La transición ecológica europea en la era ‘post-Covid’

Hace sólo unos meses, Ifema, hoy convertida en hospital de campaña, acogía la cumbre del clima COP25, cuyo cometido era cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París. Por aquel entonces, una enérgica Ursula von der Leyen acababa de asumir su cargo como presidenta de la Comisión Europea en un contexto difícil para liderar la Unión. Los partidos verdes cogían fuerza en el Parlamento Europeo, que había perdido la tradicional mayoría absoluta entre el Partido Popular Europeo (PPE) y los Socialistas & Demócratas (S&D) en las elecciones de mayo de 2019. Esta fragmentación parlamentaria, la necesidad de un nuevo impulso al proyecto europeo ante el riesgo que supone el Brexit y el objetivo de atender las preocupaciones de los ciudadanos sobre el cambio climático (especialmente, de los jóvenes) fueron factores importantes para la adopción del ambicioso Pacto Verde Europeo como proyecto insignia del nuevo mandato.

Sin embargo, la crisis actual de la Covid-19, suscita otra serie de incertidumbres políticas y económicas: las decisiones que se tomen ahora podrían dificultar la agenda verde de la Comisión, o bien sentar las bases para cambios paradigmáticos que faciliten la transición hacia otro modelo económico.   

Los esfuerzos de Von der Leyen para que la nueva Comisión arrancara de forma productiva y marcar el terreno para toda la legislatura se reflejaron en la rapidez con la que se propuso el Pacto Verde (en sus primeros 11 días de mandato). Además, ya a principios de marzo la Comisión dio a conocer varias de las iniciativas que se desprenden de este pacto. En primer lugar, la Ley Europea del Clima, que pretende dar fuerza de ley al objetivo de la neutralidad climática y que está pendiente de aprobación por parte del Parlamento Europeo y el Consejo. En segundo lugar, la nueva Estrategia Industrial Europea, que tiene como finalidad ayudar a la industria europea a mantener su competitividad global en el nuevo contexto geopolítico, a la vez que realiza la transición hacia la neutralidad climática y el liderazgo digital.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Por otra parte, también ha salido a la luz el Nuevo Plan de Acción para la Economía Circular, que tiene por objetivo transformar los métodos de fabricación de los productos y dar herramientas a los consumidores para que escojan productos sostenibles, acelerando así la transición ecológica.

Con el fin de hacer posible esta transición a una economía sostenible, la Comisión presentó el Plan de Inversiones del Pacto Verde, con el que pretende movilizar un mínimo de una inversión mínima de un billón de euros en la próxima década. Como complemento, el Mecanismo para un Transición Justa tiene el objetivo de dar apoyo específico a las regiones más afectadas por la transición, contribuyendo a movilizar un mínimo de 100.000 millones de euros durante el periodo 2021-2027. 

Pese al impulso de los primeros meses de mandato y a la relevancia del Pacto, la crisis de la Covid-19 ha irrumpido en la agenda pública europea. Ahora, el debate versa sobre la posible alteración de los plazos de proyectos que se habían propuestos para abordar la transición ecológica. Existe un riesgo real de que la emergencia sanitaria culmine en una crisis económica que altere la capacidad para movilizar apoyos financieros para abordar esta transición procedentes, por ejemplo, del sector privado o de los estados miembros.

A nivel financiero, la Comisión y los estados miembros han movilizado un amplio abanico de estímulos económicos para paliar los efectos económicos de la Covid-19. El 19 de marzo, el Banco Central Europeo (BCE) anunció el Programa de Compras de Emergencia para la Pandemia (PEPP) por un importe de 750.000 millones de euros, ha relajado las ratios de capital para bancos comerciales e incrementará los fondos disponibles para créditos. En total, las medidas propuestas superan el billón de euros.

Además, el Banco Europeo de Inversiones ha propuesto 40.000 millones de préstamos y créditos para pymes, y la Comisión Europea empleará 80 millones del programa Horizonte 2020 para financiar la investigación de la empresa CureVac para desarrollar una vacuna contra el coronavirus, y destinará más de 200 millones a otros proyectos parecidos. Tras intensas negociaciones, el Eurogrupo llegó al acuerdo de desbloquear medio billón de ayudas adicionales. 

Asimismo, la Comisión ha relajado su política de subvenciones, facilitando concesiones por parte de los estados miembros de hasta 800.000 euros por empresa. Alemania ha abandonado su famosa Schwarze Null (un balance estricto entre ingresos y gastos públicos), aprobando un marco de garantía de 400.000 millones de euros para la refinanciación de empresas; Francia apoyará su economía con 350.000 millones; y España pretende movilizar hasta 200.000 millones de euros en créditos. Es probable que todas las medidas anteriores afecten a la capacidad de la Unión Europea y de los estados miembros para destinar recursos a la transición ecológica una vez finalice las crisis del Covid-19

En este contexto financiero, una incógnita mayor es cómo resurgirá el debate de la emergencia climática en la era ‘post-Covid’. ¿Ayudará la crisis a impulsar la transición europea? ¿La frenará? Por una parte, varios medios predicen que la falta de recursos económicos aplazará los planes de reformas verdes, e incluso algunos políticos (como el primer ministro checo) defienden alterar los planes iniciales del Pacto Verde Europeo por motivos financieros.

