiado blandas. ¿Podemos decir qué estrategia ha sido más adecuada?

Para responder a esta pregunta, debemos tener en cuenta que el impacto de las medidas se mide a lo largo del tiempo. Para ver su efecto sobre los casos diarios en una fecha concreta, hay que mirar cuáles fueron las medidas en los días o meses previos a la fecha analizada. En términos de los índices, esto se puede hacer calculando su media durante un periodo previo predeterminado previo. En este caso, el escogido ha sido de dos meses. Por ejemplo, para ver la relación entre los casos diarios y los índices el día 1 de junio en España, cogemos el dato de los casos diarios de esa fecha y la media de los índices durante los dos meses anteriores a ella. Este proceso se ha realizado para los países europeos analizados en la sección anterior, durante un periodo de cuatro meses y medio. Una vez hecho esto, podemos comprobar si existe alguna relación entre los casos diarios y la media de los índices.

Tras analizar los datos a fondo, vemos un interesante efecto del índice de severidad. Su efectividad varía según el número de casos diarios en el país. Cuando se dan más de 10 casos diarios por cada millón de habitantes, este índice muestra un fuerte efecto negativo (Gráfico 2); es decir, según aumenta la severidad de las medidas, se va reduciendo el número de casos. Sin embargo, cuando el número de casos es menor, el impacto cambia. Tras varios meses superando los 10 casos diarios por cada millón de habitantes, España se quedó por debajo de esta marca por primera vez el 1 de junio, en torno a la fecha en que se empezó a reducir la intensidad de las medidas reflejadas en el índice de severidad. Aunque probablemente esto no haya sido el motivo principal para ello, demuestra un buen timing a la hora de empezar la desescalada.

Sin embargo, en esta cuestión también es importante recordar la variación que puede haber entre países, debido a sus distintos métodos de contar y detectar casos. Por estas diferencias, en los últimos meses se ha venido utilizando una cifra que no depende de los métodos utilizados por cada país para medir la Covid-19, la de excesos de muertes. El inconveniente de este dato es que no está disponible para muchos países europeos; solamente para 12 de los incluidos en el análisis, según este repositorio de The New York Times. También la cifra de casos diarios difiere según se reporte semanal y no diariamente.

Cuando miramos las diferencias en los porcentajes de exceso de muertes entre una semana y la anterior, vemos cómo una alta intensidad en la severidad y en las políticas sanitarias incrementa la probabilidad de que el porcentaje sea más bajo que el de la semana anterior. De nuevo, esto depende de un condicionante muy importante: la duración de las medidas. Como se puede ver en el Gráfico 3, una alta puntuación media en el índice de severidad durante los 15 días previos a la fecha en la que se recoge la cifra de excesos de muertes tiene un efecto muy leve en la diferencia de este dato con el de la semana anterior. Sin embargo, una alta puntuación media durante los 60 días previos muestra un efecto notable. Lo mismo ocurre con el índice de ayudas sanitarias. Esto indica que los beneficios de estas medidas se producen a largo plazo.

Parece, por tanto, que algunas medidas severas tienen el efecto deseado en términos de contagios y muertes, y lo mismo se puede decir respecto a los fallecimientos para las medidas de política sanitaria. Sin embargo, tardan un tiempo en mostrar los efectos deseados. Hay que resaltar la importancia de ser cauto a la hora de usar los índices del Blavatnik School, ya que no es suficiente mirar simplemente cuáles son las medidas que se han tomado y durante cuánto tiempo, sino también cómo se han ejecutado. Desgraciadamente, la calidad es mucho más difícil de medir.

A pesar de ello, el análisis de los índices nos ayuda a profundizar en la compleja cuestión de la respuesta comparada a la Covid-19 entre distintos países. En este sentido, cabe destacar que seis países se han mostrado más proclives a ir a contracorriente en cuanto a las medidas relacionadas con la severidad: Suecia, Países Bajos, Dinamarca, Islandia, Letonia y Finlandia. Especial mención merece el primero, que ha ido en sentido opuesto al de las medidas más comunes de este tipo. Además, hemos visto cómo tanto el índice de severidad como el de política sanitaria tienen, a largo plazo, el efecto deseado sobre el impacto de la enfermedad.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda: es posible que no empecemos a ver los efectos negativos de la desescalada hasta finales de agosto o principios de septiembre.

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