Los juicios del ‘procés’

Este martes se dará inicio a una cadena de juicios: primero, el penal; después, una suerte de juicio político. Serán eventos distintos, pero relacionados.

El juicio penal colocará a los acusados ante un dilema: tendrán que elegir, a ojos de su parroquia, entre sus intereses personales y su prestigio político.

Si el compromiso con la vía unilateral a la independencia iba en serio, entonces así deberían declararlo los acusados. Y, al hacerlo, debieran resignarse a la condena quizás no por rebelión, pero sí al menos por sedición, ya que la vía unilateral de 2017 tuvo algunos episodios (20 de septiembre, 1 de octubre, 3 de octubre) de presión tumultuaria –aunque no violenta–, coordinados desde arriba, que implicaban un delito de sedición. Esto satisfaría al flanco más duro del independentismo y concedería el martirologio a los encarcelados. Todo al precio de arruinar sus vidas personales.

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Quizás la única manera de contribuir a evitar la condena por rebelión o por sedición es afirmando que la denominada vía unilateral fue en realidad una gigantesca y coordinada operación de propaganda destinada no sé sabe muy bien qué, pero no a la independencia. Esto evitaría, siendo optimistas, las penas de prisión más graves, pero frustraría a los independentistas del morro fort.

Ninguna de las dos narrativas, ni la del martirologio ni la de la propaganda, determinará la verdad de los hechos. Se trata de potenciales estrategias de la defensa. Pero apuntan a las dos lecturas descarnadas con las que se ha descrito el procés: una auténtica operación de secesión unilateral o una obra de teatro colosal y peligrosa, impulsada desde las instituciones y con fines propagandísticos, para hacer creer que se trataba de una auténtica operación de secesión unilateral.

¿Pero y si el procés hubiese sido ambas cosas a la vez? ¿Y si los objetivos de los principales implicados fueran en realidad contradictorios entre sí? A medida que pasa el tiempo me parece más plausible pensar que –diacrónica y, por momentos, sincrónicamente– el ‘procés’ fue una cosa y su negación. ¿Cómo se lidia entonces con semejante maraña irracional desde el punto de vista penal?

Ésta es mi modestísima y breve sugerencia: si hay alguna razón para no condenar por rebelión o por sedición no es porque no haya duda acerca de la idoneidad de tal calificación, sino justamente porque hay dudas al respecto. Las sesiones del 6 y 7 de septiembre y la Declaración Unilateral de Independencia del 27 de septiembre constituyeron una superación por escrito o retórica de la Constitución. Grave, desde luego, pero no tanto como una superación por vía de los hechos consumados, es decir, la ocupación de hecho y por la fuerza de la Generalitat, el Parlament, el control de las fronteras, etc. Y los líderes independentistas, seguramente por las razones incorrectas, decidieron hacer lo correcto desde el punto de vista jurídico,  terminaron renunciando a superar de hecho la Constitución y convirtieron la ultimísima fase del procés en una estrafalaria e irresponsable operación de propaganda institucional.

Decía T. S. Eliot que no hay mayor pecado que el de hacer lo correcto por las razones incorrectas. No sé si llevaba razón respecto de las cosas que le interesaban a él, pero respecto al Derecho se equivocaba: si los líderes independentistas decidieron renunciar a la vía unilateral no porque ésta significara una violación de la Constitución, sino por razones egoístas (porque quizás creyeron que era la única forma de conservar el poder o porque la amenaza de sanción legal tuvo efecto), quienes aplican el Derecho deberían ser sensibles sólo a la decisión (legalmente) correcta de no superar finalmente la Constitución por la vía de los hechos consumados.

Lo anterior debiera ser suficiente para generar dudas acerca de la calificación de rebelión e incluso de sedición. Nótese: no es cierto que no haya ninguna razón para hablar de ambos. Las hay, como mencioné al principio y como acabo de hacer en los dos últimos párrafos. Pero también concurren otras razones de igual peso que arrojan dudas sobre tal calificación. Y en virtud del principio in dubio pro reo, se debería condenar a los acusados por el delito menos gravoso (¿desobediencia y malversación?). Quizás ésta es la menos mala de las soluciones penales para salir de este embrollo. Quizás.

