Macron, de nuevo En Marche!

En plena crisis de los gilets jaunes (chalecos amarillos), el presidente francés Emmanuel Macron acaba de convocar un gran debate nacional que se desarrollará durante dos meses, hasta el 15 de marzo. El objetivo, según la carta abierta firmada por el propio presidente, es el de recabar la opinión de los ciudadanos sobre cinco asuntos: la fiscalidad, la organización del Estado, la transición ecológica, la democracia y la integración (inmigración). Sin embargo, el texto también hace explícita una línea roja: «No he olvidado que he sido elegido por un proyecto, por unas grandes orientaciones a las que permanezco fiel». ¿Cómo interpretar este movimiento?

Lo que diga el pueblo

En primer lugar, hay que tener en cuenta que los cinco temas ya aparecen en su programa electoral, como también reaparece el método utilizado por En Marche! para elaborarlo y, de paso situarse, en el mapa electoral francés. De hecho, una de las enseñas de la joven formación fue la campaña de puerta a puerta realizada para ‘auscultar’ a los franceses, que es también el método que En Marche! propuso para Europa a través de la celebración de las convenciones democráticas (bautizadas después, más modestamente, como consultas ciudadanas). Éstas debían servir para elaborar el programa con vistas a las elecciones de mayo de este año al Parlamento Europeo, pero hasta ahora han pasado sin pena ni gloria.

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En ambos casos, parecen un buen instrumento para ganar legitimidad o para recuperarla en el caso de una alta participación, pero también una peligrosa manera de perderla si quienes terminan participando en ellas son un reducido número de convencidos y de fieles. El gran dilema para los no electores de Macron es precisamente ése: participar, incluso para quejarse, significa legitimar su estrategia. De hecho, tanto Marine Le Pen como Jean-Luc Mélenchon (cuyos electores suman un 40% del voto, según la participación en la primera vuelta de las elecciones presidenciales), han llamado a la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones anticipadas desde el inicio de la crisis de los chalecos amarillos, y han calificado la consulta de campaña de marketing, lo que hace augurar una baja participación entre sus electorados.

Con el partido socialista desaparecido, la derecha de Los Republicanos, aunque muy crítica con la idea de Macron, pudiera encontrar más puntos en común, sobre todo en algunos aspectos como la limitación del gasto público y la inmigración. El peligro en este caso es que esto acabase con un sesgo hacia la derecha, lo que podría empeorar las cosas.

Debate sí, pero no sobre todo

Por otra parte, desde el mes de diciembre están disponibles en los ayuntamientos unos cuadernos de quejas para que los ciudadanos expresen libremente su opinión. En este caso, no hay límites sobre los temas a tratar, pero tampoco compromisos, si bien el objetivo es que se elabore un informe para que el Gobierno lo lea, como complemento del Gran Debate. Según Europe 1, que ha llevado a cabo un análisis de estos cuadernos, varios asuntos son recurrentes: restablecer el impuesto a la fortuna (ISF, por sus siglas en francés), fijar un impuesto a las transacciones financieras, reconsiderar el salario mínimo y las pensiones, los sueldos de los altos funcionarios y diputados, así como sus privilegios, y restablecer los servicios públicos que han ido desapareciendo de la Francia rural. De nuevo, dos grandes cuestiones emergen en este punto, pues si muchos de estos temas están excluidos de la mesa de negociación, ¿no se volverán como un boomerang contra el Gobierno? Y si se incluyen, ¿no serán los que agravarán aún más la crisis?  

En lo que respecta al contenido, la consulta ha dejado fuera los elementos más polémicos del programa de En Marche!, como la reforma de la ley del trabajo o la supresión del impuesto a la fortuna, que es la medida que mejor simboliza la crisis de los chalecos amarillos, pues es el reverso del impuesto sobre el carburante. De hecho, el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, dejó bien claro ante los periodistas que el Ejecutivo no tenía ninguna intención de dar marcha atrás respecto a las reformas ya adoptadas. La visión de Macron, tal y como él mismo explica en su carta, es que si bien la lucha contra el desempleo es la prioridad, ésta pasa primero por «dar a las empresas los medios de desarrollarse». Esta consulta, por lo tanto, no tiene como objetivo entrar en las cuestiones económicas y sociales de fondo, que son finalmente las que se encuentran en el origen de la revuelta de los ‘chalecos amarillos’, lo que hace muy difícil que sirva para dar una solución definitiva a la crisis social.

Macron ha tenido la inteligencia política de no caer en la trampa de las consultas populares que conducen a la catástrofe, dejando constancia explicita en su carta sobre la interpretación del Gran Debate: «No es un referéndum». Por el momento, con la caída de Renzi y el lío que dejó David Cameron tras de sí, Europa tiene más que suficiente. Pero el referéndum entra, y si no lo hace por la puerta, lo hará por la ventana; o al menos esto es lo que pretende Marine Le Pen con las elecciones europeas: convertirlas en un plebiscito sobre la acción del Gobierno. Así, los próximos meses serán decisivos, pues Macron se está jugando su legitimidad tanto en casa como en Europa. Si Le Pen arrasa en las próximas elecciones al Parlamento Europeo ¿qué le quedará al Gobierno? El Gran Debate no puede ser, por lo tanto, una mera maniobra de distracción, sino un instrumento para desactivar la ‘bomba’ Le Pen. Y para ello será fundamental prestar más atención a la ‘hoja de reclamaciones’.

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