Lo que nos dicen los datos sobre Madrid Central

La Organización Mundial de la Salud estima que la contaminación provoca la muerte de siete millones de personas cada año en el mundo. Sin embargo, la preocupación por este problema parece a veces asumirse como una moda. Ciertas posturas políticas parecen no sólo negar la evidencia, sino que plantean el cambio climático y la contaminación como una especie de opción ideológica, a modo de una cuestión de fe, como algo en lo que se cree o no se cree. Podríamos referir algunas declaraciones de Donald Trump, pero tenemos más cerca a Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la Comunidad de Madrid) o a José Luis Martínez-Almeida (alcalde de la capital de España), fuertes opositores de Madrid Central. La primera sorprendía a todos (incluidos la Organización Mundial de la Salud y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas) diciendo que de contaminación no moría nadie. Mientras tanto, donde dije digo, digo Diego. El pasado jueves 9 de enero se activó el Escenario 1 del Protocolo Anticontaminación en Madrid.

Lo cierto es que la contaminación del aire es el principal peligro para la salud en la Unión Europea (UE): no sólo reduce la esperanza de vida y provoca la pérdida de años de vida saludable, sino que causa diferentes tipos de cáncer y enfermedades pulmonares, provoca infertilidad (¿cómo era lo de que no teníamos suficientes niños?) y diabetes tipo 2 en adultos. También se ha demostrado que incremente la obesidad, la inflamación sistémica, acelera el envejecimiento celular y produce demencia y Alzheimer, entre otras enfermedades. Afecta a personas de cualquier edad y condición, pero mucho más negativamente a embarazadas, personas mayores y a niños, retrasando entre éstos últimos el desarrollo psicomotor y afectando a su capacidad intelectual. Y la culpa no es de las vacas, sino de que la mayor parte de la contaminación que causa estas enfermedades proviene del tráfico rodado.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Desde el punto de vista de la salud, de la calidad de vida y de la justicia social, parece claro que es necesario reducir las emisiones. Pero, por si acaso, en 2015 la Unión Europea exigió específicamente a España, bajo el riesgo de importantes sanciones económicas, que redujera los contaminantes atmosféricos (principalmente, el dióxido de nitrógeno o NO2) y la contaminación por partículas sólidas (PM). No era una amenaza inesperada: para entonces, España llevaba ya 10 años superando el umbral límite establecido por la UE. Porque otra cosa no, pero los españoles somos tenaces. También sabemos que las amenazas de multa económica de la UE se llevan a cabo; por esto estamos pagando a la Comisión Europea una de 22 millones por no depurar el agua. Nos gusta tentar a la suerte; bueno, y a la Unión Europea.

Puesto que el umbral máximo de polución señalado por la UE se sobrepasa de forma habitual en las mayores ciudades, como Madrid, Barcelona y Valencia, parecería lógico tomar medidas para reducir el tráfico en ellas. Madrid Central (MC) surgió así como una zona de bajas emisiones, limitando el tránsito de paso a los coches más contaminantes. En un primer momento, la restricción contentó a la UE, que detuvo la acción disciplinaria en mayo de 2018. La medida no era brillante, improvisada ni rompedora: desde la UE nos pedían reducir las emisiones y la peatonalización ya había funcionado en otros países. Resultaba necesaria y parecía ser suficiente.

Sin embargo, Madrid Central despertó acérrimos detractores que negaban la boina de la capital. Tras las elecciones (celebradas el 26 de mayo de 2019), el nuevo Gobierno local aplicó una moratoria para anular la medida, que llevaba en pie apenas unos meses (de diciembre del 2018 a junio del 2019). El argumento: la medida era innecesaria e ineficaz a partes iguales. Para completar la breve pero intensa vida de Madrid Central, inserten aquí el enfrentamiento social a la paralización de la medida, el recurso contencioso-administrativo y, de fondo, las exigencias de la Unión Europea.

La cuestión que toca, más allá de la fuerte oposición a la medida, es valorar si tiene efectos positivos. Al menos, si Madrid Central ha permitido respetar los niveles impuestos por la UE (aka, la multa con que nos amenaza) y si realmente ha supuesto un antes y un después en materia de contaminación. Con esa intención publicamos este artículo que ahora sintetizamos aquí. En otras palabras, ¿qué nos dicen los datos sobre Madrid Central?

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Comenzamos analizando la concentración media de NO2 durante los meses que Madrid Central estuvo activo y comparando sus valores con los que presentaba ese mismo mes en los dos años anteriores, para los que hay datos disponibles. La vida de Madrid Central fue corta (pero intensa), así que sólo analizamos la media de las emisiones desde diciembre de 2018 a junio de 2019. Al comparar las emisiones mes a mes, podemos ver si hay o no hay cambio en meses en los que asumimos que los comportamientos podían ser parecidos (ejemplo: la Navidad y las compras) y las temperaturas o las precipitaciones (ambas afectando la contaminación), similares.

Las barras en verde muestran las medias para las emisiones de NO2 durante los meses durante los que Madrid Central estuvo activo (post-MC) y en rojo, los datos en los que no existía (pre-MC). ¿Y qué nos dicen los datos? Que la concentración se reduce para todos los meses; y que cuanto más tiempo lleva la medida en activo, mayor es la reducción. A medida que los ciudadanos se adaptan y cambian sus patrones de movilidad, la prohibición resulta más eficaz.

La línea punteada en negrita señala el umbral máximo impuesto por la UE: después de tres meses ya estábamos por debajo, respetando la exigencia de la Unión; y, tras haber mencionado la relación directa con problemas de salud, nos atrevemos a decir que mejorando la de la ciudad.

La reducción del tráfico en el área centro de Madrid (que en realidad tenía un objetivo poco ambicioso: simplemente, eliminar el tráfico que no tenía ni origen ni destino en el distrito Centro) resulta, a la vista de los datos, lo suficientemente efectiva para los criterios de la UE. Esto no sólo nos evita el pago una cuantiosa multa, sino que supone un beneficio en términos de salud. Los datos demuestran que Madrid Central fue una medida suficiente y efectiva. Y si funciona, ¿por qué cambiarla si no es para ampliarla?

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