Lo que pasa en Centroamérica

Centroamérica aparece ocasionalmente en las noticias, más asociada a sus problemas que a sus enormes potencialidades y al talento que tiene a borbotones. Es una constante que refuerza lo que Horacio Castellanos llamaba la «identidad trágica» de la región, que la representa muy mal. Estos últimos años, su presencia ha estado ligada a las caravanas de migrantes a Estados Unidos y México. Ha sido poco mencionada en la avalancha de protestas y crisis políticas en América Latina a final del año 2019, aunque probablemente la ola de demandas ciudadanas y de expectativas traicionadas empezó en Centroamérica, con las movilizaciones en Guatemala y en Honduras y con la represión de las protestas en la Nicaragua de Daniel Ortega.

El Salvador nos sorprendió con la crisis institucional entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. La inusual convocatoria de la Asamblea legislativa por parte del Consejo de Ministros (el presidente) para aprobar un préstamo dirigido a la seguridad ciudadana ha generado importantes tensiones políticas y fotografías de soldados en el recinto legislativo, y ha llenado el país de gestos preocupantes en una región que sabe lo que es jugar con fuego. Se ha mezclado, además, con las propuestas sobre la amnistía de los partidos que fueron protagonistas de las décadas anteriores y hoy decadentes. Todo apunta a que se resolverá antes de lo previsto la incertidumbre sobre si el presidente Bukele es un caso de liderazgo joven y renovador o de autoritarismo moderno.

Hace unos meses, recuperamos la poderosa imagen de las caravanas de migrantes centroamericanos hacia México y Estados Unidos. El Plan de Desarrollo Integral para el Triángulo Norte que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador propuso antes de asumir la Presidencia pareció una buena respuesta de un socio siempre esperado en la zona. La primera versión del plan era bastante complementaria con otras acciones regionales y estaba bien enfocada a infraestructuras y a proyectos asociados a los problemas de Centroamérica o su triángulo Norte.

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Las expectativas que suelen acompañar a estos planes multimillonarios merecen ser recibidas con precaución porque suelen acabar en frustración, como las que generaron la Alianza de la Prosperidad para el Triángulo Norte de Biden y Obama en 2014; o los millonarios compromisos anunciados en torno a la Conferencia Internacional de apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica (Esca) del año 2011, cuando las imágenes de la Bestia –el tren de la muerte– se impusieron como icono del sufrimiento de la ruta de la migración.

El Plan de Desarrollo Integral ha perdido protagonismo, pero la Cepal trabaja en una conferencia de donantes en torno a sus propuestas. La presión del Gobierno estadounidense puede haber malogrado la iniciativa de López Obrador, al estrechar su enfoque a la contención de la migración. Ésta y la frontera sur de los Estados Unidos se han convertido en un espacio simbólico del desarrollo y de la frontera entre norte y sur, que han narrado muy bien El Faro y El País en ‘Frontera Sur’, un amplio documento al estilo del mejor y nuevo periodismo latinoamericano. Da claves para entender, por ejemplo, la grotesca decisión de declarar tercer país seguro a los estados cuyos problemas de violencia expulsan a su gente y están en la raíz de la migración.

La pregunta sobre qué impulsa a los migrantes a emprender ese peligroso viaje enlaza inmediatamente con los problemas más graves de Centroamérica: la persistencia de la pobreza pese a los avances de principios de siglo, o los efectos adelantados del cambio climático o la sequía en el corredor seco, se suman a las múltiples manifestaciones de la violencia para dibujar el mapa de problemas al que se enfrentan.

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Además, en el ámbito de cada una de las naciones de la región, se acumulan las crisis políticas e institucionales, todas relevantes y algunas cruentas. En Nicaragua, el ácido contraste de los símbolos del sandinismo con las protestas refuerzan la lectura de una revolución traicionada o lejana, pero sobre todo encadenan el país al pasado. Hoy, Nicaragua ha salido temporalmente del foco, pero la gravedad de la crisis y el horizonte de las elecciones emplazan a las partes a habilitar la salida de Ortega si así se decide en unas elecciones libres y a pensar en la vertebración de las alternativas opositoras, como han comentado, entre otros, José Luis Rocha y Salvador Martí.

Ha tenido escaso impacto externo el episodio de la no renovación de la Cicig (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala), que había desafiado con eficacia y cierto estruendo a la corrupción y a la clásica instrumentalización del Estado por parte de los intereses particulares, como ha explicado Elisenda Calvet. El alivio por el declive de los partidos políticos anclados en la Centroamérica de la postguerra, o de algunas nocivas plataformas presidenciales, no garantiza su reemplazo por fuerzas políticas renovadoras y comprometidas con las mayorías o con la democracia. Honduras se sumó a esta constelación de crisis con las dudas legítimas sobre sus elecciones y la tibia reacción de la comunidad internacional frente a los paralelismos de la reforma de la Constitución que posibilitó la reelección de Juan Orlando Hernández con la de Zelaya.

¿Qué tienen en común las crisis institucionales y políticas de los países centroamericanos? ¿Tienen relación con las caravanas de migrantes a los EE.UU. o con otros problemas?

Las tensiones en la región remiten a viejos actores y a viejas categorías de análisis como la del caudillismo, tan importante para entender la historia contemporánea centroamericana desde su independencia. La figura del caudillo explicaría algunos paralelismos históricos en Nicaragua y algunas actitudes que esconden los rasgos autoritarios del caudillismo detrás de la imagen del Gobierno moderno.

