México frente a las tres crisis de la pandemia

La pandemia originada por el brote del virus Sars-CoV-2 pilló por sorpresa a (casi) todos los gobiernos del mundo. Ante las distintas reacciones y más o menos eficientes manejos de la situación, el nuevo coronavirus ha sido implacable cobrándose vidas y la salud de las personas y exponiendo las deficiencias estructurales de los estados. Las y los expertos apuntan a que las afectaciones de la pandemia van a ser extensas en tiempo y espacio: se espera que la crisis sanitaria dure aproximadamente dos años; la económica y laboral, alrededor de cinco, y los efectos en términos de profundización de las desigualdades y la disrupción social afectarán a una generación completa. Si bien estas estimaciones nos colocan en un horizonte temporal de medio y largo plazo y exigirán mayores intervenciones estatales durante las próximas décadas, la actuación inmediata de los gobiernos ante la pandemia se tuvo que concentrar, inevitablemente, en tres rubros: la atención de la crisis sanitaria, la prevención de la crisis económica y el establecimiento de una comunicación efectiva y empática con la sociedad. El Gobierno mexicano ha reaccionado de manera deficiente en estos tres rubros y en este texto doy argumentos que sostienen esta opinión.

Primero: la crisis sanitaria

Acerca del manejo de la situación sanitaria en México no es necesario decir mucho: basta con analizar los datos.

Al 31 de agosto, y según los datos oficiales, México ha registrado más de 64.000 defunciones y casi 600.000 casos, colocándose en el tercer y séptimo lugar a nivel mundial, respectivamente, en la clasificación de los países más afectados por el virus. Las comparaciones internacionales apuntan a que México es el quinto lugar respecto al número de muertes por 100.000 habitantes (50,84) y está entre los primeros puestos en cuanto a la mortalidad del virus: el 10,8% de las personas infectadas no logra recuperarse de la enfermedad. Este último dato está en franco contraste con el resto del mundo, donde la mortalidad promedio oscila en el entorno del 3%.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Descartando la posibilidad de que, por alguna razón inexplicable, el virus que llegó a México sea tres veces más letal, no queda otra posibilidad que reconocer que los datos oficiales no representan las dimensiones reales de la crisis sanitaria y que el número de personas infectadas es considerablemente más alto. A la misma conclusión apuntan los análisis independientes realizados respecto al exceso de muertes, es decir, al incremento de los decesos registrados este año en comparación con los datos oficiales de los últimos cuatro años (Nexos y Punto decimal, Taller de datos de Nexos y Mexicanos contra la Corrupción). Estos trabajos evidencian que los números oficiales reportados en los meses de la pandemia debieran multiplicarse por lo menos por tres, dando una estimación de 192.000 muertes, a los que tendrían que corresponder (tomando el promedio mundial de la proporción entre casos y decesos) más de seis millones de personas infectadas por el nuevo coronavirus.

Si bien muchos países tienen sub-registros de casos y decesos, la diferencia entre los datos oficiales y el número real de los primeros parece ser particularmente alto en México, con una diferencia de alrededor del 75%-80%. Esto contrasta claramente con los sub-registros detectados, por ejemplo, en los países europeos, donde las estadísticas oficiales recopilan entre el 99% y el 65% de los casos.

El alto nivel de sub-registro de casos dificulta tomar decisiones informadas e idóneas, basadas en una objetiva evaluación de riesgos; tanto a las autoridades como a la sociedad civil. Esto es casi imposible en México, pues el sub-registro está agravado por el desfase temporal de los reportes. El propio Gobierno reconoce que los datos difundidos diariamente en las conferencias de prensa no corresponden al día anterior, sino que recogen casos (de personas infectadas y decesos) de las últimas dos o tres semanas.

[Escuche el ‘podcast’ de Agenda Pública: Volver al cole, ¿una utopía?]

A todo ello se suma la decisión de evitar la aplicación masiva de las pruebas, de abandonar el rastreo de contactos, de emplear un modelo centinela diseñado para la estimación de la evolución de los casos de la influenza estacional (y abandonarlo poco después), de adoptar restricciones laxas de movilidad y levantarlas en el momento de alto crecimiento de las infecciones. En consecuencia, el virus ha impactado fuertemente en México; de hecho, más intensamente de lo que debería y aún más que en otros países de la región y del mundo.

Segundo: la crisis económica

Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) apuntan a una caída drástica, del 17,1%, del Producto Interno Bruto trimestral. Éste es el quinto trimestre consecutivo en el que se registra una caída del PIB, lo que evidencia que el desempeño económico y las medidas de impulso no eran eficientes ya antes de la crisis sanitaria, y que la pandemia ha agravado las debilidades y deficiencias ya presentes en la gestión económica del país.

