Las ciudades frente a la inoperancia de los estados

Los días 9, 10 y 11 de octubre se celebró en Copenhague la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático dedicado a las ciudades, organizada por la Bloomberg Foundation y el C40, que agrupa a más de 70 grandes ciudades del mundo.

A juicio de los que asistieron a la cumbre del clima de Nueva York de septiembre y estuvieron en Copenhague, ésta última fue una reunión mucho más productiva que aquélla, ya que consiguió el compromiso formal de más de 70 ciudades para descarbonizar los entornos urbanos. En este compromiso se incluyen Madrid y Barcelona, pero como casi siempre ha pasado completamente inadvertido para los medios y, lo que es más grave, para los ciudadanos. Se nota que este asunto no forma parte aún de la agenda política local.

Es reseñable la actitud voluntarista de los alcaldes que han decidido dar un paso al frente y actuar sin esperar a los grandes acuerdos supra-estatales. Ya no confían en que los bloqueos de Rusia, EE.UU. y China, entre otros, se vayan a resolver a corto plazo. Parece lógico que hayan perdido la paciencia, ya que es en sus ciudades donde vive más del 70% de la población y, lógicamente, donde más afectan la contaminación, los desastres naturales y demás efectos del cambio climático. Ya no tiene sentido celebrar cumbres como la de Nueva York sin que las urbes tengan voz propia y, sobre todo, que no formen parte de las decisiones que hay que adoptar.

{Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

A la reunión, que apadrina Mike Bloomberg, acudieron desde António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, a Al Gore o Alexandria Ocasio-Cortez, pasando por activistas como Sheela Patel o Seble Samuel; pero sobre todo alcaldes de grandes ciudades de todos los continentes que reivindicaron que ya se acabó el tiempo del análisis y que hay que pasar a la acción. Es el Global New Green Deal, que ya no será patrimonio de los demócratas en Estados Unidos y se convierte en la bandera mundial de las ciudades.

Mención especial merece la rebelión de las grandes urbes norteamericanas, encabezadas por el alcalde de Los Angeles, Eric Garcetti, y de la que forman parte ciudades como Seatle, Boston, Nueva Orleans, Philadelphia y Austin, entre otras, que han decidido actuar al margen, y a veces en contra, de los criterios medioambientales del Gobierno federal. Son alcaldes que sienten cada vez con más fuerza la presión de sus ciudadanos, que sufren las consecuencias de la falta de políticas estatales. De forma más tímida, pero con igual actitud, se puede hablar de las grandes ciudades chinas, que ya tienen políticas mucho más estrictas sobre la contaminación que las que tiene el propio Gobierno central.

El Global New Green Deal, tal y como lo expresaron los distintos alcaldes a lo largo de tres días, exige incluir a todos los ciudadanos en las tomas de decisión estratégicas de descarbonización, ya que los que son socialmente más vulnerables son también los que más sufren las consecuencias de no hacerlo. Nadie puede ignorar que, cuanto más tiempo pase, más drásticas tendrán que ser las medidas. Por eso, involucrar a todos es esencial para amortiguar el impacto.

Al encuentro acudieron también gurús financieros expertos en cambio climático, que señalaron dos ejes estratégicos que los alcaldes deben incorporar a su política: por un lado, que la tecnología es la mayor aliada; por otro, que en estos tiempos en los que los intereses del dinero son tan bajos, es tiempo para que los ayuntamientos inviertan en las infraestructuras estratégicas para un futuro descarbonizado.

Respecto de la calidad del aire, se puede afirmar que, si bien algunas grandes organizaciones internacionales abogan por incorporarla como eje director de las políticas climáticas, es en Copenhague donde esto se hizo definitivamente. Muchos de los munícipes presentes mostraron ejemplos de modelos de gobernanza donde son los departamentos de cambio climático los que lideran también la lucha contra la contaminación. Parece un paso insignificante, pero es desde luego la mejor manera de que esta batalla tenga los recursos necesarios para preservar la salud de la ciudadanía urbana.

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¿Y hacia dónde van las políticas que se agrupan en el Global New Green Deal? El primer eje ya mencionado es asegurarse de que sean sociales, es decir, que preserven a las clases más desfavorecidas. Es lo que aquí la ministra Teresa Ribera denomina «transición justa».

El segundo es que tiene que ser un asunto central, el más importante, de las políticas municipales, lo que exige involucrar a toda la ciudadanía. En las urbes más avanzadas, como son las escandinavas o las canadienses, el presupuesto destinado a la lucha contra el cambio climático es el más significativo; y, lejos de centralizarlo en un solo área, se expande a todas porque todas tienen que involucrarse. De esta forma, la política de vivienda deberá estar presidida por la necesidad de que sea neutra en carbono como eje prioritario. Reconocen que el cambio de mentalidad de los propios funcionarios municipales no ha sido fácil, pero deben actuar como prescriptores frente al resto de la ciudadanía.

Finalmente, vale la pena mencionar la decidida apuesta por el transporte público (incluyendo en este apartado la movilidad individual no contaminante), por la naturación urbana, la vivienda pública y la rehabilitación. Son estas soluciones reales, socialmente sostenibles y energéticamente eficaces las que ayudarán a que las ciudades eliminen la contaminación y, por supuesto, ayuden a descarbonizar, si es que quieren cumplir lo que se han comprometido en Copenhague.

Empieza una nueva era en la que las ciudades van a ser el eje central de lucha contra el cambio climático y la contaminación, y el rol de los estados será el de facilitador de los recursos para que puedan llevar a cabo estas políticas.

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