Las tareas pendientes y el futuro incierto en el inicio de curso

Empezó el curso escolar. Los centros educativos abrieron, en lo que probablemente fuera el hito más importante de la antigua normalidad que aún no habíamos recuperado.

Empezó el curso escolar con una elevada incidencia acumulada en muchas provincias, especialmente en la Comunidad de Madrid, muy por encima de las recomendaciones de diversos organismos internacionales. Empezó con la advertencia de que se irían sucediendo los brotes y que, de acuerdo con lo ocurrido en experiencias previas de apertura de centros educativos en otros países, éstas no actuarían como un potenciador de las dinámicas epidémicas, sino como un espejo de lo ocurrido fuera de sus paredes.

Aún es pronto para analizar el rol de los centros educativos en el devenir de la pandemia en España, tanto por el corto periodo transcurrido como por la coincidencia de la reapertura de los centros con la vuelta al trabajo presencial de muchas personas en periodo vacacional o en fase de teletrabajo. Para lo que sí sirve analizar estas semanas es para ver cómo las dinámicas educativas, laborales y de socialización vinculadas al inicio del curso escolar se han entrelazado, absorbiendo los centros educativos la carga de transmisión presente en la comunidad en la que desempeñan su funcionamiento. Según la ministra de Educación, tan sólo el 5% de los colegios ha registrado casos y más del 98% de las aulas estaría funcionando con normalidad. Este dato, cuya distribución por comunidades autónomas será tan desigual como lo es la intensidad de la transmisión del Sars-CoV-2, debe dar paso a analizar qué cosas se han de mejorar para que el impacto de la pandemia en el funcionamiento de las aulas sea el menor posible.

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Hay aspectos que siguen en el aire y que, tras unas semanas de clase, aún no se han articulado:

  • La coordinación entre el sistema sanitario y el educativo: hay algunas comunidades autónomas que han optado por mecanismos de acción inmediata que incluyen el estudio de contactos y la realización de pruebas diagnósticas (PCR, de momento) in situ en los centros educativos. Aunque puede ser la opción más costosa, en determinadas condiciones de colapso del sistema sanitario es probable que sea la más ágil y la que genere menos trastorno en el habitual funcionamiento del sistema, así como sobre las familias. La responsabilidad que en algunas comunidades autónomas ha recaído sobre los equipos directivos de los centros educativos en relación a labores de salud pública (apertura o cierre de clases en virtud de protocolos de salud pública, confinamiento de hermanos u otros contactos…) es inefectiva y ineficiente, y probablemente generará desigualdades entre los diferentes centros en función de la capacidad de acceder a personal especializado (enfermeras escolares o familiares de niños con conocimiento técnico específico) ante la incapacidad del sistema de dar respuesta a las necesidades de los centros.

En las últimas horas, la Comunidad de Madrid (a la que probablemente seguirán otras) ha anunciado que no realizará pruebas diagnósticas a los contactos estrechos del ámbito escolar. Más allá de estas pruebas, lo que subyace es la incapacidad de implantar equipos de salud pública capaces de actuar en el ámbito educativo: no es falta de PCRs, sino de personas que se encarguen de indicarlas, interpretar sus resultados y hacer seguimiento. En definitiva, es falta de Salud Pública cuando lo que hace falta es Salud Pública.

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  • La garantía del cuidado de los niños y niñas en cuarentena por ser contacto estrecho de un caso confirmado: la crisis de cuidados que se ha visto agudizada por la crisis de Covid-19 toma una clara expresión en el desprecio gubernamental a aprobar una solución que garantice el cuidado de los niñosconfinados en casa por ser contacto de un caso positivo. Para cada caso cuyo problema de cuidados está resuelto (progenitores de un caso confirmado, que tienen derecho a baja por ser contacto estrecho de su hijo o hija), hay una veintena de casos y situaciones singulares dejados a la auto-organización y, en muchas ocasiones, abocados a buscar ayuda en un grupo de especial vulnerabilidad clínica: las abuelas y abuelos.
  • La utilización de espacios abiertos o bien ventilados: aunque surgió como una idea interesante al inicio del curso, especialmente a la luz de experiencias en otros países, ni siquiera la creciente evidencia científica en torno al rol de los espacios cerrados y la transmisión aérea han logrado que se generalice la apuesta las aulas al aire libre, o invertir en mecanismos que garanticen la ventilación de éstas.

En las próximas semanas se plantean algunos escenarios que van a influir en el manejo de los casos y contactos en las escuelas, así como en el papel que éstas tendrán en las restricciones que están por venir: ¿se decretará el cierre de los colegios en las áreas en las que las restricciones de la movilidad sean importantes? ¿Se priorizará a los niños y niñas en edad escolar en el uso de test de detección rápida de antígenos para agilizar los procesos diagnósticos y de aislamiento de sus contactos en los centros educativos? ¿Se resolverá la situación del cuidado de los niños etiquetados como contacto estrecho mediante la acción de las instituciones públicas o se dejará a la auto-organización de las familias, con las desigualdades que eso llevará aparejado?

Cuando suenan los tambores de volver a la Fase 1 de confinamiento en algunas regiones de España, es preciso recordar que ése fue un estadio en el que se mantuvieron las escuelas cerradas y se obviaron por completo las singularidades y necesidades de la infancia. En un artículo recientemente publicado en Science, los autores afirman que “las medidas de mitigación de la pandemia que afecten al bienestar de la infancia sólo deberán tomarse si existe evidencia de que serán de ayuda, porque exista abundante evidencia de que son dañinas”. En este momento de la pandemia, toca poner las escuelas en el centro, pero no solamente en el centro del discurso, sino también en el de las medidas encaminadas a garantizar su seguridad en relación a la pandemia, su equidad como elemento de cohesión social y su calidad como aspecto fundamental en el desarrollo de la infancia.

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