Los ODS como medida de la calidad de vida

En unas semanas se constituirán los nuevos gobiernos en 8.000 ayuntamientos y casi todas las comunidades autónomas. Los nuevos ediles, consejeros y presidentes, así como los que repiten seguro que llegan con nuevas ideas y muchas ganas de trabajar para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos, pero se encontrarán con los viejos problemas y también con alguno nuevo.

Repasemos algunos viejos problemas. Uno de ellos es la forma de medir la calidad de vida de los ciudadanos. Hoy, ya en pleno siglo XXI no podemos fiarnos solo del PIB o de la renta ‘per cápita’ para saber si la sociedad va bien o mal. Son imprescindibles nuevas formas de medir el bienestar de la gente y la sostenibilidad. Y aquí nos encontramos con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que van desde la desigualdad, el empleo, a la energía,  el agua, pasando por la alimentación, la pobreza, la biodiversidad o la transparencia en las instituciones.

Es importante reconocer que no tiene mucho sentido mejorar en algunos indicadores a costa de otros. Por ejemplo, no lo tiene avanzar en renta si se mantiene una gran desigualdad y pobreza, o si mejoramos en infraestructuras pero es a costa de la biodiversidad, o en agua pero retroceder en energía. Por ello, se trata de avanzar en estos objetivos de una forma acompasada. Pueden ser un buen control de mandos para ver si una sociedad mejora o empeora y parece evidente que debiera ser el fin principal de nuestros gobernantes; y, por supuesto, sin dejar a nadie atrás.

[En colaboración con Red Eléctrica de España]

Pero esto se complica todavía más si tenemos en cuenta el espacio, la geografía, la distribución territorial… es decir, en esos ODS debemos enhebrar las 17 comunidades autónomas. Tenemos una gran diversidad de territorios con un muy desigual desarrollo de infraestructuras, de alimentación, de ecosistemas, de paisajes, de desarrollo industrial, de construcción en la costa… Por ello, hemos realizado este informe, 17 x 17, es decir, 17 ODS x las 17 autonomías, para intentar ver cuáles presentan mejor comportamiento en conjunto respecto a la sostenibilidad pero también, y sobre todo, cómo se puede mejorar en todas para conseguir un desarrollo menos desigual.

El objetivo es ofrecer una primera aproximación a un tema tan complejo como la evaluación de la sostenibilidad por regiones, que se irá perfeccionado los próximos años, pero que intenta hacer una radiografía conjunta de la geografía de esta variable en el país. En el estudio se utilizan casi 200 indicadores que tratan de dilucidar el grado de consecución de las metas de cada ODS en las 17 regiones españolas para focalizar el grado de cohesión territorial en la transición hacia los presupuestos de sostenibilidad establecidos en la Agenda 2030.

Existe una enorme heterogeneidad. Los resultados demuestran un cumplimiento desfavorable a nivel nacional y la necesidad de un esfuerzo superior y coordinado de todos los territorios, mostrando el panorama al que se han de enfrentar nuestros representantes políticos. Las principales conclusiones apuntan al gran desequilibrio territorial existente en España tanto entre comunidades autónomas como entre los diferentes aspectos temáticos tratado en los ODS. Ninguna región puede vanagloriarse de tener todos sus indicadores en valores positivos ni de ser plenamente sostenible.

Prácticamente todas destacan en algún ODS. Exceptuando el País Vasco y Navarra, que acumulan un número muy elevado de buenos resultados comparativos, las regiones más retrasadas destacan también en ciertos aspectos. Canarias, pese a situarse penúltima en el ranking general, es la comunidad con menor desigualdad por género y se muestra fuerte en el ODS 14 (medio marino) y en cooperación (ODS 17); Andalucía es la mejor en ese mismo objetivo y está bien situada en gestión de ecosistemas terrestres.

Existen múltiples ejemplos: Asturias, con valoración general media, es primera en el ODS 2 (nutrición y sostenibilidad de la agricultura y la ganadería), en el ODS 6 (gestión del agua) y en la gestión de los ecosistemas marinos (ODS 14); Castilla y León es fuerte en nutrición y de las mejores en el ODS 7 (energía) y en el ODS 13 (cambio climático); Castilla-La Mancha lidera este último ODS y la sostenibilidad de las áreas urbanas (por detrás de Extremadura, primera en dicho capítulo y bien situada también en Sanidad y desigualdad general); Cantabria destaca en Sanidad y en Educación, en gestión del agua y en empleo.

