La vacunación en Brasil: entre conflictos, lineamientos y aprendizajes

En los últimos meses, asistimos en diferentes partes del mundo a una carrera por el desarrollo de la vacuna contra la Covid-19. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Gavi-The Vaccine Alliance hayan lanzado Covax para asegurar el acceso equitativo a las mismas, muchos países están negociando directamente con los fabricantes y trabajando en planes nacionales. En la última fase de desarrollo, algunas vacunas ya están empezando a confirmar su eficacia y hace pocos días el Reino Unido, Rusia y Estados Unidos, entre otros, ya han empezado a vacunar a su población. Por otro lado, muchos países aún están tratando de desarrollar sus planes de vacunación; entre ellos, Brasil.

Conflictos políticos

En Brasil, estos intentos se suceden en medio de luchas políticas internas y una planificación desordenada. Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno federal decidió no actuar frente a la Covid-19 y ​​renunció a su rol de coordinador del sistema de salud (Ferigato et al., 2020). Como consecuencia de ello, los estados y municipios están asumiendo la tarea de adoptar medidas restrictivas, cuidar a la población y, ahora, planificar un programa de inmunización.

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La ausencia de un plan nacional de inmunización contra el coronavirus ha generado una carrera paralela por parte de estados y municipios. Algunos ya están planificando acciones alternativas para vacunar a sus poblaciones en caso de que el Gobierno federal se decida a no actuar. Esas acciones aisladas, que promueven la descentralización de la inmunización en el país, pueden generar desigualdades en salud. Estados y municipios con más capacidades financieras e institucionales tendrían más posibilidades de vacunar a sus poblaciones, generando una situación profundamente desigual frente a los entes sub-nacionales con menor capacidad instalada. Por lo tanto, la falta de coordinación puede agravar el conflicto entre los actores políticos e imposibilitar la implementación de un plan de inmunización consolidado en un país tan desigual.

Planificación desordenada y lineamientos necesarios

Sorprende que Brasil esté aún tan retrasado en el desarrollo de una estrategia que garantice el éxito de la inmunización, sobre todo cuando el país ha sido un referente internacional gracias al Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI). Durante años, ha realizado campañas de vacunación bastante efectivas con las que ha podido eliminar la transmisión de enfermedades como la polio y reducir drásticamente la incidencia del sarampión, entre otras. Ante la eventualidad de una planificación desordenada para el caso de la Covid-19, es necesario señalar cuáles son los rasgos necesarios para la vacunación en Brasil.

El almacenamiento seguro y la distribución eficiente son dos importantes ejes para el éxito de una campaña de inmunización. En Brasil, ya se debate sobre la definición de prioridades y sobre la necesidad de fortalecer y ampliar la capacidad de la cadena de frío del país para atender la creciente demanda de infraestructuras que exigen algunas de las vacunas contra la Covid-19. Pero aún son insuficientes las discusiones prácticas acerca de un plan nacional para el almacenamiento y distribución eficiente de la vacuna son insuficientes, sobre todo de parte del Ministerio de Salud.

Otro aspecto importante tiene que ver con la estrategia de implementación de la vacunación. Es fundamental entender cómo va a llegar efectivamente a las personas. En Brasil, gran parte de las campañas desarrolladas en el marco del PNI ha sido coordinada, en el ámbito local, por equipos de vigilancia epidemiológica y materializada mediante la Atención Primaria a la Salud (APS), a través de las Unidades Básicas de Salud (UBS). Dado que la APS es un elemento importante para un proceso masivo de inmunización, es fundamental fortalecer sus UBS, puede que sumando a otros actores a esta estrategia.

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El último desafío es el referido a los grupos prioritarios. Para lograr una protección efectiva contra la enfermedad, una gran parte de la población debe vacunarse. Sin embargo, como inicialmente no habrá dosis suficientes para todos, será necesario definir qué grupos deben ser priorizados en función de criterios de riesgo y con el objetivo de proteger a los más vulnerables. Así, una primera fase debería contemplar trabajadores de primera línea, que están directamente expuestos al riesgo de contagio; las personas mayores de 60 años, con más riesgo de morir si se contagian; los mayores de edad con morbilidades que aumentan el riesgo en caso de infección; y personas en contextos de hacinamiento y/o en condiciones insalubres, como los que viven en residencias de mayores, quilombolas, indígenas, población reclusa, sin techo, etc. En países desiguales como Brasil, es básico poner mucha atención en las personas vulnerables; también cuando discutimos un plan de vacunación contra la Covid-19.

Aprendizajes para América Latina

La situación brasileña puede servir de aprendizaje para la región. Los principales desafíos a la hora de construir una estrategia para inmunizar a la población serían: a) en contextos de desigualdades regionales, la coordinación nacional es imprescindible para desarrollarla satisfactoriamente en los diferentes escenarios dentro de cada país; b) la priorización y diseño del plan debe contar con la participación activa de expertos y representantes de sectores claves de la sociedad; c) la transparencia en la comunicación del plan y de la seguridad y eficacia de las vacunas es esencial para reforzar la confianza social; y d) hace falta considerar logísticas de personal, cadena de frío, insumos, distribución y aplicación de las vacunas para la confección de un plan efectivo.

América Latina es una de las regiones más afectadas por la pandemia. La realidad de estos países representa un fuerte desafío para las campañas de vacunación. Algunos de ellos, como Brasil, son países muy grandes, con una gran población y condiciones socioeconómicas y geográficas muy heterogéneas. Esta situación obliga a planes de vacunación capaces de afrontar todos los retos de transporte y logística, es decir, hace falta pensar en estrategias que consideren diferentes escenarios para diferentes tipos de vacunas. Otros países más pequeños y con menos recursos económicos pueden tener un contexto geográfico más fácil, pero sufren con las debilidades de sus sistemas de salud y la falta de profesionales para organizar e implementar la vacunación. El proceso va a ser largo y lleno de desafíos. En Brasil, y en los demás países de América Latina, hace falta que sanen los conflictos políticos y se elabore un plan basado en la coordinación y en las evidencias científicas.

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