La UE ante la pandemia: una vez más, cooperación económica sin democracia

Está surgiendo un desequilibrio apenas advertido en la respuesta de la Unión Europea (UE) a la pandemia de Covid-19: medidas económicas de gran alcance sin canales asociados de responsabilidad democrática. Descuidar este problema puede tener como consecuencia un profundo daño para el futuro de la Unión.

Los gobiernos de la UE están repitiendo las deficiencias de su respuesta a la crisis de la zona euro de hace una década. Tampoco entonces lograron acompañar los nuevos instrumentos de cooperación económica con la reforma democrática. A lo largo de varias y duras cumbres, los líderes acordaron innovaciones como el Pacto de Estabilidad Fiscal, el Semestre Europeo, el Mecanismo de Estabilidad Europeo y otras formas de cooperación económica más profunda. No obstante, por muy necesaria que fuese esa gestión de la crisis para contener la de la eurozona, las nuevas medidas diluyeron la opinión de los ciudadanos sobre decisiones cruciales y agravaron la desconexión democrática en el seno de la UE.

Uno de los resultados fue que la integración económica se adelantó gradualmente a cualquier supervisión democrática efectiva de las políticas de la UE. Este predominio de la toma de decisiones tecnocrática dio oxígeno a la oleada de populismo antiliberal de Europa.

La pandemia de la Covid-19 ha hecho que la mayoría de los gobiernos estén más abiertos a formas muy necesarias de solidaridad y estímulo económico de lo que estuvieron durante la crisis de la zona euro, aun cuando persisten diferencias sobre la forma exacta que deben adoptar. Pero es menos evidente que los gobiernos hayan aprendido las lecciones relacionadas con la política y la democracia de la crisis anterior. Esta dimensión política ha estado sorprendentemente ausente del acuerdo de la UE sobre los fondos de emergencia a corto plazo, y también de los debates sobre un fondo europeo de recuperación a más largo plazo.

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Los gobiernos insisten en que están comprometidos a profundizar el control democrático; pero, en la práctica, se han resistido regularmente a ceder más influencia y aportaciones a los ciudadanos europeos. Nunca se han cumplido los compromisos rituales de los gobiernos de hacer que la UE sea más democrática y responda mejor a los ciudadanos.

La pandemia está empujando a los gobiernos y a las instituciones de la UE hacia una gobernanza incluso más ‘top down’. Las cuestiones relativas a la democracia corren el riesgo de caer aún más en la agenda de la UE. Justo cuando el virus atacó, la mayoría de los estados miembros ya estaba tratando de reducir la influencia de los ciudadanos en la Conferencia sobre el Futuro de Europa, un importante ejercicio de dos años de duración destinado a renovar la forma de trabajar de la Unión.

La prioridad más urgente es conseguir resultados positivos con los nuevos paquetes económicos intervencionistas de la UE. Pero los procesos políticos que sustentan el tan comentado retorno del gran gobierno también condicionará el destino post-pandemia de la Unión. El gran gobierno puede fácilmente convertirse en un gobierno opaco y tecnocrático, con una participación y supervisión democrática limitadas. La tendencia recurrente a separar la economía de la política se ha convertido en una distorsión estructural que obstaculiza gravemente la integración de la UE.

Si la UE se encamina hacia una era de gran gobierno, grandes paquetes de estímulo y flujos de recursos transfronterizos más importantes, sus actuales deficiencias democráticas se volverán más desestabilizadoras. La introducción de medidas económicas a escala de la UE sin renovar los procesos de control democrático desencadenará otro ciclo de los mismos problemas de legitimidad que sufrió la UE durante el decenio de 2010. A pesar de lo desafortunada que pueda haber sido la decisión de la Corte Constitucional de Alemania sobre las operaciones financieras del Banco Central Europeo (BCE), ha sido un recordatorio de que las medidas económicas deben ser reforzadas con mayor deliberación democrática.

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Sea cual sea la forma que finalmente adopte, un nuevo Plan Marshall europeo sin responsabilidad democrática igualmente europea correría el riesgo de avivar los sentimientos de des-empoderamiento de muchos ciudadanos. Las tensiones y las divisiones se profundizarán –entre y dentro de las diferentes naciones– a menos que haya una aportación democrática plenamente inclusiva en las decisiones sobre dónde y cómo se gastan las enormes sumas de dinero en toda Europa. El descontento popular con la UE y la gobernanza nacional también aumentará si las decisiones sobre cómo gestionar una deuda más elevada se adoptan sin la participación y el compromiso de los ciudadanos; otra clara lección de la crisis de la zona euro.

El reto más directo para la democracia tras la pandemia será garantizar que los gobiernos europeos renuncien plenamente a los poderes de emergencia que restringen los derechos que han asumido para gestionar la emergencia sanitaria. Sin embargo, más allá de esta agenda defensiva, la UE también necesita una mejora más positiva y ambiciosa de sus canales de participación y responsabilidad democrática.

Si no logra avanzar en esa reforma política, puede acabar estallando la frustración popular que se acumuló durante el período de emergencia de la Covid-19. La crisis ha dado lugar a una ola de movilización comunitaria en toda Europa. Si pudieran aprender la lección correcta de la crisis de la eurozona, los gobiernos tratarían de aprovechar y fomentar este espíritu cívico emergente. Considerarían que una mayor participación democrática es una parte positiva y útil de la fase de reconstrucción posterior al virus, en lugar de un pequeño espectáculo secundario o una distracción de sus compromisos de alto nivel con la Unión.

Los líderes de la UE debieran comprometerse a complementar su nuevo paquete de rescate económico con otro de medidas para la democracia. Esto debe ir mucho más allá del paso estándar de ofrecer consultas en el Parlamento Europeo. Antes bien, debe reunir la plétora de iniciativas cívicas emergentes en toda Europa, en un proceso participativo que tenga una influencia tangible y formal sobre las decisiones de la UE relacionadas con la crisis. El comprensible y justificado enfoque en el estímulo económico y la solidaridad no debe conducir a una forma más circunscrita de democracia de la UE adaptada a las acciones verticales (top down) en el período inmediatamente posterior a la pandemia. Para el futuro de la UE tras la pandemia, una democracia más profunda no es menos vital que una mayor integración económica.

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