Hasta aquí, el juicio penal. De manera encadenada a esta sentencia, habrá lo que podríamos llamar un juicio político. O, mejor dicho, dos.

Uno tendrá lugar a largo plazo, porque lo cierto es que el otoño de 2017 suscitó un problema teórico, institucional y político de fondo que tiene mala solución: la Constitución permite que se presenten partidos políticos con un programa secesionista, pero, por una combinación de circunstancias constitutivas (el secesionismo es casi por definición una eterna minoría parlamentaria en las Cortes del Estado del que se quiere separar), es imposible desde un punto de vista práctico la reforma constitucional que habilitaría legalmente la secesión. Versión resumida: los partidos independentistas son legales, pero la independencia está ‘de facto’ –aunque no formalmente– condenada a la ilegalidad. ¿Es una incongruencia? En cierto sentido, sí.

Lo que ocurre es que las alternativas congruentes son peores. Imaginémonos que el Tribunal Constitucional decide constitucionalizar el derecho a la secesión; sería una llamada sistemática a la desestabilización del país porque significaría abrir la puerta a legalizar una suerte de chantaje político según el cual «si no me dan lo que pido, pongo en marcha el mecanismo legal para irme de España». Pésima idea.

Ahora, imaginémonos la otra alternativa congruente: la ilegalización de los partidos independentistas. También esta medida constituiría probablemente una fuente de inestabilidad permanente y, sobre todo, sería una alarmante restricción de las ideas políticas. Otra mala idea.

No ocurre a menudo, pero a veces es mejor quedarse con un juicio en cierto sentido incongruente. Pero esto no implica que la secesión sea imposible: si llega el día en que en Cataluña los votantes de los partidos independentistas superan el umbral –pongamos– del 70%, no habrá prohibición constitucional alguna que pueda contener el surgimiento de una nueva comunidad política. Eso es en el fondo una secesión y eso es lo que, con un 47%, no ocurrió ni ocurre en Cataluña.

Pero más a corto plazo, el juicio político sobre el procés o, mejor dicho, sobre el juicio del procés, tendrá lugar cuando haya elecciones autonómicas en Cataluña.

En un escenario de condena dura, se intentará, desde las filas independentistas reproducir el estirón electoral que tuvo lugar tras la sentencia del Estatut. Esto es una señal de que el independentismo ha elegido creer que las mejores cerezas del árbol son las únicas que puede alcanzar: el estirón del independentismo no fue causado sólo ni principalmente por esa sentencia. Se dio en un contexto de crisis económica y de adelgazamiento del Estado del Bienestar; de desmantelamiento por corrupción del principal partido nacionalista catalán; de la aparente fluidez con la que se llevó a cabo la frívola negociación del referéndum en Escocia; y del malestar occidental con las soberanías compartidas y la reclamación del viejo Estado-nación, con las particularidades, en el caso catalán, que se consideren oportunas.

La sentencia del Estatut parece haber tenido igual peso que cualquiera de estas circunstancias tomadas de una en una y definitivamente menos peso que todas ellas tomadas en conjunto.

Por lo demás, resulta atrevido afirmar que la sentencia fuera el evento disparador del procés cuando muy, muy pocos se tomaron la molestia de leerla. ¡Qué extraordinario poder causal telúrico! Más bien parece que si algo tuvo poder causal fue el significado histórico-político que, desde algunas instancias, se atribuyó, de forma hiperbólica e interesada, a esa sentencia.

¿Qué ocurrirá estos próximos meses? Es muy difícil saberlo. Mi aventurado pronóstico es que los líderes independentistas perderán el juicio penal pero ganarán –en los alrededores de ese pétreo 47%– el juicio político de las próximas elecciones.

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