Las elecciones, el ‘Sunshine State’ y Venezuela

El martes, 3 de noviembre, los estadounidenses acudirán a las urnas para elegir presidente. Los candidatos, Donald Trump (Partido Republicano) y Joseph Biden (Partido Demócrata), ofrecen perspectivas y agendas de relaciones internacionales completamente diferentes, desde el comercio hasta la migración. Un área de particular interés para el análisis regional son sus prospectivas políticas hacia Venezuela, que reflejan diferentes visiones sobre el uso y los límites del despliegue del poder norteamericano, el papel de la diplomacia y el multilateralismo en la política exterior y, de hecho, su relación con los latinoamericanos en Estados Unidos.

Ambos candidatos tienen historiales que dan pistas sobre sus probables políticas exteriores y sus políticas hacia Venezuela: Trump lleva casi cuatro años en la Presidencia (2017-actualidad) y Biden fue el vicepresidente de Barack Obama de 2009 a 2017. Además, ambos han hablado durante la larga campaña presidencial estadounidense sobre Nicolás Maduro, Juan Guaidó y la crisis venezolana.

El papel de Venezuela en la política estadounidense

El asunto de Venezuela es significativo para los candidatos debido a la confluencia del curioso sistema electoral estadounidense y una población significativa de latinoamericanos en el estado de Florida.

El Colegio Electoral (Electoral College) es un sistema norteamericano que transforma el voto popular para presidente en 538 delegados distribuidos entre los 50 estados y el distrito de Columbia, de acuerdo con el tamaño de la población de cada uno. Se requiere, por tanto, una mayoría absoluta de al menos 270 votos electorales para ganar las elecciones.

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Una de las implicaciones de este sistema indirecto es que un candidato puede ganar el voto popular, pero perder las elecciones (como Hillary Clinton ante Donald Trump en 2016). En segundo lugar, significa que sólo algunos estados están en juego para los candidatos (entre ellos, Florida), donde las diferencias entre los candidatos demócratas y republicanos suelen ser extremadamente estrechas.

Por consiguiente, tanto Trump como Biden han hecho grandes esfuerzos en el Sunshine State, sobre todo para atraer el voto latino. Más allá de la creciente población venezolana en el sur de Florida, la política estadounidense hacia Venezuela es una especia de proxy para la política hacia el país de origen de muchos grupos: cubanos, nicaragüenses, colombianos, etcétera.

Como tal, la política de Estados Unidos hacia Venezuela, especialmente la oposición a Nicolás Maduro y el apoyo a Guaidó, es una de las pocas áreas con apoyo bipartidista, especialmente entre el caucus legislativo de Florida. Este voto puede ser decisivo: Trump ganó allí en 2016 con el 49,1% del voto frente al 47,8% de Hillary Clinton. Consecuentemente, no es de extrañar que el actual presidente haya iniciado su campaña de reelección en ese Estado, en junio de 2019, o que invitara a Juan Guaidó a asistir su discurso sobre el Estado de la Unión, en febrero pasado.

Ambos candidatos coinciden en su condena al régimen autoritario de Maduro y en su reconocimiento de Guaidó como presidente interino; al menos de momento. Sin embargo, tienen visiones distintas sobre el papel de mediación de Estados Unidos en la crisis venezolana.

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Las posiciones de los candidatos respecto a… Nicolás Maduro

El candidato demócrata ha sido claro en sus críticas a Maduro. En marzo de 2020, Biden dijo a la revista Americas Quarterly que “es un dictador, simple y llanamente”. No es una posición nueva. En 2014, la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó, con 29 votos a favor y Estados Unidos como uno de las tres únicos en contra, una resolución en “solidaridad” con el Gobierno de Maduro. En ese momento, el entonces vicepresidente Biden calificó la situación como “alarmante” y dijo que la realidad de Venezuela le recordaba “épocas anteriores, cuando los hombres fuertes gobernaban mediante la violencia y la opresión (…) y los derechos humanos, la hiperinflación, la escasez y la pobreza absoluta causaron estragos en la gente del hemisferio”.

La posición de Trump ha sido más errática. El presidente ha criticado el autoritarismo de Maduro y fue, claramente, uno de los primeros líderes en reconocer a Juan Guaidó como presidente. Sin embargo, en otros momentos no ha sido tan crítico. En septiembre de 2018, el presidente dijo que “estaría ciertamente abierto” a reunirse con Maduro, ya que le gusta tener “todas las opciones sobre la mesa”. Posteriormente, en una entrevista con Axios en 2020, dijo que “tal vez pensaría en” reunirse con él, ya que “nunca se ha opuesto a las reuniones” en general.