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Por su parte, Navarra y el País Vasco no obtienen resultados comparativos positivos en biodiversidad (ODS 15), y cada una de ellas ocupa posiciones de cola en lucha contra el cambio climático (ODS 13) y gestión energética (ODS 7), respectivamente. Aragón acapara también posiciones altas y medias, fallando de manera relativa sólo en cuatro ODS.

En general, las regiones más rurales, con economías menos fuertes o más simplificadas, se muestran fuertes en temas ambientales: es el caso de las dos Castillas, Extremadura, La Rioja… Madrid, con una economía poderosa, no alcanza los valores positivos de Cataluña o del País Vasco en este importante bloque. Falla en cierta manera en todo lo relativo a clima y gestión de la energía, como sucede en País Vasco y Cataluña; y tampoco cumple, siempre en términos relativos, en la protección de sus ecosistemas. Sólo obtiene valores medios en temas sociales, siendo una de las regiones con mayor PIB de España.

Otras comunidades autónomas presentan mayor uniformidad en su camino a través de los ODS: Asturias, Aragón y Castilla y León acumulan representación en el estrato intermedio de entre el 30%-45% de los epígrafes. Al contrario que en el País Vasco y Navarra, con alto porcentaje de resultados más positivos. Este equilibrio en valores intermedios les permitirá distribuir los esfuerzos y prioridades sin grandes fricciones para alcanzar el desempeño excelente de las regiones más favorecidas.

Algunas recomendaciones son evidentes y las podemos imaginar todos: apuntan hacia la necesaria solución de los graves desequilibrios que hay en el territorio, aunque las hemos consentido durante décadas, empezando por la España vaciada. Por ejemplo, no tiene sentido que comunidades como Extremadura no tengan un tren digno que articule la región, mientras en otros territorios se va a 300 kilómetros por hora o que la Sanidad en algunas regiones y, sobre todo, territorios determinados deje mucho que desear respecto a otras. O que todo el mundo sepa desde hace 30 años que existe una España vacía donde existen graves deficiencias en sanidad (ODS 3), empleo (ODS 8) e infraestructuras (ODS 9) como internet, y se suceden encargos y puestos de renombre mientras esa España está cada vez más vacía y más envejecida… y sigue sin infraestructuras de internet o de nuevas tecnologías.

Pero también hay otra serie de conclusiones menos evidentes: por ejemplo, que la biodiversidad se mantiene en algunas comunidades y suministra bienes y servicios ambientales decisivos sobre otras, como Aragón o Castilla la Mancha, que están sufriendo una fuerte despoblación en gran parte de su territorio mientras sus ecosistemas, en capítulos como el agua, son esenciales para otras comunidades como Murcia o la Comunidad Valenciana.

Además de cambiar el modelo productivo hacia una sociedad más descarbonizada, con más energías renovables (ODS 7), con mayor peso en las nuevas tecnologías y más desmaterializada (ODS 12), la desigualdad tanto de género (ODS 5) como de renta, ingresos, etc. (ODS 10) es otro de los temas clave que sale recurrentemente en las diferentes comunidades autónomas.

Finamente, señalar que los ODS y su seguimiento pueden ser una muy buena herramienta para la evaluación de políticas y rendición de cuentas en esta próxima legislatura que comienza. Y sería recomendable vincular los ODS con la medida de la felicidad.

Queda por señalar un nuevo problema que debe de ser muy tenido en cuenta: la emergencia climática en todos los territorios, hasta ahora olvidada no sólo en los debates electorales, sino en la realidad y el día a día de los que han gobernado hasta ahora, aunque esperemos que no en la próxima legislatura.

Estos resultados indican que en el futuro inmediato, si se quiere avanzar en sostenibilidad como país, no se puede dejar ningún territorio atrás. La sociedad española va a avanzar en estos objetivos, tanto de forma colectiva como individual, independientemente de lo que decidan los partidos o sus dirigentes. El futuro será sostenible o no será.

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