Los retos globales para 2020

Que los tambores de recesión suenen más lejanos no implica que no haya nubes y tareas pendientes en el horizonte. Tres analistas identifican los retos más acuciantes en los ámbitos del medio ambiente, la economía y la revolución tecnológica.

Cristina Monge, Ecodes y Universidad de Zaragoza.

Crisis climática: existen tres grandes hitos que protagonizarán, visto desde el privilegiado rincón del mundo que es España, las políticas ambientales. En el plano internacional, 2020 será el año en el que, en la COP 26 de Glasgow y tras un rosario de reuniones alejadas de los focos, los países firmantes del Acuerdo de París tendrán que actualizar –veremos si con la ambición suficiente– sus compromisos de reducción de emisiones y materializar las esperanzas que se abrieron en París cinco años atrás. Con Trump como único gran detractor (no así sus estados, ayuntamientos, empresas, universidades, fondos de inversión, etc) y el Brasil de Bolsonaro encabezando las posiciones más escépticas, la actitud de Rusia –recién incorporada al acuerdo– y, por supuesto, de China e India serán claves; como lo será también la capacidad de la Unión Europea para hacer valer con todas las herramientas a su alcance – las comerciales incluidas– el liderazgo que acaba de revalidar en Madrid, y que será mayor en la medida en que se aplique de forma coherente en el interior de la Unión.

De ahí la importancia de la concreción del Green New Deal anunciado por la nueva presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. Para conseguir los resultados necesarios, deberá reverdecer el conjunto de las políticas europeas, convirtiéndose en todo un nuevo contrato social que incorpore la sostenibilidad ambiental. Se trata, como señalaba un editorial de El País unos días atrás, de entenderlo como una «Causa Europa” capaz de refundar la Unión actualizando a los desafíos de hoy los valores que le vieron nacer.

En España, estas políticas necesitan adquirir centralidad y transversalidad en el primer Gobierno de coalición de nuestra democracia. Si bien es cierto que el acuerdo entre PSOE y UP incorpora la aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, incluido el objetivo ya asumido anteriormente de producción del 100 % de electricidad procedente de renovables en 2050, la transición tendrá que ser tratada de forma distinta en cada sector y territorio, de acuerdo a los criterios de transición justa.

En el plano internacional, europeo y español, 2020 deberá afrontar el mismo desafío: concretar y poner en marcha las estrategias de transición ecológica imprescindibles para garantizar el futuro de la vida en el planeta. ¡Feliz comienzo de década!

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Federico Steinberg, Real Instituto Elcano y Universidad Autónoma de Madrid. Becario «la Caixa».

La economía mundial en 2020 debería continuar creciendo, aunque a un ritmo inferior al de los últimos años. Los riesgos más importantes que hemos tenido sobre la mesa en 2019 parecen disiparse. En especial, el Brexit caótico y el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que parece haberse tomado una tregua por el año electoral estadounidense. Esto supone que el riesgo de una recesión (y, por supuesto, de una crisis) no está ni mucho menos en el escenario central.

Aun así, existen algunos factores que resultan preocupantes. Europa está expuesta tanto a un incremento de los aranceles por parte de Estados Unidos al sector del automóvil (que la Administración Trump ha indicado que podrían llegar a lo largo del año) como a la inestabilidad derivada de un posible adelanto electoral en Italia que diera lugar a una victoria de la Lega de Mateo Salvini, lo que podría generar alzas en las primas de riesgo en los países del sur de la eurozona.

Pero lo que debería centrar la atención de las políticas públicas es asegurar que el crecimiento económico en Europa esté mejor distribuido. El aumento de la desigualdad y, sobre todo, la creciente percepción de que las élites cosmopolitas liberales y urbanas están capturando una parte desproporcionada de las rentas generadas por la globalización y el cambio tecnológico es un caldo de cultivo para los movimientos anti-sistema, anti-europeos y anti-apertura. No hacerles frente es el mayor riesgo para la estabilidad y el crecimiento económico a largo plazo. Si hay frustración y ansiedad entre las clases medias de los países occidentales en un entorno de crecimiento como el que venimos experimentando en los últimos cinco años, imagínense cómo sería el enfado si la economía creciera menos.

En definitiva, el escenario base para la economía mundial en 2020 es favorable. Pero como muestran los movimientos de protesta en América Latina, el Brexit o el auge de los partidos nativistas xenófobos de extrema derecha en Europa, no es buena idea conformarse con una coyuntura macroeconómica saludable; sobre todo en situaciones de debilidad del contrato social y aumento de las incertidumbres geopolíticas.

Lucía Velasco, experta en digitalización en el mercado laboral para la Comisión Europea.

En el ámbito de la tecnología: primero, aumentará la conciencia digital. Empezaremos a tener más conocimiento sobre los asuntos tecnológicos. Demandaremos más información y más debate. La ciudadanía se preocupará por lo que se hace con sus datos y con el reconocimiento facial. Las cámaras estarán por todas partes (se estima que habrá 1.000 millones en todo el mundo en 2021). La tecnología entrará en la agenda política global. La nueva Comisión Europea liderará este tiempo situándola como una de sus seis prioridades. En Estados Unidos, la Ley de Privacidad de California entrará en vigor y las elecciones presidenciales harán que la ciudadanía conozca diversas propuestas sobre cómo lidiar con los gigantes tecnológicos. En China continuará la carrera por dominar la tecnología, y a la población a través de ella.

Segundo, las monedas digitales vivirán su gran año. Las divisas basadas en tecnología blockchain empezarán a encontrar su espacio después de un año polémico en el que Facebook quiso pasarse al ámbito financiero y recibió la oposición del propio G-7. China ya está en pruebas con su yuan digital y el Banco Central  Europeo ha manifestado su intención de estar a la vanguardia en el caso de las stable coins o monedas digitales vinculadas a un activo físico o moneda fiduciaria. Francia también experimentará con una moneda digital que podría servir de precedente para una iniciativa de ese tipo a escala de la zona euro. Por último, el gobernador del Banco de Inglaterra quiere que una nueva moneda digital global reemplace al dólar como referencia. Lo que hay que garantizar es que exista una regulación adecuada que dirija la tecnología hacia el bien público, minimizando los riesgos que pueda conllevar para la estabilidad financiera o la privacidad. No estamos para bromas.

Tercero, la tecnología se sumará al ‘Green New Deal’: los centros de datos son el eje de nuestro mundo moderno. El rápido crecimiento de la inteligencia artificial, deep learning, machine learning, internet de las cosas, computación en la nube, etc, requieren el procesamiento de grandes cantidades de datos y, por tanto, un mayor uso de energía. Los centros de datos y los proveedores de la nube consumen cerca del 6% de la electricidad mundial (más que India) y generan aproximadamente el 4% de las emisiones globales (se estima que la aviación comercial supone el 2%). En 2020, la tecnología se comprometerá con la lucha contra la emergencia climática y empujará la agenda de descarbonización de la economía a lo largo de toda su cadena de valor.

El poder de las grandes tecnológicas es tan indiscutible como extenso. Tanto en influencia sobre la opinión pública como sobre el mercado. El planeta necesita que se sumen a esta nueva manera de entender la gobernanza de los bienes comunes que es el Green New Deal.

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