Liderar la puesta en marcha del ‘Green New Deal’ desde la UE, ¿misión imposible?

¿Cuáles son las causas y factores que hacen que la UE quiera liderar el Green New Deal? ¿Es esto posible en el contexto global actual? ¿Qué cuestiones tienen mayor relevancia en relación con las capacidades europeas para ejercer ese liderazgo? De todo ello se habló en la mesa redonda Liderazgo Global de la UE para el New Green Deal, que contó con la participación de Raymond Torres, Juan Moscoso del Prado y Jorge Núñez Ferrer.

La propuesta de un gran acuerdo verde tuvo su origen en el Partido Demócrata estadounidense y su rostro más conocido fue Alexandra Ocasio-Cortez. Este concepto se popularizó rápidamente gracias a la rápida expansión de las protestas a lo largo y ancho del planeta y también, cómo no, en la UE.

La nueva Comisión Europea incorporó como uno de los ejes esenciales de trabajo de su agenda política la propuesta de un ‘New Green Deal’ en el marco comunitario. Propone un marco estratégico idóneo que configura la columna vertebral del mandato de Ursula von der Leyen, cuyo leiv motiv es la construcción de una Comisión y una Europa más geopolítica en un mundo en cambio. Pero para ello es imprescindible alcanzar varios objetivos, tanto en el ámbito interno como en la política exterior.

La idea inicial se ha visto reforzada como consecuencia de la crisis de la Covid-19 y de la puesta en marcha de un Fondo de Recuperación que permita afrontar la crisis sanitaria y la socioeconómica derivada de una manera eficaz y sin dejar a nadie atrás. El nuevo diseño, por tanto, ha abierto una ventana de oportunidad para llevar a cabo la puesta en marcha efectiva de las políticas verdes mediante la aplicación de la condicionalidad como elemento regulador de los fondos de recuperación.

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De este modo, la política verde se convierte en uno de los ejes de la condicionalidad para la recepción de los fondos europeos, ya que éstos dependen de la adecuación de las propuestas de los planes nacionales a los criterios verdes planteados por la Comisión. Además de imponer esa condicionalidad, también existen otras cuestiones internas que la UE debe resolver. Para que el ‘New Green Deal’ pueda impulsarse desde la Unión como actor global relevante, es imprescindible la cohesión interna de todos sus estados miembros. No tendría que haber fisuras ni cuestionamientos en el territorio de la UE sobre la conveniencia de poner en marcha una transición verde que opere de manera transversal.

El primer escollo aquí es la voluntad política de los gobiernos para hacer operativa esta transición, pues es imposible avanzar sólo desde el ámbito supranacional y sin la colaboración de la acción local. Pero para que la propuesta pueda materializarse es importante abordar caso a caso la situación de cada uno de los estados miembros.

La consigna no dejar a nadie atrás de la transición verde justa no puede quedarse sólo en un lema. Para que gane credibilidad entre la ciudadanía, es indispensable que se concrete en políticas operativas y, muy importante, no impuestas desde arriba para evitar nuevos repliegues nacionales que puedan ahondar más en la brecha de las quiebras internas de la UE. Por tanto, es necesario un trabajo cooperativo que opere desde una gobernanza multi-nivel e inclusiva. De otro modo, en algunos países podría verse como una injerencia o, incluso, como una imposición en sus políticas nacionales.

Algunas de las propuestas vertidas en la mesa redonda son extremadamente sugerentes, como la reconducción de las inversiones del sector privado vía impuestos al carbono, la colaboración de los bancos centrales en el proceso transformador para sostener a aquellos sectores que no se encuentren preparados a corto plazo para la transición verde y esquivar así posibles resistencias sociales, etcétera.

[Escuche el ‘podcast’ de ‘Green Deal. La oportunidad de Europa’: ¿Qué ganamos con el Green Deal?]

En cuanto al ámbito exterior, parece claro que la intención de la Comisión Von der Leyen quiere emplear la transformación verde como punta de lanza de una agenda con la que colocar a la UE en situación de poder competir con otras potencias globales como Estados Unidos o China.

La única manera de hacerlo es mediante la puesta en marcha de políticas proactivas en esta dirección. De este modo se entiende el énfasis que se da desde Bruselas a los procesos de reindustrialización y al impulso de las nuevas tecnologías para poder competir con rivales sistémicos, China, y con aliados tradicionales, EE.UU., en estos ámbitos, y reconducir así el eje del tablero geopolítico hacia el Atlántico. Con ello, tecnología, geopolítica y economía convergerían en un escenario propicio para que la UE recuperara un terreno perdido desde el fin de la Guerra Fría.

Pero para poder avanzar en este plan, Europa quiere utilizar su soft power en organizaciones multilaterales con el objetivo de colocar su agenda en el ámbito internacional, y de momento algo ha conseguido, como se puede observar en los debates en torno a la economía circular. El objetivo es situar a la UE como una potencia tecnológica regulatoria a nivel global.

Sin embargo, en el contexto de fractura del sistema multilateral surgido de la Segunda Guerra Mundial, no parece que este tipo de movimientos sean suficientes de manera aislada. Para ganar eficacia y liderazgo en la propuesta del New Green Deal, la negociación ha de tornarse bilateral y, para ello, ha de ser capaz de alcanzar la unidad y cohesión internas, y ganar credibilidad entre sus potenciales socios. Y eso no se consigue intentando desplegar una legitimidad moral sobre ellos, ni reproduciendo modelos post-coloniales sostenidos sobre informes técnicos con una intencionalidad política de fondo.

La UE tiene que trabajar de manera sostenida sobre su autonomía estratégica, pero sin caer en errores del pasado. Desde dentro, trabajando de manera inclusiva y no impuesta. Hacia afuera, abandonando la idea de la operatividad del isomorfismo como elemento de transformación política, económica y social.

(Este análisis forma parte del proyecto ‘Green Deal. La oportunidad de Europa’, producido por Funcas y Agenda Pública con el apoyo de ‘Hablamos de Europa’)

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