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Representantes diplomáticos encargados de organizar la Presidencia alemana del Consejo de la Unión Europea han alertado de que la emergencia del Covid-19 tendrá un “impacto masivo” en su agenda: todos los esfuerzos se centrarán en revertir los efectos de la pandemia, lo cual podría relegar otras prioridades. 

Por otra parte, varios pensadores, políticos y ONGs proponen utilizar la actual crisis sanitaria para impulsar cambios paradigmáticos en las costumbres sociales y modos de producción establecidos, que puedan abordar las necesidades de la emergencia climática a la vez que la crisis del Covid-19. Por ejemplo, el filósofo francés Bruno Latour argumenta que “la crisis sanitaria prepara, induce y anima a la gente a prepararse para el cambio climático”. Según el autor, esto se debe a “la repentina y dolorosa comprensión” de que el sentido que atribuimos clásicamente a la sociedad entra en un vacío, permitiendo así grandes cambios paradigmáticos. En esta línea de grandes cambios, el eurodiputado Florent Marcellesi opina que de esta crisis podemos aprender que es “perfectamente factible” priorizar la salud y las personas por encima de la economía, la producción y el consumo con una economía post-crecimiento. 

A nivel político, hay importantes voces que piden compatibilizar la respuesta a la crisis por la pandemia con las políticas verdes. Recientemente, los ministros de Medio Ambiente y Cambio Climático de 10 países europeos, entre ellos España, firmaron una petición para defender el Pacto Verde como la hoja de ruta para salir de la actual crisis. Por su parte, Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión y principal responsable del Pacto Verde, además de defender una recuperación verde, destaca el papel del hidrógeno en esta transición.

Hay muchos otros actores relevantes que, además de defender que la economía tras la crisis del Covid-19 se centre en la estrategia del Pacto Verde, proponen que los gobiernos fomenten inversiones respetuosas con el clima a la hora de dar dinero a las grandes industrias. Esta opinión es defendida por expertos como Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía, o Mariana Mazzucato, profesora de Economía de la University College London. En un reciente artículo, ‘The Economist’ también apoya esta idea y asegura que el margen político para guiar la recuperación económica es amplio y puede incluir consideraciones ecológicas. 

Las condiciones de cualquier rescate podrían tomar diversas formas. Por ejemplo, el ex-comisario de Acción Climática y Energía, Miguel Arias Cañete, opina que la ayuda financiera a las aerolíneas afectadas por la crisis del coronavirus debe condicionarse al cumplimiento de medidas para reducir su impacto en el clima, a través de mecanismos de mercado; Greenpeace UK propone reducir la demanda gradualmente, a través de un impuesto de viajero frecuente; Climate Policy Initiative plantea invertir más en investigación y desarrollo de combustibles de hidrógeno; Transport & Environment, condicionar las ayudas al sector de la aviación al pago de impuestos y a la adopción de políticas de combustibles limpios tras la recesión; y E3G, eliminar los subsidios a los combustibles fósiles aprovechando la caída del precio del petróleo. Éstas son algunas de las medidas concretas que se han discutido en torno al fomento de cambios sustanciales que puedan transformar nuestra economía. 

En definitiva, unir una situación financiera compleja tras la ‘Covid-19’ con el imperativo de crear una economía verde será una tarea complicada, pero necesaria. Los grandes esfuerzos que le esperan a Europa para reconstruir la economía después de la pandemia llevarán aparejadas importantes adversidades. Salvar el Pacto Verde en este contexto complejo y convulso requerirá grandes esfuerzos políticos, ligando la actual crisis por la pandemia y los paquetes de estímulos financieros que se han adoptado a la necesidad de reformas verdes de calado continental. El modelo por el que se opte para la estrategia de recuperación en Europa podrá inclinar significativamente la balanza hacia una economía verde o hacia una tradicional. 

En momentos de crisis como la actual, se diluyen las rigideces de las estructuras que condicionan los hábitos socioeconómicos que caracterizan nuestro sistema. Las coyunturas críticas en nuestra historia amplían el margen de maniobra político y crean nuevas dependencias que marcarán la política y la economía durante siglos. La pandemia actual representa claramente una coyuntura crítica, por lo que existe un margen insólito para acelerar cambios profundos en nuestro sistema económico y social.

Por ello, no podemos gastar nuestras energías en volver a la situación previa. Debemos mirar a largo plazo y aprovechar este momento para acelerar el proceso de transición ecológica, y no sólo por razones medioambientales, climáticas y económicas. Hay recordar que el Pacto Verde también es una forma de involucrar a los ciudadanos con el proyecto europeo (especialmente a los más jóvenes) e impulsar nuevos consensos entre los estados miembros, para reafirmar el proyecto europeo en un momento en que su unidad está en riesgo. Por ello, el futuro del Pacto Verde en la era post-Covid será esencial para el futuro de Europa.

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