Hay un trasfondo común a todos estos episodios. Las caravanas de migrantes son síntoma del agotamiento del modelo de desarrollo en Centroamérica. Los acuerdos de Esquipulas de finales de los 80 dotaron a la región de una propuesta de modelo de desarrollo basada en la paz, la democracia y el desarrollo. Detrás de estos principios estaban objetivos estratégicos como la inserción internacional, el desarme y control de los ejércitos o la lucha contra la pobreza.

Esquipulas trajo paz a la región y abrió un proceso de transición democrática que fue también marco de inspiración para el diseño de las estrategias nacionales. Hay dos trabajos muy relevantes para hacer balance de estos acuerdos. En primer lugar, ‘Revoluciones sin cambios revolucionarios’, una de las últimas obras de Edelberto Torres-Rivas; en segundo lugar, la contribución que, con enfoque multidimensional y aportación coral, hace el ‘Handbook of Central American Governance‘ de Diego Sánchez-Ancochea y Salvador Martí.

Según Torres-Rivas, los procesos revolucionarios que hicieron estallar los conflictos no trajeron cambios revolucionarios en las estructuras políticas y económicas de la región. Ambas obras sostienen que los procesos de paz en Centroamérica rompieron una dinámica que era muy negativa, pero no han detenido la consolidación del modelo económico que era entonces predominante. Tal y como apuntan Sánchez-Ancochea y Martí, el desarrollo de estas décadas no ha sido suficiente para romper un sistema económico y social basado en el dominio de sus reducidas élites y en la incapacidad estatal para asegurar un bienestar razonable y salvaguardar el Estado de derecho.

El legado de Esquipulas ha sido trascendental para Centroamérica, pero el conjunto de consensos que permitieron definir los ejes de desarrollo de las tres últimas décadas no es ahora funcional para un entorno muy diferente. Hay una clave generacional en la crisis centroamericana que se ha hecho muy visible en varios momentos. Para esa mayoría de jóvenes quedan lejos los discursos, los actores y las promesas de los cambios revolucionarios, o incluso del marco de paz y desarrollo de Esquipulas. Sus expectativas nada tiene que ver con las de entonces y sólo los que las traduzcan a los nuevos tiempos pueden aspirar a ser escuchados.

También el Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) está en transición y se enfrenta al reto de ser funcional para mantener su legitimidad. Vinicio Cerezo, desde la Secretaría General del Sica, está proponiendo a los países de la región que definan un nuevo plan que ayude a encontrar respuestas nuevas para los retos del desarrollo. Lo tendrán que hacer en un período de incertidumbre global y de manera conjunta, pues el tamaño y la condición de sus países hace imprescindible un enfoque regional de su desarrollo, como reafirma persistentemente toda su historia desde la propia independencia.

Más allá del marco de la integración regional, que es instrumental, esta época exige la construcción de nuevos consensos que permitan imaginar un futuro de inclusión y oportunidades, apoyado en la transformación productiva y en el uso inteligente y sostenible de los recursos naturales. Como hay pocos liderazgos de primera fila que parezcan hoy tener base fiable para construir consensos de futuro, es importante pensar en qué actores podrán hacerlo y en crear condiciones para que empiecen.

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3 Comentarios

  1. Oranda Style
    Oranda Style 03-15-2020

    El domingo 20 de mayo hubo oportunidad para profundizar en las distintas aristas de la migracion y la seguridad fronteriza, pero los candidatos no estuvieron a la altura de las expectativas: sus propuestas demostraron desconocimiento y falta de sensibilidad ante las comunidades migrantes y las organizaciones de la sociedad civil que llevan anos llenando el vacio que ha dejado el gobierno mexicano. Han sido las organizaciones de la sociedad civil las que han elaborado diagnosticos, han empujando el tema en la agenda publica y han presentando proyectos de politicas publicas que los aspirantes a la presidencia deberian conocer y estudiar para responder a los retos actuales de la migracion.

  2. José Vinicio Martínez
    José Vinicio Martínez 04-16-2020

    Estimado Dr. Caldentey, excelente artículo que señala algunos aspectos profundos de la realidad de la región. Recientemente, la integración tuvo una excelente oportunidad para ser de nuevo discutida: el V Encuentro Ciudadano “Centroamérica, amenazas y oportunidades compartidas; un destino común” organizado por la Fundación Libertad y Desarrollo en marzo en Guatemala. Creo que se propiciaba un ambiente propicio, al menos coyuntural para discutir el tema de nuevo, sin embargo la pandemia del COVID19, ha cambiado todo el panorama y la agenda política y económica en la región y priorizado el tema de la salud, aunque la siguiente discusión volverá a ser el modelo económico y de desarrollo de los países. Hoy día el SICA, a pesar de algunos tímidos esfuerzos, no ha logrado capitalizar con iniciativas disyuntivas, la coyuntura. lamentablemente. saludos,

  3. Manuel Fernández Vílchez
    Manuel Fernández Vílchez 07-24-2020

    Estos tres países, como casi todo el resto de Latinoamérica, tienen una Sociedad Política, Instituciones, Aparatos de Estado escasamente desarrollados. Luego, el planteamiento Político y de Economía Política, expresados con la buena voluntad del autor, tienen escaso sentido. Habría que empezar desde abajo, por la Sociedad Civil, estructuras de la formación social, para explicar «Lo que pasa…» Y «lo que pasa» no tiene que ver con lo que piensan intelectuales como Edelberto Torres Rivas y sus «procesos revolucionarios» nada revolucionarios, simple voluntarismo y aventurerismo de movimientos de las elitistas capas medias urbanas (seguidores del sociologismo de la «Teoría de la Dependencia» y del fundamentalismo de algunos teólogos, con más seguidores en los Media españoles que en C.A.).

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