Las dos caras de un septiembre récord en el mercado laboral

Como si de una noche electoral se tratase, todas las publicaciones de datos del mercado laboral permiten siempre valoraciones en sentido positivo y negativo. Y este mes de septiembre no ha sido una excepción; al contrario, ya que se dan dos fenómenos simultáneos que son muy noticiables: récord de creación de ocupación en un mes de septiembre (positivo) y signos de ralentización en la recuperación del mercado laboral (negativo). Es extraño observar estos dos efectos en un mismo mes, lo que complica dónde poner el foco, el titular, el comentario. Pero como veremos, un análisis sencillo disipa las dudas y queda claro a cuál de los dos dar protagonismo.

Uno de los análisis básicos que se realizan al tener un dato nuevo de una serie temporal es la variación respecto al mes anterior. Ello nos da información de coyuntura, de lo que ha pasado durante ese periodo. Obviamente, el carácter estacional del mercado laboral no permite comparar las variaciones de meses diferentes: no tendría sentido comparar la variación del empleo de junio a julio (crecimiento por la campaña turística) con la de agosto a septiembre (fin temporada turística). Debemos comparar la variación de cada mes con la del mismo mes en años anteriores. Y es al hacer este análisis donde, efectivamente, septiembre de 2020 supone un récord de creación de ocupación, en un mes en el que desde 2014 se observan habitualmente tímidos crecimientos.

Fuente: presentación del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

¿Por qué se ha producido este crecimiento? Una respuesta podría ser que la recuperación del mercado laboral continúa a muy buen ritmo y que ese efecto domina sobre la estacionalidad de septiembre. De hecho, este argumento ha sido muy utilizado.

Sin embargo, hay otra explicación para este récord. Como ya explicamos en un análisis anterior, septiembre suele ser un mes en el que mucha gente pierde su empleo, por el fin de la temporada turística, y otra mucha lo consigue por la reactivación de las empresas después del parón vacacional y el inicio del curso escolar. Pero este verano la escasa temporada turística ha supuesto muy pocas contrataciones en el sector y, por tanto, no han perdido su empleo al finalizar el verano. Por tanto, de los dos efectos que suelen darse en un mes de septiembre (entradas y salidas de la ocupación), uno de ellos apenas se ha producido (salidas), dejando como saldo final un aumento récord de la afiliación a la Seguridad Social. Un récord que, en realidad, señala una mala noticia.

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De hecho, después de un shock en el mercado laboral como el que se ha producido, los análisis que suelen hacerse basados en las variaciones entre dos meses consecutivos deben hacerse con mucha cautela, ya que los efectos de caída y recuperación producen valores anómalos y pueden llevar valoraciones poco precisas; como en este mes. Lo más adecuado para medir en qué momento de la recuperación nos encontramos y con qué vigor se está produciendo, que es la información más relevante en estos momentos, es comparar el nivel de ocupación actual con el que deberíamos tener en caso de no haberse producido la crisis sanitaria. Para ello utilizaremos la variación interanual, que compara el nivel de ocupación de cada mes con el del mismo mes del año anterior.

Como podemos ver, la caída máxima de ocupación se produjo en el mes de junio, con casi 900.000 afiliaciones perdidas respecto a 2019. Actualmente, tenemos una diferencia de prácticamente 450.000 afiliaciones con respecto a septiembre de 2019. Por tanto, la recuperación del empleo perdido se encuentra a mitad de camino.

Otro aspecto destacable es que este mes ha supuesto un freno en la recuperación que venía produciéndose en julio (+146.000) y agosto (+220.000), con tan sólo 80.000 afiliaciones. Es pronto para constatarlo, pero se trata de una señal de agotamiento de la recuperación que debe seguirse con atención en los próximos meses.

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Lo que sí parece haber tocado techo es la reactivación de los Erte (expedientes de regulación temporal de empleo). En el mes de septiembre se activaron unos 84.000 trabajadores, cifras muy por debajo de los meses posteriores al confinamiento estricto y el fin del estado de alarma.

Fuente: presentación del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

La mayoría de los 728.000 trabajadores que continúan en Erte, más los que puedan sumarse tras su prórroga hasta 31 de enero de 2021, son por fuerza mayor y en actividades relacionadas con el turismo y el ocio; así que difícilmente podrán reincorporarse a sus puestos de trabajo en los próximos meses.

Cabe destacar que la afectación de la crisis no ha sido igual para todos los trabajadores. Para empezar, los ajustes en las plantillas de las empresas se dieron mediante los Erte, pero también por medio de despidos o no contrataciones previstas. Y ahí, como en cada crisis de nuestro mercado laboral, los temporales y lo fijos discontinuos han sido los más perjudicados, cebándose en personas que ya sufrían una situación precaria.

Fuente: Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

En cuanto a los sectores de actividad, aquéllos que necesitan de mayor interacción social siguen siendo los más castigados por esta crisis. Algunos, como ya hemos comentado, tienen pocas probabilidades de volver a niveles de actividad similar a los anteriores a la crisis sanitaria, como mínimo hasta el verano del próximo año.

Fuente: Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Y si hay un colectivo que destaca por trabajar en los sectores más castigados y tener contratos inestables es el de los jóvenes. Éstos, que ya partían de una situación de alta precariedad laboral, son el grupo más castigado. No en vano, según Eurostat, España tenía en agosto el dudoso honor de ser el país de la Unión Europea con mayor tasa de paro juvenil (43,9%).

Fuente: Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Un colectivo del que se habla poco es el de los parados anteriores a la crisis, que han tenido escasas posibilidades de ocuparse en estos meses y que corren el peligro de cronificar su situación, si no lo estaba ya, y agotar sus prestaciones, si las tenían. Si algo sabemos de la crisis de 2008 es que el paro de larga duración es un factor clave en el aumento de pobreza. Veremos si las políticas activas de empleo (a las que la crisis coge otra vez con los deberes por hacer), el Ingreso Mínimo Vital (con un inicio renqueante y poco ágil en situación de vulnerabilidad sobrevenida) y la prestación extraordinaria para parados que agotan sus prestaciones (aún pendiente de resolverse) consiguen a medio plazo evitar un escenario como el de los años posteriores a 2008.

En definitiva, septiembre deja un saldo de 450.000 empleos por recuperar desde el inicio de la pandemia, 728.000 trabajadores en Erte con bajas probabilidades de activarse, signos de desaceleración de la recuperación del mercado laboral y sectores y colectivos concretos intensamente afectados. En septiembre de 2020, el septiembre récord en crecimiento de empleo.

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