… Juan Guaidó

Ambos candidatos le apoyan como presidente interino de Venezuela. En sintonía con el Grupo de Lima, la Administración Trump fue uno de los primeros gobiernos en reconocerlo, en enero de 2019. Asimismo, el Departamento de Estado afirma que seguirá haciéndolo incluso si el Gobierno de Maduro expulsa a la oposición del control de la Asamblea Nacional en las elecciones de diciembre. Por supuesto, el presidente dijo en la entrevista con Axios que podía haber vivido “con… o sin” la decisión de reconocer a Guaidó, y John Bolton, su ex asesor de seguridad nacional, ha escrito que Trump pensaba que Guaidó era “débil”.

Por su parte, Biden expresó su apoyo a Guaidó en febrero de 2019, convirtiéndose en uno de los primeros candidatos demócratas en las primarias en hacerlo.

… las sanciones económicas

Aunque comenzaron bajo la administración de Barack Obama, las sanciones han aumentado vertiginosamente bajo Trump. Igual que otros países, Estados Unidos las han impuesto a individuos venezolanos por presuntos actos de corrupción o violaciones de derechos humanos desde 2015; hoy, el número de sancionados asciende a 154. Además, desde agosto de 2017 EE.UU. ha impuesto sanciones sectoriales que prohíben a los estadounidenses negociar con nuevas deudas y acciones emitidas por el Gobierno o la petrolera estatal Petróleos de Venezuela, SA (PDVSA). Desde 2018, la Administración de Trump también las ha adoptado contra la criptomoneda venezolana, la industria minera y el sector petrolero. En efecto, estas políticas representan una especie de cubanización de la política exterior hacia Venezuela, en la que las sanciones son cada vez más limitadoras y gozan de menos apoyo de otros países.

Biden también apoya las sanciones, aunque su preferencia es por que sean multilaterales y más fuertes, así como mayores para personas cercanas a Maduro. El presidente venezolano tendría que dar pasos concretos y significativos hacia la re-democratización para que el candidato demócrata las eliminara eventualmente.

… la intervención militar extranjera

A pesar de los deseos de algunos líderes venezolanos y una retórica bélica y sugestiva de Trump, es poco probable que haya una intervención militar para remover a Maduro bajo la Presidencia de cualquiera de los dos candidatos. La Administración actual se abstuvo de cualquier iniciativa de este tipo, directa o indirecta, e incluso se negó a apoyar la fallida ‘operación Gedeón’ a principios de mayo de 2020. Además, en una entrevista del 31 de agosto de este año, el enviado especial de Estados Unidos, Elliott Abrams, rechazó la posibilidad de la intervención militar estadounidense para resolver la crisis venezolana y afirmó que sugerencias de este tipo le recuerdan el “realismo mágico” de Gabriel García Márquez. Por su parte, Biden ha negado categóricamente la posibilidad de una incursión militar unilateral.

… el estatus de protección temporal (‘Temporary Protected Status’, TPS)

El TPS otorga estatus legal a ciudadanos extranjeros que residen en Estados Unidos por periodos limitados en casos de conflictos armados o desastres naturales en sus países de origen. En 2018, había aproximadamente 395.000 venezolanos en el país, de los cuales alrededor de 200.000 serían elegibles para el TPS, según la Oficina de Presupuesto del Congreso. Hasta ahora, Trump se ha negado a ofrecerles esta protección: su Administración anuló un esfuerzo bipartidista del Congreso para otorgarlo en julio de 2019. El director interino del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, Ken Cuccinelli, dijo que la Administración es reacia a otorgar TPS a nuevos grupos. En cambio, Biden ha dicho que, si es elegido, extenderá el TPS a los venezolanos que “buscan alivio de la crisis humanitaria provocada por el régimen de Maduro”. Esta política sería consistente con la posición actual del Partido Demócrata, más receptivo a los inmigrantes que el Republicano.

Las implicaciones

A principios de 2019, Trump afirmó que “todas las opciones están sobre la mesa” respecto a Venezuela, insinuando la posibilidad de una intervención militar. Sin embargo, esto no parece ser verdad (a menos que “todas las opciones” se refiera exclusivamente a una amplia gama de sanciones económicas). Un segundo mandato de Trump significaría probablemente más de lo mismo: retórica agresiva, unilateralismo y, sobre todo, la continuada ‘cubanización’ de la política estadounidense hacia Venezuela. La carta loca, obviamente, es que nunca se puede descontar la reconocida imprevisibilidad de Trump y sus cambios de temperamento.

La política de Biden, en cambio, tendría un carácter mucho más multilateral. Su equipo recurriría a la presión diplomática y a las sanciones para buscar una transición democrática. Biden también ha rechazado el “cambio de régimen” implícito en una intervención extranjera.

Por último, sería una grave equivocación pensar que la elección de un candidato presidencial u otro resolverá la crisis venezolana. Lo que ofrecen Trump y Biden son distintas perspectivas para abordar (o no) la crisis, mitigar (o no) sus efectos más nocivos e impulsar (o no) el comienzo de un largo proceso de re-democratización y recuperación del Estado.

(Las opiniones expresadas aquí son únicamente las del autor y no representan las de la Academia Naval de los Estados Unidos, el Departamento de la Marina, el Departamento de Defensa ni del Gobierno estadounidense)

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