La transición ecológica busca directores/as de orquesta

En medio de todas las incertidumbres en que nos ha sumido la pandemia, una certeza se ha abierto paso con fuerza: el presente (ni siquiera ya el futuro) pasa por ser capaces de hacer, de forma rápida y eficaz, una transición ecológica ambiciosa.

Nuestra dependencia de la biosfera resulta más clara que nunca cuando la evidencia científica ha mostrado que, en la medida en que debilitamos la calidad de los ecosistemas, incrementamos nuestra vulnerabilidad; cuánta más biodiversidad perdemos, menos protecciones tenemos ante la expansión de virus, y más fácil es que se conviertan en pandemias. Por otro lado, los registros de temperaturas siguen marcando récords mientras vemos cómo en Siberia se llegan a rozar los 40 grados. Sabemos que esto lo cambia todo, pero empezamos a intuir (afectados, sin duda, por el shock que ha supuesto la Covid-19), que no conseguimos imaginar hasta qué punto.

En este escenario, se han puesto en marcha distintos instrumentos para la transición ecológica que deben ser concretados y operativizados durante este curso. Su importancia justifica que se considere una prioridad en la larga lista de desafíos que tenemos por delante.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

La transición ecológica tiene este curso deberes muy concretos: en el ámbito europeo, el acuerdo para la recuperación, Next Generation EU, articula 750.000 millones de euros sobre tres pilares que, conjuntamente, definen la modernización económica: la transición verde, la digital y la formación y mejora social que las haga posible. Negociado, acordado y cuantificado, ahora llega el momento de presentar planes y proyectos ambiciosos que hagan realidad esa transición ecológica. Algunos países ya se adelantaron y presentaron sus propuestas, así que no conviene tardar.

Al mismo tiempo, tendrá que completarse la tramitación y aprobación del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), cuyo Estudio Ambiental Estratégico salió a exposición pública, pero quedó en suspenso con la declaración del estado de alarma. El PNIEC define los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de penetración de energías renovables y de eficiencia energética, así que va a ser un factor clave no sólo para la transición energética, sino también para el impulso de aquellos sectores empresariales que haya que reconvertir en esta dirección.

Mientras todo esto avanza, el primer trimestre del curso (al menos) estará marcado por el debate, presentación de enmiendas y aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición energética, ya en tramitación parlamentaria. Ahí se comprobará que la discusión sobre la Gran Transición tiene innumerables aristas y una profunda carga política e ideológica.

A la par, se empezarán a ver los frutos de los primeros pasos ya dados por la Estrategia de Transición Justa en comarcas mineras, clave en los sectores económicos y territorios que más han de transformarse en clave de sostenibilidad. Estremece pensar qué hubiera sido de estas zonas con una crisis como la actual si estos planes no se hubieran puesto en marcha meses atrás.

Si algo tienen en común todos estos elementos es que, para alcanzar el éxito, necesitan del concurso de todos los agentes políticos, sociales y económicos. Administraciones europeas, españolas, de cada una de las comunidades autónomas y ayuntamientos; empresas grandes, medianas y pequeñas de cualquier sector; la diversa sociedad civil, formada por miles de organizaciones sociales de la más variada naturaleza; el mundo de la Academia y el conocimiento en forma de universidades y think tanks; el ámbito cultural, de la creación y la comunicación, etc. Nada ni nadie puede escapar a esa Gran Transición que tenemos por delante.

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Iniciamos un curso lleno de retos y desafíos de alcance civilizatorio. La pandemia nos ha puesto frente a un espejo y nos ha dejado ver muchas de las fallas que previamente intuíamos y que ahora es imposible negar. Sabemos lo que hay que hacer, sabemos cómo hacerlo y, al fin, parece que va a empezar a haber medios para ello. De ahí que sea el momento de los liderazgos. Se necesitan, en cada sector, los mejores directores y directoras de orquesta capaces de sintonizar intereses diversos, que sepan detectar y poner en marcha ayudas y acompañamientos eficaces para la transición, y que consigan aunar a todos los actores en la melodía común de la transición ecológica.

Por nuestra parte, en Agenda Pública nos comprometemos a hacer lo que esté en nuestras manos: difundir el mejor conocimiento disponible para hacer realidad la Gran Transición.

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