De acuerdo con los últimos datos, publicados a finales de julio, el desempleo ha crecido de manera significativa, con la incorporación de aproximadamente 12 millones de personas que han perdido su trabajo a causa de la pandemia (dos millones de empleos formales y 10 millones de informales), afectando a un 30% de los hogares (Inegi). Alrededor del 64% de las personas han experimentado una disminución de sus ingresos. Más del 90% de las empresas registró menos ingresos, y más de la mitad de ellas se vio obligada a cerrar temporalmente, mientras que solamente un 7,8% ha recibido apoyo económico estatal (Inegi).

Frente a los estragos económicos de la pandemia, el Gobierno optó por mantener su estrategia de disciplina fiscal y austeridad republicana diseñada antes de la crisis, sin alterar las inversiones en los grandes proyectos del sexenio (el aeropuerto en Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas o el proyecto del Tren Maya). Asimismo, ha recortado en un 75% el gasto corriente de sus dependencias, dejándolas prácticamente sin la capacidad de operar, y también resolvió no brindar apoyos específicos (como sí hicieron otros gobiernos latinoamericanos) para apoyar a las familias afectadas. El análisis de la Universidad de Oxford otorgó a las políticas adoptadas por el Gobierno mexicano la calificación de… 0, evidenciando la ausencia absoluta de programas de apoyo a las familias afectadas por la pandemia.

Estos datos evidencian que el Ejecutivo ha fracasado al apostar por un confinamiento laxo, justificado por la necesidad de proteger a la economía y al empleo. Al igual que en otros países que eligieron este modelo (Estados Unidos, Suecia), en México no se ha logrado frenar al virus y tampoco se ha podido atajar la crisis económica, aun cuando ésta fue la razón que se esgrimió para el desconfinamiento social.

Tercero: la crisis comunicacional

Ante a una crisis global, la capacidad de comunicación gubernamental y de gestión de la crisis se ha vuelto un elemento fundamental para el control de la emergencia sanitaria. La estrategia del Gobierno mexicano para comunicar a la sociedad acerca de su evolución de la pandemia y de los riesgos para la salud de la población ha resultado ser otro fracaso. A pesar de la apariencia de transparencia y apertura iniciales, centradas en la realización de conferencias de prensa y la publicación de los datos, las deficiencias de los propios datos oficiales han vuelto poco efectivo este ejercicio. Los mensajes iniciales, técnicos y centrados en el reporte de la información, se han convertido en un ejercicio confuso, errático y lleno de contradicciones.

Una de las fuentes de la confusión generalizada fueron las contradicciones entre lo dicho por las autoridades sanitarias y lo dicho (y hecho) por el presidente de la República. Mientras los expertos alentaban el uso de las mascarillas, el distanciamiento social y la restricción de la movilidad mediante la campaña de la Sana Distancia, el presidente se ha negado a usar las mascarillas, a suspender sus viajes por el país y a cancelar los eventos masivos.

Otro problema han sido las declaraciones del subsecretario de Salud, quien durante mucho tiempo se negó a recomendar el uso generalizado de los ‘cubrebocas’ y decidió no hacer pruebas masivas, contradiciendo las recomendaciones de la comunidad científica y de las autoridades internacionales en la materia. Finalmente, la creación de sistema de ‘semáforos epidemiológicos’ regionalizados por cada entidad federativa (basados en la disponibilidad de camas hospitalarias y no en la evolución de los contagios, e introducidos cuando estaban creciendo los números diarios de personas infectadas) tampoco ha aportado claridad respecto de la situación y sus riesgos. Esto, junto con los mensajes confusos del Gobierno, han llevado a una considerable parte de la sociedad a abandonar las medidas de seguridad y a dejar de atender las recomendaciones sanitarias. Así, Ciudad de México y otras se han encontrado de repente en semáforo naranja, que debía haber sido rojo pero parecía verde (como las aguas frescas del Chavo del 8) y cada uno termina haciendo lo que quiere.

Los errores en el manejo de las crisis sanitaria y económica y las deficiencias en la gestión comunicacional de la crisis por parte del Gobierno pintan un panorama complicado para el resto del año. El pasado 22 de agosto, México alcanzó, según los datos oficiales, las 60.000 muertes por Covid-19, señaladas por el mismo Gobierno como el ‘escenario catastrófico’. Según las estimaciones, de mantener las mismas políticas, a inicios de diciembre el país podría alcanzar la escalofriante cifra de 119.000 decesos. Una corrección de las estrategias gubernamentales (en especial, en términos sanitarios y de comunicación) parece necesaria para evitar esta catástrofe.

**

Contra la pandemia, información y análisis de calidad
Colabora con una aportación económica

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.