Las decisiones de voto y el papel de las encuestas

En la opinión pública se ha instalado la certeza de que las estimaciones de las encuestas pre-electorales de las elecciones andaluzas del pasado 2 de diciembre no se ajustaron a los resultados. Debemos hacer algunas matizaciones. En un contexto de extrema complejidad, volatilidad y fragmentación de la estructura de voto, algunas encuestas avanzaron el resultado; sobre todo, la de GAD3 que se publicó la noche de la votación. En este contexto, la prohibición de publicar encuestas la última semana de campaña dificulta sobremanera las estimaciones de voto. A partir del día 26 de noviembre y hasta el día D, según el tracking de GAD3, el PSOE bajó cuatro puntos, mientras que Vox subió otros cuatro.

La publicación esta semana, por parte del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), de la encuesta post-electoral de las pasadas elecciones autonómicas de Andalucía ha suscitado diferentes análisis y debates; entre otros, este interesante trabajo ‘Los votantes de Vox y de Podemos, los más interesados de lejos’ en Agenda Pública. Si bien las encuestas electorales despiertan mucho interés político y mediático, las post-electorales muestran claves muy atractivas para los académicos y científicos sociales.

En este artículo nos vamos a centrar en dos cosas: el momento de la decisión del voto y el papel de las encuestas pre-electorales. Los votantes cada vez decidimos más tarde. En las elecciones del pasado 2 de diciembre, un 11,8 % de los ciudadanos que votó lo decidió el mismo día de los comicios. A estos ciudadanos debemos sumar el 11,3% que lo hizo durante la última semana de campaña y el 8,3% a lo largo de la primera semana de campaña. Por tanto, casi un tercio (31,4%) se inclinó por una u otra opción durante la campaña electoral.

No obstante, no todos los votantes lo hicieron en el mismo momento. Fueron los de Ciudadanos y Vox quienes se decidieron más tarde (únicamente el 49,8% y 43,4 %, respectivamente sabía por quién iba a depositar su papeleta antes de la campaña electoral). Por otro lado, de aquéllos que finalmente se abstuvieron, uno de cada cinco, resolvió hacerlo durante la campaña.

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Respecto al segundo aspecto, se ha discutido mucho sobre el papel de las encuestas electorales en las decisiones de voto. Se suelen señalar cuatro efectos de la campaña: el refuerzo, la activación de aquellos ciudadanos que no saben si van a depositar su papeleta o por quién (los indecisos), el trasvase de la intención de voto de un partido a otro; y la desactivación (votantes que tienen decidido votar a un partido y pasan a la abstención).

En el caso de las últimas elecciones en Andalucía, la mitad de los entrevistados señala que tuvo conocimiento de las encuestas, si bien se muestran diferencias sustantivas entre los votantes: el 70% de los de Vox, frente al 51% de los socialistas. No obstante, únicamente un 10% lo tuvo en cuenta ‘mucho’ o ‘bastante’ a la hora de la verdad.

Estos electores tomaron diversas decisiones a partir del conocimiento de los sondeos: al 37% le alentó a votar (sobre todo, a Ciudadanos); al 8,9% le animó a abstenerse (uno de cada dos que finalmente no votó); el ‘efecto refuerzo’ se observó en el 19% (especialmente, al PSOE); el trasvase de voto afectó al 3,4 %, y a un 5,5% le generó dudas. Por tanto, las encuestas tuvieron un efecto más potente en la activación y el refuerzo de voto; y mucho más limitado en la desactivación y la conversión.

Hay un elemento que dificulta la tarea de hacer predicciones: el objeto de estudio (la sociedad) tiene una característica que la hace peculiar, su reflexividad. Los productos sociológicos (las encuestas), tienen en el momento que se dan a conocer la característica de cambiar la propia realidad que se pretende estudiar.

Ejemplo de ello son dos efectos conocidos: el bandwagon (o de furgón de cola), que tiende a arrastrar el voto hacia el ganador pronosticado, y el underdog, que tiende a dirigir el voto indeciso del lado del partido que aparece como perdedor en las encuestas. Son efectos antagónicos, pero que inciden en un tipo de electorado concreto y que tienen mayor o menor trascendencia en virtud del momento social, político y económico en el que se celebran los comicios.

En el caso andaluz, las encuestas publicadas contribuyeron a un efecto ‘underdog’ que pudo beneficiar a Vox (puesto que el PP no aparecía como ganador, el electorado votó a la opción más extrema). Por otra parte, el efecto ‘bandwagon’ hacia el PSOE no parece que tuvo mucha incidencia, más bien al contrario. Al situarse en la primera posición en las encuestas (con muchas posibilidades de gobernar con Adelante Andalucía o Ciudadanos), el beneficio instrumental de votar era más pequeño; así como un exceso de confianza.

Por último, al tratarse de un avance provisional de resultados no disponemos de la base de datos. No obstante, sabemos que un 26% de los andaluces habría cambiado de voto si hubiera conocido previamente los resultados. Sobre todo, votantes tradicionales de izquierdas que finalmente no votaron.

En el próximo ciclo electoral, las campañas van a ser muy relevantes y tendrán importantes efectos en las decisiones de los votantes. Estaremos atentos.

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